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Varia

Es falso también que tenga ficha de lanza y estafador…”. Sobre el despliegue de etiquetas y normativas chilenas en torno a la cuestión gitana durante el siglo XX

It is Also False that he has a Spear and a Swindler Profile”. On the Deployment of Chilean Labels and Regulations around the Gypsy Question during the 20th Century
"Il est également faux qu'il ait un profil de guerrier et d'escroc". Sur le déploiement des étiquettes et réglementations chiliennes concernant la question des Gitans au cours du XXe siècle
Pablo Jiménez Araya

Resúmenes

El objetivo de esta investigación exploratoria es contextualizar la llamada “cuestión gitana” en el siglo XX chileno, a partir del análisis de varios episodios protagonizados por gitanos y de las referencias contenidas en la literatura, el folklore y la prensa, así como también en visiones de higienistas, teorías criminológicas, casos judiciales y disposiciones legales. De este modo, se procura conocer las formas en que el Estado chileno y otras instituciones arbitraron e intervinieron respecto de la población gitana, reajustando legislaciones y discursos criminalizadores (ya asignados a otros grupos), valiéndose también de las etiquetas contra los gitanos gestadas en territorio europeo.

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Notas de la redacción

Recibido : 19/04/2023 / Aceptado : 12/06/2023

Texto completo

Primeras consideraciones frente a la historia gitana

  • 1 El apelativo “Gitano” viene a querer arreglar un par de dilemas. Es bibliográficamente usual inclui (...)
  • 2 Según la descripción de Claudia Rojas: “(…) Define los derechos y obligaciones de los miembros segú (...)

1Las narrativas sobre la cuestión gitana han transitado entre visiones románticas, que perfilan al gitano1 como exótico, astuto y pasional; y aquellas que lo caracterizan como vicioso, con apariencia decadente, vago y delictual, eclipsando el estudio de sus experiencias concretas. Mientras las perspectivas institucionales e ideológicas reproducen esta dicotomía, los saberes jurídicos, médicos y criminológicos sobre la vida gitana destacan la segunda figura. Por lo tanto, no toman en cuenta los aportes gitanos al teatro, la danza, el cante y el espectáculo circense; ni la vigencia y legitimidad de sus autoridades y tribunales tradicionales (llamados kriss2), en comparación con sus homólogos no-gitanos; ni sus préstamos lingüísticos al habla hispana. En efecto, resulta insuficiente considerar el supuesto mérito de que “tienen gracia y arte para ganarse las voluntades de otros”, o excusarse dentro de las academias diciendo que el conocimiento de la historia gitana se encuentra ensimismada en una ambigüedad y atraso, ante el celo de su propia gente por no querer mostrar sus costumbres, o bien de brindar una versión falseada de ellas.

2Sin querer sumergirse aquí en el contenido cronológico de su propia historia o intentar desentrañar el misterio de su cuna, hemos preferido hablar de ciertas dificultades que trae el conocerlos históricamente y de las ficciones que les han envuelto, poniendo de fondo lo sobrellevado por los calés españoles, solo a manera de introducción, a fin de que comenzar a familiarizar al lector por medio de referencias tomadas de la tradición literaria hispana.

  • 3 Un evento que Fraser tilda por “The Great Trick”, y agrega: “In the Romani of the Gypsies of Spain, (...)
  • 4 Fraser cita la Chronica novella de Hermann Cornerus (1606-1681), donde se explicaría, por su parte, (...)
  • 5 Bernal, en dialogo con Juan Nicolich, preguntó por la mezcolanza de tradiciones islámicas/cristiana (...)

3Por traer un caso algo menudeado: famosas fueron las primerizas habladurías y salvoconductos reales traídos en caravanas gitanas hacia los años 1400´s, dirigidas por sus autonombrados “condes y duques del Pequeño Egipto” que salían de las fronteras de la Europa otomana. Dice el historiador Angus Fraser que sus llegadas no fueron discretas al ir marchando bajo la dirección de sus lideres con impresionantes títulos (de condes y duques “del pequeño Egipto”), recibiendo así la atención misma de las cortes reales. Pero sus títulos se valían solo por el visto común de la época (los siglos bajomedievales) y lo que alcanzasen a sostener sus palabras, además de exculparse por sus disfraces de peregrinos entramando y retratando montón de fabulaciones como maniobra para obtener subsidios reales3: pertenecer a la descendencia maldita de Caín, proceder de los impíos que asesinaron a los recién nacidos de Belén, privarles de asilo a José, María y al niño Jesús en su huida de Herodes I, aconsejarle a Judas de traicionar y vender a Cristo, o manufacturar los clavos que le crucificaron4. Siquiera también y desde el siglo pasado, se mantendría al parecer esa ligazón mitificada con la tradición judeo-cristiana: en España bastantes familias calé dicen provenir sin titubeo de la tribu de Simeón, y en la Iglesia Evangélica Misionera Bíblica Rom de Buenos Aires afirman descender de Cetura, la tercera esposa de Abraham. Y en Chile, los llamados “Gitanos Adventistas” se reconocen en el capítulo treinta y cinco del libro del profeta Jeremías al declarar en el pórtico de sus sedes: “somos Recabitas”5. Así, se iría observando el desconcierto entre tantos testimonios, como los que también sobresaldrían de la mano de buena cantidad de literatos.

  • 6 Demás referencias de personajes “gitanizados” en la literatura española del siglo de oro, y las acl (...)

4Ya desde el humorismo cervantino se describían a personajes “gitanizados” como de vida curiosa, suelta, holgazana, despreocupada, obscena y sin vergüenzas en huir lejos de las reales instrucciones españolas. Dicho en las primeras líneas de La Gitanilla, y cosa parecida en el Coloquio de los perros6, que todas sus prácticas se dirigen por el hurto y el engaño, tanto así que portarían supuestamente un inventario de herramientas solo con ese fin. Lamentablemente la tergiversación no da cuenta del rico mercado que presenta su genio metalúrgico. Y por malentender se han confundido o asemejado con vagabundos, mendigos y salteadores de todo tipo. Ante tal cartografía de reprobaciones, es provechoso repasar algunos de los pareceres del “manco de Lepanto”:

  • 7 Clébert, J.P., Los Gitanos, Ediciones Orbis, Barcelona, 1985, p. 22.

“la precocidad de la raza es cosa admitida por Cervantes, la inteligencia también: no hay gitano necio, ni gitana lerda, asegura. La agudeza va unida a la astucia y embuste, sin embargo; las muchachas a los doce saben lo que otras a los veinticinco. (…) Indica Cervantes asimismo que, dado lo frecuente que era que los gitanos robaran en los pueblos, existía la costumbre establecida por algunos, acaso más honrados, de que, cuando querían asentarse temporalmente en un lugar entregaban en fianzas vasos y prendas de plata, para cubrir sin duda los riesgos de su estancia”7.

  • 8 Sánchez, María. La inquisición y los gitanos, Editorial Taurus, Madrid, 1988, p. 52. Esa misma deja (...)
  • 9 Clébert, Los Gitanos, Op. Cit., p. 26-27.

5Así, lo poco para conocerles quedaba resumido en todas las letras que han manoseado repetidamente las mismas etiquetas (con pocas variaciones), como si fuesen un decoro hacia la imagen del Gitano o de ellas se sobreentendiera algún hecho atingente de aquel mancillamiento literario. Y aunque, en esa línea, se diga y repita falsamente que muchos no son bautizados ni cristianos auténticos, dedicados por entero a las artes adivinatorias, blasfemos y sacrílegos, saqueadores y secuestradores de niños o acusados hasta de antropofagia, proveedores de pestes y otros males; a reyes, inquisidores y policías (guardias civiles) no les dieron preocupaciones al igual que con moriscos y sefardíes. Mientras que para los inquisidores la fidelidad de estos a la ley de Mahoma o de Moisés les personificaba como delincuentes, no aparece ningún miembro de algún grupo gitano que se le procesara por un delito al que no hubiesen incurrido también los llamados castellanos viejos: “Por lo que respecta al Santo Oficio no existe una figura delictiva especifica en la que se encuadre a la minoría y se le aparte del resto de cristianos viejos”8. Se asumía que no representaban ningún peligro para los reinos y Estados europeos ni menos para la Iglesia de Roma, solo un fastidio a reprender, pues, pese a que su mera aparición en los países cristianos se tuvo por controvertida, al estimárseles como gentes “baratas y despreciables” se fue desatendiendo su audiencia con las sociedades mayoritarias y, de paso, su historia9.

  • 10 The Zincali (1841) y The Bilbe in Spain (1843) en cuanto al caso español.

6Fue George Borrow (1803-1881) el misionero británico que predicando en tierras hispánicas, “remató la faena castigándolos sin Historia”. Escribió convencido10 sobre muchas de las infamias (atrasados, volubles, delincuentes) que pervivirían en la península, alegando que estos o la ignorarían o a falta de ella elucubrarían unas nuevas a su conveniencia. María Sierra, historiadora, haciéndole frente a aquellos desdeños empleados holgadamente como pautas para el ejercicio escritural de la historia gitana misma, replica:

  • 11 Sierra, María, “Historia gitana: enfrentarse a la maldición de George Borrow”, Ayer, España, n°109, (...)

“La idea de que los gitanos son un pueblo que, a diferencia de los civilizados, carece de historia se repite en textos de origen muy diverso en los dos últimos siglos. (…) no hay fuentes escritas, no hay Estado que custodie documentos, no hay entonces narración posible que preserve lo vivido. (…) En cualquier foro académico se ve plausible proponer una investigación antropológica sobre el pueblo gitano, pero si se plantea un trabajo de investigación histórica salta rápida la pregunta: ¿Con que fuentes se puede contar, si se trata de un pueblo tradicionalmente ágrafo y nómada?11.

  • 12 Es un término que entre los gitanologos anglosajones (o gypsylorist) escribían como “gypsy problem” (...)

7Por tanto, si ello siguió calcándose sobre el paisaje chileno y bien adentrado el siglo veinte ¿alcanzaría aún aquí la historiografía para escenificar la historia gitana a falta de sus propias voces y letras? A través de la noción de Cuestión Gitana12 se supondría un remedio, pues se circunscribiría a las vivencias de los Gitanos puestas en medio de los cortos brazos institucionales, auxiliándose de contarlas desde una perspectiva no-gitana: la vista mayoritaria del aparataje estatal. Aquella, alude a los debates gubernamentales y académicos que ante las contrariedades e inconvenientes que los hábitos y tradiciones gitanas trastocan al ordenamiento de las sociedades no-gitanas, pretenden intervenir mediante tratamientos políticos y sus prescripciones retoricas.

8Se descubriría así también la situación institucional e históricamente silente de la pasada centuria que interpela aún a las comunidades gitanas residentes en territorio chileno. En resumida cuenta, se busca contextualizar; crítica y narrativamente, un tema poco trabajado por la historiografía chilena, saliendo del reduccionismo etnográfico que ha calado en el mayor porcentaje de las investigaciones nacionales, quiero decir, la urgencia con la falta de data histórica y las reiteradas visitas a las descripciones de sus costumbres. Con aquel motivante, y a través de abigarradas coordenadas bibliográficas y su documentación disponible, e hilando ensayísticamente ramilletes de testimonios y episodios aquí cogidos, se exteriorizan algunos de los tratamientos que el Estado chileno e instituciones derivadas alzaron sobre las familias gitanas allegadas y avecindadas, al reajustar, bajo criterios europeos prestados (importados), normativas y discursos dictados hacia grupos criminales o criminalizados para sobreponerlas a la dicha Cuestión Gitana, como un desafuero institucional al no proveer al Gitano de una figura jurídica propia. En tanto, ¿de qué políticas se valió el Estado chileno y como repercutieron en las comunidades gitanas?

1. El paraje chileno como un escenario desventurado

9De sus travesías en la patria chilena se hallan noticias sutiles, laterales a lo habido en el resto del continente, pero ciertamente ligadas entre sí. Una de ellas, discreta, viene de la prosa de Carl Lumholtz en su México desconocido (1902):

  • 13 Lumholtz, Carl, El México desconocido. Tomo II, Charles Scribner’s sons, New York, 1904, p. 297-298

“[Lumholtz] Muchos eran bosnios y no faltaban unos cuantos turcos y griegos que llevaban osos y monos; pero como los más son originarios de Hungría, húngaros los llaman por todo México. Varios hablaban bien inglés y francés, y uno de ellos me dijo que su padre, que iba en la banda, conocía mi país. (…) Me aseguraron que hay actualmente gitanos viajando en todas las Américas, y noté, en efecto, que algunas de las mujeres llevaban en las trenzas monedas de plata de Chile y otras repúblicas latinoamericanas”13.

  • 14 Para ello consúltese: Martínez, Manuel, “Los Gitanos y la prohibición de pasar a las indias español (...)

10Si aquella banda de “gitanos bosnios, turcos, griegos y húngaros” pasaba por México ya habiendo visitado suelo chileno, se denota que sus reportes bajo los distintos gobiernos americanos u sociedades mayoritarias se muestran, al parecer, casi del todo clandestinos u incidentales, cosa que tuvo claros antecedentes ya antes del nacimiento de las repúblicas14. ¿Cómo reconocería de primeras la Capitanía chilena a los Gitanos allegados? Desventajosamente las noticias fiables y poco fiables solo comienzan a llegar en derredor al periodo de un Estado chileno soberano, en cuanto a la Corona real española, y parlamentarista (1891-1924), en cuanto a su administración.

11Si antes de comenzar el siglo veinte se promocionaba en las Américas la europeización mediante el trabajo, ya durante el curso de sus primeras tres décadas se iba simpatizando con el desprecio y demanda de las elites por la prosperidad de los negocios “liberales y no-industriales” de extranjeros recientemente asentados, indicando que su desamor por la vida obrera al pervertir el armazón económico de los sectores populares acrecentaba la sinvergonzonería y, de ello, la delincuencia en el país. Exagerada reclamación plutocrática que incluía sin miramientos a los jorajai, calés, boyás, y kalderash, entre otros emparentados que irían apareciéndose en suelo americano, reputándoles cómo; apátridas, con un bajo grado profesional u aporte al mercado nacional, rehuyéndoles de su adjetivo como europeos y, por ende, tratados como no deseados y sin garantías legales.

  • 15 Norambuena, Carmen; Navarrete, Bernardo; Matamoros, Rodrigo, “Entre continuidades y rupturas, mejor (...)

12En el fondo, a finales del siglo diecinueve las normativas dictadas hacia los extranjeros pese al déficit demográfico fueron altamente selectivas, demandándoles formar preferentemente parte de “razas europeas”, habituarse en algún oficio rentable, conservar una buena higiene y una moralidad cristiana para así lograr su entrada legal. En el Reglamento para el Servicio de Inmigración Libre (1899) se sancionaba a toda persona de fuera que atentara contra el orden público ante los requerimientos dichos, que además se corroborarían en la Ley de Residencia (1918). Y ya en los decretos n°1451 (1927) y n°2883 (1927) del Ministerio del Interior basados en la Doctrina de Seguridad Nacional impartida fielmente desde 1925, se firmaban las primeras restricciones oficializadas para evitar la aparición de personajes “indeseables”. La investigadora Carmen Norambuena, con Bernardo Navarrete y Rodrigo Matamoros, grafican que en 1927 la prensa alzaba sus manos a favor de la expulsión de los Gitanos, debatiendo mientras lo estipulado por la Ley de Indeseables divulgada nueve años antes, pero que finalmente el anuncio debieron derogarlo15.

  • 16 Fernández, Marcos, “Asociales: Raza, exclusión y anormalidad en la construcción estatal chilena, 19 (...)
  • 17 Fernández, “Asociales”, Op. Cit., p. 173.
  • 18 La investigadora A. Pudliszak, cita un artículo de Consiglio P. titulado “Los Vagabundos” del año 1 (...)

13En la década siguiente la Dirección de Investigaciones, Identificación y Pasaportes puntualizaba en 1937 que no debían visar pasaportes a quienes no tuvieran profesión o trabajen en la industria, vayan prófugos de la justicia u ocupadas en la prostitución, sufriesen una enfermedad, vaguen o bien mendiguen16. Seguidamente al siguiente mes que la normativa se ponía a prueba, el cónsul chileno de Barranquilla se atribuía el error de prestarles licencia a un grupo gitano solicitando removerles su estadía de Chile17. En torno a los demás puertos sudamericanos, el mismo tema fue el común del día; higienistas, juristas y médico-legales publicaban numerosas notas acerca de los nuevos dilemas surgidos por el arribo masivo de extranjeros a principios de siglo, cuales rodearon también a las comunidades gitanas18. La famosa maniobra argentina de 1914 que dentro de su lista de “indeseables” explicitaba a los Gitanos dentro de la categoría de mendigos (la modificación del art. 32 de la Ley de Inmigración de 1880), no fue un caso apartado. También se reprodujeron códigos anti-gitanos que evitaran su admisión vía portuaria en los países de El Salvador (1927), Nicaragua (1931), México (1931), Honduras (1934), Brasil, Cuba y Guatemala (en 1936 las tres), y Venezuela (1939).

  • 19 Salamanca, Gastón; González, Álvaro, “Gitanos en Chile, un acercamiento etnolingüístico”, Atenea, C (...)
  • 20 Crowe, A History of the Gyspies, Op. Cit., p. 208.

14Entretanto, las rutas de las comunidades gitanas que terminaron residiendo en suelo chileno inicia, en líneas generales, desde los Balcanes, regularmente de regiones eslavas. Según el lingüista Salamanca, desde Serbia y alrededores como la hasta entonces “Gran Rumania”, agregándose además unos pocos sectores de la rusia europea19. De quienes arrancaron hacia el continente americano motivados por la incertidumbre diplomática y el alto índice de pobreza (hundida durante las sublevaciones regionales al interior del Imperio Otomano entre 1875 y 1876, y la guerra ruso-turca de 1877 a 187820), alcanzaron su desembarco en puertos estadounidenses y brasileños antes de comenzar la década de 1880, pudiendo esos últimos bajar al sur bonaerense en los siguientes decenios, hasta que la promulgación brasileña Ley de Expulsión de Extranjeros en 1907 acrecentó fijamente la presencia gitana en poblados argentinos y chilenos. A ello el académico y activista gitano (AICRA) Jorge Bernal, corrobora la data planteando que:

  • 21 Bernal, “Los rom”, Op. Cit., p. 33.

“los Rom xoraxané en Sudamérica, en Chile y Brasil, han estado llegando a estas tierras desde el principio del siglo XX e incluso antes, casi exclusivamente de las regiones de Bosnia y Serbia. Sus historias tradicionales relatan este origen, y la mayoría de sus narraciones terminan con la frase: esta es la pura verdad porque ocurrió en Serbia”21.

  • 22 Dunin, Elsie, “Serbian Gitanos in Chile: Inmigration Data”, Papers from the eight and ninth annual (...)

15A la jurisdicción chilena, por tanto, se introdujeron su mayoría cruzando los pasos andinos, y contiguamente las demás familias llegaron por vía marítima hacia Valparaíso y unos cuantos puertos magallánicos22 (algunos directamente salidos de la Europa eslava sin hacer escalas portuarias), acabando la mezcolanza de grupos por repartirse en más ciudades como Santiago y Antofagasta.

  • 23 El conocimiento de las rutas nortinas fue ocupado -al parecer- durante todo el ancho del siglo, com (...)
  • 24 Andrich, María Elena, Gitanos Circenses, FONDART, Santiago, 2020, p. 61-67.

16Sucede que las vías que bajan colindantes desde el norte peruano-boliviano también fueron concurridas por grupos gitanos, sea saliendo comúnmente desde la ciudad ariqueña o desde las rutas antofagastinas23. Asimismo vienen contados bastantes avistamientos -un poco más detallados- sobre la entrada de familias gitanas al Chile nortino. Uno más de tantos lo relata María E. Andrich (actual gestora patrimonial), relatando el paso de Tacna hacia Arica en febrero de 1927 de su propia comunidad gitana circense tras sufrir la tragedia de un aluvión en Mirave (Perú)24. En detalle, tal comunidad se correspondería como miembro de los ludar (o boyash), quienes huyendo de las incursiones austriacas durante la Gran Guerra desembarcaron en Colombia (portando e inscribiendo sus apellidos: Todorovich, Lavalovich, Marcovich y Andrich). Ya como artistas ambulantes (saltimbanquis, adiestradores, jinetes, bailarines y músicos) conformaron allí el “Circo América”, y permaneciendo otros muchos años en Brasil, Bolivia y Perú bajarían finalmente a Chile por aquel episodio del aluvión.

  • 25 Dunin, “Serbian Gitanos”, Op. Cit., p. 106.
  • 26 Ciertos apellidos de familias ludar -algunos ya citados- se repiten en los registros de inmigrantes (...)
  • 27 Dunin, “Serbian Gitanos”, Op. Cit., p. 110.
  • 28 Al punto de figurar, año tras año, en la conmemoración de la Tirana de Tarapacá: un vistoso espectá (...)
  • 29 Brown, Irving, “Gypsies of South America”, Journal of the Gypsies Lore Society, Edimburgo, third se (...)

17La antropóloga Elsie Dunin, por su parte, comentaba que los lugares donde habitualmente nació y se crio la primera generación de allegados al Norte grande fue en regiones sur-eslavas cercanas a la ciudad de Belgrado como Kraljevo, Mitrovica o Nis25 (y añadidas también las costas croatas26). Y que sus entradas al país, de 1900 a 1930, fueron anotadas en los libros de Extranjería de Antofagasta, y el prontuario de la Oficina de Identificación Policial de la misma ciudad. Allí las mujeres se apuntaron por comerciantes y amas de casa, y los hombres por comerciantes, “forjadores del cobre” (cobreros, caldereros, fundidores) y/o mecánicos de automóviles. Sus direcciones de domicilios se mostraban sin numeración alguna debido a que vivían entre campamentos en las afueras de los poblados o en las terminaciones de las calles. Dunin además, dentro de los meses de 1986 a 1987, pudo entrevistar en Santiago a miembros de la familia Nicolich de quienes sus ancianos hablaban serbio. Decían que su parentela salió de zonas húngaras (pensando en los dominios austro-húngaros de ese entonces), así llegar a Sudamérica por Brasil, pasar por Venezuela, bajar por tierras ecuatorianas y bolivianas, y establecerse en Chile allá en los años 20´s27. En definitiva, la primera densificación local de la población gitana en el país se dio en dirección a las provincias antofagastinas28, y en torno a las ciudades del Valle Central. Allí, conviene atajar unos de los pocos datos duros ofrecidos por el etnógrafo Irving Brown en su estadía de tres meses en el país (durante 1936 a 1937): el viajero estadounidense anotó escuetamente que las grandes comunidades residían ciertamente cerca de Valparaíso y su ciudad vecina, Viña del Mar, y otra agrupación ligeramente menor en la capital santiaguina29, siendo corroborable puesto que tras la primera mitad del siglo veinte ya se conformarían barriadas gitanas en; Villa Alemana (V región), la comuna de Conchalí (RM) y la comuna de La Cisterna (RM).

  • 30 Hernández, Jorge, Los Apátridas, Tesis de pregrado en Derecho, Universidad de Chile, Santiago, Chil (...)

18Empero, ¿tendría acepción histórica citar las procedencias “nacionales” o la nacionalización de gentes que, se supone, vivieron arrojadas por el mundo como apátridas, y a quienes también se les desestimaba la posesión de la ciudadanía chilena? Pese a su malentendida condición de “gentes sin patria”, la Constitución de 1925 aseguraba en su art.10 que todos quienes habitasen en la República presentan una igualdad ante la ley30, debido a que el sistema legislativo a finales de esa misma década mantenía un carácter territorial, sometiendo a su jurisdicción a todos los pobladores sin distinción de su originaria nacionalidad o, según el caso, ajena a ella.

2. Hacia una contextualización de la Cuestión gitana en Chile

2.1. De cómo el pensamiento criminológico extranjero acerca de los Gitanos caló en las miradas institucionales chilenas

  • 31 Para los pobladores y juzgados en su claro desconocimiento de los gitanos pasantes, los bandidos pr (...)
  • 32 Como un espectador más del periodo: Carlos Dorlhiac (1880-1973), durante los años que vivió en Chil (...)
  • 33 León, Marco. Construyendo un sujeto criminal: Criminología, criminalidad y sociedad en Chile. Siglo (...)
  • 34 ANHCh, Fondo Judicial de Arica (en adelante, FJAri), C 1685, E 29, f 2.
  • 35 ANHCh, FJAri, C 1685, E 29, f 5.

19La aparición de campamentos gitanos llenando los antiguos caminos campestres a las salidas de las ciudades o de las nacientes e insalubres poblaciones obreras, proveían la impresión a las instituciones de seguridad e higiene de una “inclinación natural” hacia los delitos. El diagnóstico los perfilaba dentro de las esferas del bandolerismo rural31, o de prestidigitadores y estafadores, y aunque distaban bastante de ellas iban enjuiciados como parte de la misma hampa, pues se sospechaba que su mera aparición era casi ineludiblemente porción de la “crisis moral” que rondaba al centenario de Chile32, donde voces como la de Valentín Brandau, hacia 1917, comentaban que la precariedad yacente se debía fundamentalmente al penoso hábito de la delincuencia divulgado en la sociedad chilena, venga tras la “ociosidad e inmoralidad obrera y campesina”, la impunidad o semi-impunidad que mal otorgan las leyes penales, y la propia pobreza donde se hundían las familias citadinas bajo gobiernos de turno viciosos33. Un entorno que confrontó parejamente a las familias gitanas instaladas en el país: en 1922, en la ciudad de Arica, unos envilecidos cerca de las tres de la madrugada acometieron contra el campamento de Jorge Lavalovich y familia; tajando su carpa, ejerciendo el robo con violencia e intentando “violar a su hija Juana Lavalovich de dieciocho años como así mismo a su señora”34 (esposa). La diligencia judicial se prolongó por más de ocho meses (desde el siete de febrero al dieciocho de octubre) al verse retardada por el poco mérito de sus encargados, quienes no habiendo obtenido datos favorables algunos y “no habiendo persona determinada contra quien proceder como responsable de los hechos denunciados”35, decidieron pausar el caso.

  • 36 Cuenta Brown que Borzo, un Gitano asentado por la región de Concepción, le mostró un documento meca (...)
  • 37 “Gitanos”, La Nación, 23 de julio de 1932.
  • 38 “Gitanos”, La Nación. Op. Cit.

20Casi contemporáneamente, los escándalos promovidos por la prensa le daban motivantes a la opinión pública para convencerse que generacionalmente habían conformado una definitiva mentalidad delictual36. En el diario La Nación, se escribía una sencilla y crédula columna hacia 1932 titulada escuetamente “Gitanos”, exponiendo la detención de un grupo que se había involucrado con el contrabando de “pistolas, carabinas y cuchillos” en Valparaíso: “Claro que está bien que hayan detenido a esos gitanos. Vivimos en un país organizado y nuestras leyes no permiten la venta clandestina de armas”37. Bochornosamente el comentario acerca del caso salvó unas pocas líneas, y para el resto su autor solo se detuvo en pronunciarse sobre un fantaseado talante criminal de los Gitanos, como si encarnaran la criminalidad. Primero reduciéndolos al exclamar “¡Qué demonios! Un gitano es un gitano”38, y segundo, ayudándose con un par de versos sueltos de Federico G. Lorca, pretendiendo que de ellos sobresaliera una prueba de sus palabras o si dentro del Romancero gitano o por último del Cante jondo hubiera un sentir parecido al suyo. Aquí un fragmento:

  • 39 “Gitanos”, La Nación. Op. Cit. La cursiva es propia.

“En realidad, la gitanería no ha hecho sino volver por sus fueros. Como en un romance de García Lorca, estos hombres cobrizos, ciudadanos del mundo, caminantes de no se sabe qué rumbo han ido, misteriosos y dramáticos, con sus cargas de aceros relucientes bajo la luna y tocando el tambor del llano con los cascos de sus caballos. Y eso está bien”39.

21Patente fue el desconocimiento de nuestro columnista, dejando entorpecer allí a la poesía lorquiana bajo lo que querría verse, a su vez, como una lúdica apreciación y un vituperio hacia el delinquir de ese grupo.

  • 40 Poco conocido es el juego de asociaciones raciales que propuso el filósofo prusiano E. Kant, teoriz (...)
  • 41 El apelativo de gitano, proviene del medieval egiptano, pues se creía que Egipto fuese su histórico (...)
  • 42 Una suma de datos cráneo-métricos van estudiados dentro de ese mismo lineamiento, en: Lebzelter, Vi (...)

22Fuera de la prensa hubo miradas semejantes, desdeñosas, de psiquiatras, sociólogos y juristas de la época marcadas por el sesgo de sus disciplinas que desdibujaron los comportamientos de las familias gitanas avecindadas, sostenidas desde el pensamiento criminológico dispuesto en el país operante desde variadas disciplinas afines; como ejemplo evidente fue con la antropometría que tanta recurrencia y fama tuvo en el Cono sur. En líneas generales la antropometría ideaba que acorde a las medidas y caracteres corporales, se lograba averiguar y deducir sobre las capacidades intelectuales y morales de la persona, y cuales legaría40. Según el antropólogo austrohúngaro Augustin Weisbach (1837-1914), quien en 1889 presentó un corpus de medidas de 52 soldados gitanos (al servicio de un regimiento húngaro), entrevió que irían más cercanos fisionómicamente a los egipcios41 que del linaje indoario, teniendo una imagen de los Gitanos como “raza foránea y vagabunda” en medio de los europeos y, de paso, nuevamente sospechosa. Así, aquel nuevo campo antropológico, asentado en mitografías y coronado de folclorismo, se sostenía primeramente por el estudio empírico del ángulo facial, el volumen craneal y el índice cefálico42, dejando en segundo plano el tono o pigmento de la piel, consintiendo por tanto la elaboración de los primeros esquemas sobre la presunta criminogenésis de la figura gitana.

  • 43 León, Construyendo un sujeto criminal, Op. Cit., p. 56.
  • 44 Salillas, recordado criminólogo español, intenta en su estudio Hampa (1898) en el apartado “psicolo (...)
  • 45 Pareciera que el termino fuese un nuevo formato del similar “maldad innata”; debatido primeramente (...)

23Operando bajo la misma lógica, la compartida y vulgarizada teoría lombrosiana cual también se apoyaba en el reconocimiento personalizado; dada la dactiloscopia, alguna mutilación como marca distintiva, el uso de la fotografía y la medición de los miembros43, les caracterizó “patologías y anormalidades” consideradas dignas de una observación médica y sociológica más profunda, cobrando bastantes adeptos como Rafael Salillas44 y José Ingenieros; volviéndoles referentes en materia criminológica que estudiasen, aunque reducidamente, a los Gitanos en los países hispanohablantes. Sus postulados biológico-positivistas sentaron las bases hacia toda la primera mitad del siglo veinte, al contribuir en darle sustento “científico” a los agravios y menosprecios que durante siglos se tuvieron acerca de ellos, promulgando que la “conducta gitana” no residía en los delitos ocasionados propiamente, más bien en su supuesta “criminalidad innata”45 “por constitución”, insistiendo en mostrarlos como una raza inherentemente desagradable y malhechora, o en términos patológicos; antipática y proscrita.

  • 46 Lombroso, Cesare, Crime. Its causes and remedies (traducido por Henry P. Hoorton), Little, Brown an (...)
  • 47 Ya más de una década antes, hacia 1895 en el Club del Progreso de Santiago, Alessandri había dado j (...)
  • 48 León, Construyendo un sujeto criminal, Op. Cit., p. 149.

24Y, de hecho, Lombroso conjeturaba que las razas “atrasadas” siguen moralidades imparciales e incorrectas, no dejándoles divorciarse de la criminalidad que, dentro de la opinión que heredarían sus discípulos, era dirigida por principios fisiológicos. Según el caso de los Gitanos, el criminólogo italiano pretendió dar cuenta de la facilidad para detectarse sus delitos en sociedades propiamente “civilizadas”, pues, dice él, sus actuaciones públicas de indecencia (amorales) y poca “previsión”46 de las mismas los arrojaría a vivir sin ninguna noción estricta de ciudadanía. Claramente no hubo una perfilada criminología posada estrictamente alrededor de las comunidades gitanas en la academia chilena, pero la recepción de Lombroso y la demás antropología criminal de los autores citados inundo el debate académico del Cono Sur, contribuyendo a alimentar los repertorios conceptuales y configurar un lenguaje “más preciso” para describir al delincuente y sus facetas, sea citadino y proletario o campesino criollo, o de poblaciones minoritarias como la indígena, afro-mestiza y gitana. Frente a ese conjunto, las conferencias de Enrico Ferri –discípulo de Lombroso- en Santiago hacia 1910 demostraron que las disputas contra el criminal atravesaban cualquier credo partidista, excluyendo las posibles inclinaciones por determinados sectores politizados o populares de la sociedad, teniendo su tesis injerencia en figuras como la del propio A. Alessandri47. Ferri aclaraba que mientras menos ociosos haya en la población general, menos probabilidad habrá en la aparición del crimen en general pues la alta moralidad sacada de las habituadas jornadas de trabajo no dejaba lugar para ello en la psiquis del obrero. La falla se hallaba en asumir que las propuestas de Ferri podían reproducirse en Chile solo por haber prestado servicio con los europeos48.

  • 49 Fernández, “Asociales”, Op. Cit., p. 184.
  • 50 María E. Andrich, justamente recoge dos fotografías en ocasión de su infancia. La misma autora come (...)
  • 51 Sigue en su declaración: “En la pensión de que se trata, ninguna de las piezas tenía llaves porque (...)
  • 52 ANHCh, FJUE, C 183, E 3, f 11.

25Con unos pocos matices de diferencia, durante las décadas de 1920 y 1930 en la literatura criminológica y jurídica chilenas, se comenzaban a ensayar clasificaciones de delincuentes definidos más por su tipo de hostilidad ante las autoridades, las instituciones y la ciudadanía, y no solamente por factores hereditarios. Los debates sobre la vagancia y mendicidad (ya penalizadas por el Código Penal en 1874) fueron puestas nuevamente en la mesa del Parlamento en 1941, perfilando el programa que se titularía Represión de la vagancia y mendicidad. Allí el vago se prestaba como un delincuente auténtico, y el mendigo era ya un desvalido menos temible. A ambos se les debía inspeccionar regularmente por las comisarías de cada barrio en diarias rondas policiales, o por los guardias municipales, agregando a su lista ebrios, traficantes y demás sospechosos49. No hubo cuestionamientos de si la presunción de culpabilidad o las demás leyes promulgadas reparaban el artificio de su desviación, o si el cuerpo policial tratase los altercados con seria diligencia. Para Carlos Segundo Andrich Marincovich50 (“natural de Los Andes”, alfabeto, veintinueve años), con su esposa, ambos artistas del circo “Williams-Bell”, les sobrevino una falta de socorro parecida el cinco de julio de 1951 al dirigir su denuncia por hurto al Juzgado del Crimen de Ultima Esperanza (Puerto Natales): tras alojarse desde el treinta de junio en la Pensión Maldonado, regatear el precio a deber con su dueño, Oscar Maldonado, y prepararse a tomar el Vapor Villarrica con destino a la ciudad de su mismo nombre, se percataron que les habían sustraído parte de sus pertenencias. A ello el hermano del dueño pensionista, Carlos Maldonado, alegó que la denuncia de Andrich fuese únicamente una artimaña para no cancelarle el valor acordado de la pensión, pero casi a las dos semanas después (el diecisiete de junio) el propio Oscar testificó apuntando que el día de lo ocurrido la deuda si había sido cobrada51. Desde el principio la pareja insistió en su versión ante el suboficial investigador a cargo, al punto de traer testigos colaterales al caso, pero hasta el veintitrés de aquel mes el Sargento Segundo de Carabineros, Alejandro Barrientos M., dictaminó: “(…) mi impresión fué que dicho denuncio se debió talvez al deseo de burlar el pago de la pensión (…)”52.

  • 53 Garcés, Mario, Tomando su sitio. El movimiento de pobladores de Santiago, 1957-1970, Lom Ediciones, (...)
  • 54 Acuña, Claudina, El problema de la mendicidad en Chile, Tesis de pregrado en Ciencia Política, Univ (...)
  • 55 O percibidos por muchos simplemente como “hechiceras” o “curanderas”.

26Tampoco se atendía el poco acomodo higiénico e insalubridad de las familias gitanas instaladas en campamentos, los mismos que se creían fuesen parte de las causas de la “urgencia delictual” de la etnia, más con todo, un notable número de Gitanos escogieron sitios urbanos para residir, como fue, por ejemplo, dentro de la población La Palmilla (Santiago) durante la década de los 60’s, legándole, según los testimonios citados por el historiador Mario Garcés, su rasgo barrial característico, pero detallando con que también la vecindad mantuvo prejuicios, temores y distancias dadas sus viejas tradiciones gitanescas hasta aceptarles paulatinamente53. Asimismo, bajo el mundo del Derecho y las Ciencias Políticas se designaban saberes y medidas terminantes a quienes no les acogía el aparataje institucional del Estado. Volviendo con los mendigos; se les sancionaba con la pena de reclusión menor y sujeción a la vigilancia de la autoridad por no portar la licencia debida para pedir caridades en lugares públicos54. Un quehacer que muchas mujeres gitanas “echadoras de la buenaventura”55 repetían semana a semana, compartiendo costosamente su etiqueta.

  • 56 Acuña, “El problema de la mendicidad, Op. Cit., p. 30.
  • 57 León, Construyendo un sujeto criminal, Op. Cit., p. 68.

27Ello les facilitaba a los intelectuales versados en el tema etiquetar a los mendigos en común como farsantes; diciendo que su moral se extraviaba por los sitios o gentíos que reiteraban fijando su hipotética condición anti-social56. Samuel Gajardo, juez de menores de Santiago, entendía los comportamientos apáticos como inherentes al común de la ciudadana. En su Ensayo sobre el hombre anti-social (1942) insistía que la apatía no solo se contenía en el propio acto criminal, también en la poca disciplina de la persona a no querer imitar las buenas costumbres. Un síntoma que Lombroso y sus seguidores sugerían como desgastadora de la estructura y necesidades de la sociedad moderna57. Y aunque no todas las conductas desviadas se incluían en los códigos legales, el ideario de la herencia criminal, el comportamiento antisocial (o asocial, como referían loa teóricos nacionalsocialistas durante el angustioso Porrajmos romaní), y la supuesta tendencia popular al delito, fueron sugestiones donde se ubicaba peyorativamente a los Gitanos. Y tras el regreso a la presidencia del general Carlos I. del Campo (1952-1958) y el recogimiento de los discursos sobre la peligrosidad y asociabilidad, permitieron en 1954 que entrara en vigencia el Decreto n°11.625 llamado Ley de Estados anti-sociales, cual introducía varias reformas al Código de Procesamiento Penal y asumía ciertas reglas para el control pre-delictual en los programas policiales, donde el establecimiento recurrente de campamentos gitanos y el hábito de “sus mujeres quirománticas” tuvieron penosa cabida.

  • 58 Fue anotado en el mismo artículo que también, quienes exploten la mendicidad ajena empleando con ta (...)
  • 59 Fernández, “Asociales, Op. Cit., p. 190.
  • 60 ANHCh, FJAnt, C 4122, E 9, f 3.

28Parafraseando un poco, en su primer artículo la normativa dictaba que quienes no teniendo hogar fijo, carezcan de medios lícitos de subsistencia, y sin estar impedidos para el trabajo no ejerzan habitualmente profesión u oficio (obviamente, solo los rentables al mercado e industria chilena), se les consideraría en estado antisocial58. Aun así, llegada la década de 1960 la casi totalidad de las medidas contenidas en la ley dicha no lograron implementarse59, hasta que, comenzada la dictadura pinochetista, al reavivarse la tensión policiaca en las vías públicas ocasionando detenciones a diestra y siniestra sea por sospecha política o mera arbitrariedad, las acusaciones de crímenes “contra la moral y las buenas costumbres” cosecharían su aforo. En Antofagasta, el dieciséis de agosto de 1974, pasada las cuatro de la tarde, a un cuarteto de gitanas que acompañándose entre sí a comprar leche y remedios a una farmacia se les detenía por delito de vagancia. Fueron apuntadas como “sin oficio ni domicilio fijo”, para luego remitirlas al Asilo Buen Pastor de aquella ciudad. Una de ellas, Teresa Arestich Yovanovic (veintisiete años, “natural de Yumbel”, casada, ocupada en las labores de casa), atestiguó al día siguiente como sigue: “Yo estaba también en la farmacia con mi madre y mi hermana, también mi amiga Lupe, estábamos todas comprando, yo compraba leche, al salir de allí nos detuvo la policía, no he pedido dinero ni otra cosa, yo soy casada, mi marido me alimenta (…)”60.

  • 61 ANHCh, FJAnt, C 4122, E 9, f 4.

29Acabadamente, ya habiendo declarado que sus domicilios estaban instalados eventualmente en la población antofagastina de Punta Brava, ninguna tener antecedentes delictuales, y tres de ellas en posesión de su número de cedula, se dio orden de soltar a las implicadas al “no haber méritos por ahora, para mantener su detención”61. Pero casi dos meses más tarde, el nueve de noviembre, el capitán de carabineros Fernando N. Mejias, envió al juzgado una querella que imprudentemente volvía a mencionar a las antes involucradas:

  • 62 ANHCh, FJAnt, C 4122, E 9, f 5.

“(…) molestaban a los transeúntes, solicitándoles dinero y verles la suerte. Al comercio pidiendo mercaderías. Por otra parte lanzaban desperdicios en las aceras y se sentaban en el suelo, ofreciendo un feo espectáculo a menores y turistas que visitaban la ciudad. Además, teniendo aptitudes para el trabajo no desarrollan actividad alguna (…)”62.

  • 63 ANHCh, FJAnt, C 4122, E 9, f 8.

30La citación para ratificar el hecho por el funcionario de carabineros Enrique C. Ruiz, fue retirada el día catorce del mismo mes, pudiendo comparecer solo trece días más tarde. Más el día veintinueve, el juzgado aseguró “que de la investigación practicada en esta causa no aparece suficientemente establecida la existencia del delito denunciado (…)63. No habiendo pruebas de aquellas desvergüenzas, la fingida acusación policial -no ciudadana- sugiere un aprovechamiento de sus facultades como institución de seguridad pública, cosa que se iría poco a poco debilitándose en un marco post-régimen militar. Como ejemplos de que en las siguientes dos décadas fueron descartándose los bloqueos o acometidas contra las costumbres gitanas: el Decreto n°24 (1986) de la Municipalidad de la Florida daba su permiso para que se instalasen campamentos gitanos, “cobrándoseles diariamente” el cinco por ciento de un UTM (Unidad Tributaria Mensual). Para el articulo n°5 del Decreto n°1189 (1999) de la Municipalidad de Diego de Almagro (provincia de Chañaral) ocurría lo mismo, y para el articulo n°8 del Decreto n°49 Exento (1997) de la Municipalidad del Maule el cobro solo ocupaba el 0.045 del valor, no obstante, pese a la apertura de las ordenanzas municipales, las categorías prohibitivas hacia homosexuales, toxicómanos, vagabundos y mendigos, maquinadas tras el segundo periodo ibañista ya dicho, hubieron ya atravesado sin trabas el ideario criminal de las autoridades y la ciudadanía chilena.

2.2. De feriantes y echadoras de la buenaventura: pequeñas tramas bajo un aparataje institucional corregidor

  • 64 Salamanca, Gastón, “Vitalidad lingüística y cultural en un mundo globalizado. El caso del rromané f (...)
  • 65 La fotografía se logra apreciar en: Navarro, Luis, Foturí. Gitanos en Chile, Ocho Libros Editores, (...)

31El “echar la buenaventura” se considera de antaño como una ocupación gitanesca poseída por sus mujeres a través de generaciones, icono de las tradiciones gitanas. Salamanca comenta que “(…) las mujeres desde muy pequeñas acompañan a sus madres a las plazas de las ciudades y alrededor de los seis años comienzan su tarea de adivinar el futuro y obtener ganancia por ese medio (…)”64. La estratagema vendría tanto de una lectura a la mano y/o a la baraja de cartas y, a veces, de un diagnóstico no acordado a los caracteres del rostro. Vale decir que las artes adivinatorias de las gitanas se auxilian de la quiromancia, la cartomancia y la fisiognomía. Allí por 1986, el fotógrafo chileno Luis Navarro captaba a Paica “sacando la suerte” con cigarro en mano y la mirada quieta, avezada en la lectura de las cartas65.

  • 66 Sánchez, La inquisición, Op. Cit., p. 247.
  • 67 Clébert, Los Gitanos, Op. Cit., p. 67.

32Pero de hecho el repertorio “hechiceril” es bastante escueto pues más procurarían la ganancia monetaria, aprovechándose de la intención del cliente y su propia inventiva. Sánchez da a recordar que, desde sus primeras apariciones en la España católica, se subrayó la desconfianza que debían provocar como un grupo errante y poseedor de una lengua y costumbres extrañas, pero que también eran quienes parecían más interesados en fomentar esa fama temible por lo lucrativa que era66. Ya preguntaba Clébert: “¿Acaso no venían de la misteriosa Asia, siendo portadores de secretos ocultos fácilmente cotizables?67. Y aunque se volvieran comunes los encuentros imprevistos e improvisados con gitanas adivinadoras, las quejas por timo y hurto también se dejaban ver apuntadas.

33En 1947 durante el 31 del mes de marzo, el Juzgado de Letras de Curicó acogía una denuncia por estafa de un tal Luis Bravo, que decía:

  • 68 ANHCh, Fondo Judicial Curicó (en adelante, FJCu), C 2197, E 37, f 6.

“(…) el Martes 25 del pte., como a las 12 horas, en circunstancia que transitaba por calle Balmaceda, al pasar frente a un campamento de Gitanos, fué llamado por una mujer de la Tribu, quien le pidió que le entregara todo el dinero que llevaba consigo, lo que él hizo, entregándole $5000.- Agrega que dicha mujer echó el dinero en una bolsita y se la entregó manifestándole que no la abriera hasta algunos días más y que con ese dinero le iría muy bien en todos los negocios.- Termina manifestando que ayer, al abrir la bolsa, se encontró con papeles en lugar de su dinero y que el campamento de gitanos, ya se había marchado, por lo cual se siente perjudicado en dicha cantidad.-“68.

34Por su parte el sumario no lograba justificar la perpetración del delito, y en paralelo, se entrevistó al cabecilla de la comunidad gitana Osvaldo Arestich Marcovich, quien contaba que la agrupación se había repartido; una parte en Chimbarongo y otra en San Fernando, “ignorando cuál de las mujeres hubiese sido la autora de este delito”. Finalmente, en ambas ciudades la gitana en referencia no pudo reconocerse. Aquel tipo de embuste podría resumirse estructuralmente como:

  • 69 Sánchez, La inquisición, Op. Cit., p. 271.

“Nuestras hechiceras se acercan al posible cliente para pedirles limosna, le hacen alguna predicción que llame su atención, y así comienza una relación que casi siempre desemboca en una delación de la persona que se ha sentido frustrada. El comportamiento de estas mujeres presenta pocas variaciones a lo largo de siglos (…)”69.

  • 70 Navarro, Foturí, Op. Cit., p. 74.
  • 71 Petrovic, Alexander, “Contributions to the study of the Serbian Gypsies n°14”, Journal of the Gypsi (...)
  • 72 Petrovic, Alexander, “Contributions to the study of the Serbian Gypsies n°5”, Journal of the Gypsie (...)

35Con un característico bolso y sus sayas llamativas a la vista, así las gitanas andan por las ciudades acercándose a las gentes más asequibles, o quizá más incautas, ofreciendo el porvenir. Algo parecida es otra ocurrencia tomada por Navarro, de una gitana anciana que le ojeaba la mano a un paisano en el año de 198070. Y pese a su facilidad para invitar a la buenaventura, la necesidad es amarga y no siempre se logra el cometido. En palabras del etnógrafo A. Petrovic, la mujer gitana cuántas veces habrá recordado volver donde su familia con su bolso a medio o poco llenar, o cómo de niña acompañaba a su madre recibiendo cual o que fortuna, tal vez por culpa del anciano o el gato que se les cruzaron por el camino, entendiendo que diariamente le instruirían dos contrarios; “la buena y mala suerte”, como dirían los gitanos serbios71. Pero no solo hay mendicidad y artes adivinatorias, pues la mujer gitana se muestra diestra también en quitar dolores y males de ojo, dar consejo a las almas o maldecir los cuerpos, y administrar recetas herbarias en bienestar de quien lo requiera, obviamente, a cambio de alguna remuneración72. Algunas se distinguían o eran señaladas como curanderas, propiamente, contraponiéndose una vez más a la institucionalidad chilena, allí, la sanitaria y medica-legal.

  • 73 También “médicos simulados” o “charlatanes”, como los cita la historiadora María Correa.
  • 74 Correa, María, “Por haber sanado a muchos y haber matado a varios. Charlatanes, practicantes y cura (...)
  • 75 Inicialmente Ruiz dice tener cincuenta y ocho años, pero al ratificar su testimonio el siete de feb (...)

36A partir de 1892 las autoridades exigían el porte de credenciales que inscribieran a los practicantes en el marco de la medicina oficializada dictada por el Consejo Superior de Higiene, alegando que los curanderos73 no comercializaban productos patentados o recomendaban recetas bajo la prescripción de las boticas, ni menos se afiliaban al Servicio de Registro Civil. Tales regularizaciones venían gestadas desde buena parte del siglo diecinueve, basándose en ordenamientos reales españoles con cierta vigencia aún tras el surgimiento de la República, y dispuestos por la administración protomedical. Y, de hecho, ya a inicios del siglo veinte la figura del curandero fue –aunque dificultosamente- penalizada, argumentándose que su irresponsabilidad en ofrecer sanidades sin contar con estudios universitarios delineaba un carácter de peligrosidad y, por tanto, delictivo. Bajo tal escenario, “hombres y mujeres de distintas edades y experticias fueron conducidos ante la justicia acusados de fraude y ejercicio ilegal de la medicina”74. La reputación publica de las curanderas gitanas pudo atraer su reprimenda, salvo en ciertos casos judiciales donde los reclamos de la medicina-legal, en manos del cuerpo policial, no alcanzaban a apresar a quienes en torno a esa década aún se desplegaban movilizándose persistentes de unas hacia otras regiones sudamericanas: el diecinueve de enero de 1949, Felipe Ruiz Contreras (jornalero, casado, analfabeto75), presentó una demanda por estafa al Juzgado del Crimen de Magallanes de la ciudad de Punta Arenas, detallando que el pasado diciembre de 1948 fue timado por Luis Meléndez Nicolich y su esposa, “ambos miembros de una tribu de gitanos” que acampaba alrededor del Rio de las Minas, ofreciéndole una cura para los fuertes dolores de cabeza que sufría a cambio de dos pagos entregados el día siete y ocho:

“[Felipe] Me dieron entonces, dos botellas con líquido que al llegar a la casa me dí cuenta que eran de limonada. Volví al día siguiente a reclamar mi dinero y prometieron que en una semana más me entregarían el remedio o me devolverían el dinero.

  • 76 ANHCh, FJMag, C 1811, E 23, f 1.

A la semana siguiente, cuando fuí en busca de los denunciados, me impuse que éstos junto con la tribu de gitanos se habían trasladado a la ciudad de Puerto Porvenir en viaje hasta Rio Grande de la República Argentina”76.

  • 77 León, Construyendo un sujeto criminal, Op. Cit., p. 160.

37Justamente la presteza de aquellos delitos que en época colonial no fueron seriamente sancionados, atrasaba el debate sobre la nueva tipología criminal, pero al menos, finalizado el primer tercio del siglo veinte, se comenzaba a conciliar entre juristas y criminólogos que la cárcel y el manicomio dejasen su título como únicos “laboratorios” de observación, para ocupar su lugar los bajos fondos donde haya mayor riesgo estadístico de “caer en la criminalidad”77, ahondando de lleno en los dramas ciudadanos y su relación con los malhechores de turno, así tener un muestrario criminal más amplio. Incluso sacado de ferias y pequeños mercados, pues aparte de exteriorizar la ordinalidad del trabajo y la vida cotidiana, se pensaban como puntos de reunión para el hurto y la estafa.

  • 78 Salazar, Gabriel, Ferias libres: espacio residual de soberanía ciudadana, Ediciones SUR, Santiago, (...)
  • 79 Rojas, Claudia, “La Kriss Romaní: El sistema jurídico transnacional y desterritorializado del puebl (...)

38Los intentos municipales por controlar y moralizar aquellas prácticas ya venían desde la crisis del campesinado y el pirquirinaje a finales del siglo veinte, allí la muchedumbre de peones y gañanes sentaba su cesantía en las grandes ciudades. Un escenario donde el trabajo asalariado no era del todo una mejor opción y el comercio ambulante le aventajaba. Asimismo, las autoridades se vieron debilitadas ante el crecimiento de los “regatones”, fuera de contrapesarlo con políticas de abasto para los feriales centrales. En 1925 la ley n°2920, firmada por A. Alessandri, cancelaba la propuesta de gestar “mercados populares” en la capital, además de ordenar luego su prohibición78. Aun así, la insistencia de la población santiaguina nuevamente comprometió a su municipalidad, licitando hacia 1931 la puesta de ferias en barrios obreros cercanos a Av. Matta y Av. Almirante Latorre, por nombrar un par. Ese mismo año el Ministerio del Interior a través del Circular n°131, otorgaba permisos a los Gitanos para comerciar y desplazarse para comerciar. Debió ser reemitida en dos oportunidades; en 1936 con la Circular n°50 y en 1975 con la Circular n°18179, gracias a las intervenciones de cabecillas gitanos en reclamo de los estorbos que carabineros y autoridades municipales les ponían a sus actividades ambulantes. Ferias y mercados parecían verse como el sostén “favorable e informal” de las comunidades gitanas, sea vendiendo sartenes, tenazas, barrenas, trebedes, badiles, calderas (de elaboración propia), o revendiendo u ofreciendo servicio de reparado para cualquier tipo de automóviles. Y aunque las municipalidades les impedían en ocasiones vivir de ello entrevieron claramente como darse o no al dialogo, según la ocasión.

  • 80 Salazar, Ferias libres, Op. Cit., p. 81, 84.

39Ya en 1938 había ferias en calles santiaguinas algo concurridas como Diez de Julio y Martínez de Rosas, todas sujetas a inspección municipal y reconocimiento gubernamental. Y en 1955 se contabilizaban ochenta y siete ferias funcionando semanalmente en varias de las comunas metropolitanas, dándose en Quinta Normal, San Miguel, La Cisterna, Conchalí y San Bernardo un buen número de ellas80. Cabe decir que, en esas mismas comunas y en las cuatro décadas siguientes, de 1960 a 1990, se enumeraban mayor cantidad de familias gitanas residentes. El nuevo orden mercante salido luego del primer periodo alessandrino (1920-1925), y el jurídico, de la segunda presidencia de Ibáñez, afectó rotundamente la manera de visualizar al Gitano a razón de encuadrarles en medio del desorden público del comercio feriante, teniendo como producto la yuxtaposición de etiquetas: en los sectores mercantes se apuntaban, según el anecdotario vecinal; gitanos timadores, prestidigitadores y embusteros, pero también excelentes artesanos y regateadores naturales.

40Como se ha citado, los negocios ambulantes de compra-ventas fueron un sostén asequible, pero también abundaban los servicios de manufacturas en cobre, bronce, y fierro en ultimo termino. Brown, durante su estancia en Chile (1936-37), y quien había conocido varios Gitanos llamados a sí mismos por “Rom Xoraxano”, registró el lugar de oficio, fijo, de uno en Santiago cercano al Barrio Yungay:

“Jose Fonseca G.

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muestras gratis

Martinez de Rozas 2603

  • 81 Brown, “Gypsies”, Op. Cit., p. 4.

Telef. 74577” 81.

41Afirma el autor, que el epíteto del principio queda solo como un trade name o “nombre comercial”.

  • 82 Brown, “Gypsies”, Op. Cit., p. 5.
  • 83 Dunin tenía la impresión de que en Chile solo hubieran “Gitanos Yugoslavos”, que asimiló con los ka (...)
  • 84 También Clébert dice del asunto: “los estañadores y reparadores de estaño gitanos de Europa parecen (...)

42Justamente los romá xoraxané (jorajai) se describen a sí mismos -en general- por herreros, estañadores y hojalateros. Brown en su paso por Concepción al atenderlo un gitano serbio forjador del cobre llamado Savo, le incitó a inferir lo siguiente: “It is clear to me now why the British-American Romanichels usually refer to the Coppersmiths as Turks”82. Pues se opina que los xoraxané devendrían de grupos kalderash83 con cierto parentesco turco (en Brasil se les compararía con los kalderash leasi). Y en Bulgaria los “gitanos turcos” o se reconocen por xoraxané, o se les llama por usta-millet, indicando así su maestría con tales ocupaciones84.

  • 85 Clébert, Los Gitanos, Op. Cit., p. 100
  • 86 Navarro, Foturí, Op. Cit., p. 84-85.

43En definitiva la forja era un quehacer gitano bastante común, y por lo menos en Chile, en medio de los jorajai. Con herramientas como la pinza, el fuelle, la lima y el martillo, y hasta a veces reemplazando el yunque por una piedra, conseguían elaborar una gran cantidad de utensilios domésticos y agrícolas, “desde las agujas para coser sacos hasta los asadores”85. Navarro daba prueba de ello tomando en escena el trabajo rudimentario pero profesional de un “gitano calderero” en Viña del Mar (1986): sentado a piernas cruzadas, descalzo y con su brazo firme delineando el metal, el susodicho muestra su mayúscula habilidad dentro de su carpa la cual, sin tener las condiciones de un taller, claramente no parece restarle ventaja alguna86. Pero en el fondo, pese a las honestas ocupaciones de muchos, seguían de malentendidos por las autoridades chilenas.

44El dieciocho de agosto de 1975, el 1° Juzgado del Crimen de Antofagasta daba la orden de aprehensión por “manifiesta actitud sospechosa” y delito de vagancia a Hugo Aristich Pantich (“natural de Valparaíso”, cuarenta años, soltero, hojalatero), quien, encontrándose en la ciudad nortina por objeto de negocios (“compra de baterías usadas y confección de pailas de cobre”), e ignorando la causa justa de su detención, se defendía diciendo:

  • 87 ANHCh, FJAnt, C 4144, E 18, f 2.

“Yo vivo en Valparaíso, Cerro Arrayán, pasaje Cabo Bustos 75; aunque no tengo en estos momentos carnet de identidad poseo certificado de nacimiento donde consta mi nombre completo, fecha de nacimiento y nombre de mi padre. Trabajo como hojalatero como gitano que soy (…). Es falso también que tenga ficha de lanza y estafador (…)”87.

  • 88 ANHCh, FJAnt, C 4144, E 18, f 4.
  • 89 ANHCh, FJAnt, C 4144, E 18, f 7-8.

45El juez de letras titular, Helvetia C. Cofré, sin tomar sus motivos para exculparse, ingresó al acusado ese mismo día en la Cárcel Publica de la ciudad, debido a que un tal Hugo Aristich Nicolich mantenía una orden de arresto pendiente “en causa n°2410 del Juzgado de Valparaíso del año 1973”88. A ello, Pantich tuvo que dejar una constancia por escrito apelando a su acta de nacimiento que podía encontrarse en el departamento “El Barón” de Valparaíso89, aclarando de manera gravosa el desacierto judicial y quedar concluyentemente en libertad.

  • 90 Quizá moldeado por la pronunciación y la transcripción judicial, quedando el correcto como Aristich (...)
  • 91 ANHCh, FJAnt, C 2972, E 5, f 9.

46Caso entre tantos así, desprovistos de autoridades simpatizantes, fue el de Drago Arestichic90: casado, alfabeto, comerciante, “natural de Santiago”, de cuarenta y cinco años, domiciliado en Av. Mejillones esquina Vallenar (agregándose en su dirección “campamento gitano”), a quien el 1° Juzgado del Crimen de Antofagasta le acogió su denuncia por hurto. Se querellaba diciendo que el veintidós de octubre de 1955 durante la celebración de una boda en su misma residencia, y donde se había juntado “mucha gente que vive por los alrededores”, le quitaron varios objetos de su propiedad, sospechando primeramente de un menor apodado “el chancho calugas” y de quien desconocía mayores datos. Contiguamente se pedía calcular el valor de lo sustraído por Ana Martínez, mujer que se había capturado luego de cometer por su lado el mismo delito en el lugar. Días después se validó el allanamiento y aprehensión del joven por la Comisaría de Investigaciones sumándose a su historial otro proceso por hurto. Pero indignante desmintió la falta contando que el auténtico culpable era otro fulano nombrado “el calavera”. A fin de cuentas: “no hubo antecedentes suficientes para acusar a determinada persona como autor, cómplice o encubridor del mismo; y de conformidad con el n°2 del art. 409 del Código de Procedimiento Penal, se sobresee temporalmente en esta causa (…)”91.

47Mientras se revisa el perito, se observa un procedimiento común, sin distinción al ordinario, pues Drago es un afectado más de la delincuencia y de la desmaña judicial y policial. Más que simple suspicacia, regular y reglamentaria, hubo en las dos pesquisas un persistente grado de sospecha que privó a los perjudicados de un fallo resolutivo, y que también en gravísimas circunstancias pudiese traer consigo un reprochable y desmesurado descuido al venir de las instituciones de seguridad pública y civil. Allí el entramado policial y jurídico-punitivo soportado por las familias gitanas avecindadas no fue una dificultad puntual de su historia en el país, más bien fue el tolerado también por el común de la ciudadanía chilena, aunque, desde los márgenes de la institucionalidad como sucedía en los bajos fondos y con las demás minorías étnicas (afro-mestiza e indígena) de la época.

Comentarios finales

48Tras el intentar inscribir a los Gitanos en la historia chilena bajo distintas coordenadas, básicas, cabe preguntarse si alcanza a pasar por admisible el examinar unas pocas legislaciones y discursos que levemente tocaron sus vivencias o, a diferencia, unos casos judiciales y demás encuentros que sí captasen a la persona gitana “en carne y hueso”. Se trata de una empresa difícil por la carencia de obras y líneas historiográficas por las que partir, un dilema en términos científicos y una indagación aún en trabajo de parto: ¿habría posibilidad aquí de llegar a sus cuadros más íntimos? ¿Escribir quizá la “monografía de una familia gitana en suelo chileno”? La noción de Cuestión Gitana pese a abarcar un acervo contundente de episodios y actores no es suficiente, dado que miraría a las comunidades gitanas solo “desde arriba y no desde dentro” preferentemente, subrayando, por nombrar dos aristas: el apuro por hablar casi lateralmente de la falta de justicia institucional que se les presenta, y segundo, el enredo de darle una sola descripción general al trayecto que trajo a las comunidades gitanas desde cualesquiera que fuese su cuna europea hasta su vecindad con la ciudadanía chilena (privándoles aquí de un apelativo histórico más acertado).

  • 92 Caso próximo fue el estadounidense, donde al tasar el cumulo total de la población romaní residente (...)

49Hablar de las tantas miradas institucionales hacia los Gitanos, acusa o advierte aquí de toda una averiguación que se sirve solo de literaturas que se distancian de ahondar en sus propias cotidianidades. En sí, los casos vistos mostrarían las pautas donde los Gitanos se encontraban sojuzgados por haceres políticos que reducen el reconocimiento de estos a la mera delincuencia. Entendiéndose desfavorablemente que ello vendría asistido por ciertas disciplinas afines que querrían definirles; bien connotarles peyorativamente dentro de las sociedades modernas como fue ejemplificado con la criminología92; cual extendería conocimientos pre-científicos que la gobernanza estatal chilena emularía en sus normativas, partiendo del supuesto que la palabra “gitano” es sinónimo o sobrerrepresentación del vago y el farsante, y del asocial en ultimo termino.

  • 93 Entre paréntesis: Andrich relata que el cuerpo de María Marincovich quedó en el Cementerio de la Sa (...)
  • 94 Aparte de contar con el corpus cervantino, en las obras de Lope de Vega aparecen bastantes alusione (...)

50Pero también es controversial que al dirigírseles las justicias con claro motivo de disciplinamiento se les juzga como ciudadanos, pero curiosamente no antes de ello ni después. Bajo ese criterio, da motivos para apuntar que tuviesen al menos derecho a la sepultura93. Y debido a que el aparataje institucional del Estado les asociaba con el resto del populacho criminal, por tanto, habría que preguntarse sobre los lineamientos que les categorizan, queriendo decir, las formas de pensarles, y no solo en lo político. Ya por mostrar aquí un par de casos judiciales que, a primera leída, visten de un tono serioburlesco, se trastocaría fácilmente a cualesquiera de los personajes “gitanizados” cabidos en la picaresca española, conocidísimos en las letras americanas, digo: del Guzmán de Alfarache, la Segunda parte del Lazarillo de Tormes, El donado hablador Alonso mozo de muchos amos, y como no, de la Vida y hechos de Estebanillo González hombre de buen humor, por nombrar unos pocos94.

51En definitiva, lo preponderante aquí es la circulación e interiorización de viejos saberes que ayudaron o pervirtieron discursivamente lo que se debía entender por “gitano” en Chile, mostrando cómo la legislación, en principio, intervino dándole un intento prolongado por querer corregir, disciplinar, a las dificultades que presentaba la Cuestión Gitana. Se acepta entonces, por lo poco, que las intervenciones políticas chilenas sobrepusieron a los Gitanos ciertos tratamientos ya asignados a otros grupos (del feriante, de la curandera, extranjeros indeseables o mendigos y vagos, etc.). Allí la disciplina estatal chilena no dirigió sus programas estrictamente al caso de los Gitanos, ató en cambio la desventurada aparición y quehaceres de la minoría con sus preocupaciones frente a una sociedad adulterada.

  • 95 Como daba cuenta Navarro, de congregaciones gitanas en pleno servicio durante el año 2000, en: Nava (...)

52A medida que avanzaban los debates sobre la corrupción en la sociedad chilena, a los Gitanos se les desproveía de una figura jurídica propia en una clara falta de justicia legislativa o bien el tipo de justicia que el Estado decidió repartirles a lo largo del siglo. Ya se aclararía entonces, algunas de las maneras en que instituciones e intelectuales discurrían a comodidad las maneras de querer contener a las comunidades gitanas, al parecer desde una lente higienista, pero manteniéndose finalizado el siglo XX como un insistente dilema “aún no corregido”. Cabría además traer a colación, que para el continente americano luego de la llegada de nuevas familias a comienzos de los años 80´s y 90’s tras la caída paulatina del bloque del Este, el dilema se sopesaría eventualmente con los nacimientos de nuevas congregaciones evangélicas e iglesias gitanas95.

Fuentes

Fuentes inéditas

53Archivo Nacional Histórico de Chile, Santiago de Chile

Fondo Judicial de Arica, Caja 1685, expediente 29.

Fondo Judicial de Antofagasta, Caja 2972, expediente 5; Caja 3724, expediente 6; Caja 4122, expediente 9; Caja 4144, expediente 18.

Fondo Judicial de Última Esperanza, Caja 183, expediente 3.

Fondo Judicial de Curicó, Caja 2197, expediente 37.

Periódicos

54“Los gitanos”, La Nación, 23 de julio de 1932, p. 3.

Fuentes publicadas

55Acuña, Claudina, El problema de la mendicidad en Chile, Tesis de pregrado en Ciencia Política, Universidad de Chile, Santiago, Chile, 1923, 55 p.

56Brown, Irving, “Gypsies of South América”, Journal of the Gypsies Lore Society, Edimurgo, third series, vol. XVII, 1938, p. 1-8.

57Dunin, Elsie, “Serbian Gitanos in Chile: Inmigration Data”, Papers from the eighth and ninth annual meetings Gypsy Lore Society (North American Chapter), New York, publications n°4, 1988, p. 105-120.

58Echevarría, Juan, “La Tirana de Tarapacá”, Mapocho, Santiago, tomo I, n°2, 1963, p. 83-122.

59Hernández, Jorge, Los apátridas, Tesis de grado en Derecho, Universidad de Chile, Santiago, Chile, 1939, 181 p.

60Lebzelter, Viktor, “Contribution to the anthropology of Serbian Gypsies”, Journal of the Gypsies Lore Society, Edimurgo, third series, vol. III, 1924, p. 184-187.

61Lombroso, Cesare, Crime. Its causes and remedies (Traducido por Henry P. Hoorton), Little, Brown and Company, Boston, 1911, 528 p.

62Lumholtz, Carl, El México desconocido. Tomo II, Charles Scribner’s Sons, New York, 1904, 537 p.

63Petrovic, Alexander, “Contributions to the study of the Serbian Gypsies n°5”, Journal of the Gypsies Lore Society, Edimburgo, third series, vol. XV, 1936, p. 21-33.

64Petrovic, Alexander, “Contributions to the Study of the Serbian Gypsies n°14”, Journal of the Gypsies Lore Society, Edimburgo, third series, vol. XIX, 1940, p. 34-42.

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Notas

1 El apelativo “Gitano” viene a querer arreglar un par de dilemas. Es bibliográficamente usual incluir a grandes comunidades bajo el mismo término nombrándolos por romá (o rromá; rom para hombres y romni para mujeres), pero en Chile hay dos grandes grupos; jorajai (o xoraxané) y ludar (o boyás), y ciertas gentes de los segundos no se reconocen o no se les reconoce como romá. Por tanto, no se incluirá a todo gitano o gitana bajo el término de romá, y se puntualizará el grupo de ser necesario, dejando la denominación de Gitano/s por el genérico para la investigación presente.

2 Según la descripción de Claudia Rojas: “(…) Define los derechos y obligaciones de los miembros según su edad, género y estado civil. Reglamenta el acceso y distribución de los recursos a través de la delimitación de los espacios o unidades económicas donde otros romá no pueden competir (…). Define y tipifica los delitos (…). Sanciona la conducta delictiva de los individuos”. Para un cuadro más detallado, véase: Rojas, Claudia y Gamboa, Juan, “La Kriss Romani como sistema jurídico transnacional”, Iconos, Quito, n°31, 2008, p. 53-54.

3 Un evento que Fraser tilda por “The Great Trick”, y agrega: “In the Romani of the Gypsies of Spain, the expresión o xonxanó baró, ´the great trick´, refers to a certain method of relieving some gullible dupe of a large sum of money. In the entire chronicle of Gypsy history, the greatest trick of all was the one played on western Europe in the early fifteenth century”. En: Fraser, Angus, The Gyspies, Blackwell Publishing, UK, 1995, p. 61-62.

4 Fraser cita la Chronica novella de Hermann Cornerus (1606-1681), donde se explicaría, por su parte, que la razón de su errancia se diese por apostatar a favor de ídolos paganos luego de una primera cristianización, comprometiendo así a los réprobos, ante los obispos germanos, de ir penitentes por siete años en tierras extranjeras. En: Fraser, The Gypsies, Op. Cit., p. 67.

5 Bernal, en dialogo con Juan Nicolich, preguntó por la mezcolanza de tradiciones islámicas/cristianas de los jorajai (grupo gitano mayoritario en el país): “si en su origen fueron rom dasikané [ortodoxos], ¿por qué realizan el kurbáno, la celebración musulmana de sacrificar a una oveja para pedir salud?”. En: Bernal, Jorge, “Los rom en las Américas (y II)”, O Tchatchipen: lila da trin tchona rodipen romani, Barcelona, n°93, 2016, p. 34

6 Demás referencias de personajes “gitanizados” en la literatura española del siglo de oro, y las aclaraciones de algunos de sus calificativos, pueden consultarse en el segundo apartado del primer capítulo y el cuarto apartado del segundo capítulo de la obra de: Charnon-Deutch, Lou, The Spanish Gypsy. The history of a european obsession, Pennsylvania State University Press, University Park (Pennsylvania), 2004, p. 21-35, 57-64.

7 Clébert, J.P., Los Gitanos, Ediciones Orbis, Barcelona, 1985, p. 22.

8 Sánchez, María. La inquisición y los gitanos, Editorial Taurus, Madrid, 1988, p. 52. Esa misma dejadez inquisitorial tampoco se ocuparía con urgencia de las repetitivas denuncias hacia las “gitanas echadoras de la buenaventura”: “Se trata únicamente de un embuste que maravilla a los ignorantes, pero en el que no hay elementos realmente dignos de ser tenidos en cuenta por un tribunal preocupado por las cuestiones de indoles religiosa”. En: Sánchez, La inquisición, Op. Cit., p. 57.

9 Clébert, Los Gitanos, Op. Cit., p. 26-27.

10 The Zincali (1841) y The Bilbe in Spain (1843) en cuanto al caso español.

11 Sierra, María, “Historia gitana: enfrentarse a la maldición de George Borrow”, Ayer, España, n°109, 2018, p. 353.

12 Es un término que entre los gitanologos anglosajones (o gypsylorist) escribían como “gypsy problem” o “gypsy question” o “gypsy issue”, y que traducido quedaría por “cuestión gitana”. Aquí, que se sobreentienda como una mirada desde el Estado chileno y su normatividad, y no algo dado desde sí mismo. Su uso con cursiva viene por pensarse como el único concepto que atraviesa todo el cuerpo del texto.

13 Lumholtz, Carl, El México desconocido. Tomo II, Charles Scribner’s sons, New York, 1904, p. 297-298.

14 Para ello consúltese: Martínez, Manuel, “Los Gitanos y la prohibición de pasar a las indias españolas”, CECEL, Madrid, n°10, 2010, p. 71-90; Gómez, Antonio, “La polémica sobre la deportación de los Gitanos a las colonias de América”, Cuadernos Hispanoamericanos, Madrid, n°386, 1982, p. 308-336.

15 Norambuena, Carmen; Navarrete, Bernardo; Matamoros, Rodrigo, “Entre continuidades y rupturas, mejor la continuidad. Política migratoria chilena desde el comienzo del siglo XX”, Revista Austral de Ciencias Sociales, Valdivia, n°34, 2018, p. 227 y 230.

16 Fernández, Marcos, “Asociales: Raza, exclusión y anormalidad en la construcción estatal chilena, 1920-1960”, Revista Historia Social y de las Mentalidades, Santiago, vol. 16, n°2, 2012, p. 172-173.

17 Fernández, “Asociales”, Op. Cit., p. 173.

18 La investigadora A. Pudliszak, cita un artículo de Consiglio P. titulado “Los Vagabundos” del año 1911, publicado en la revista Archivos de psiquiatría y criminologías aplicadas a las ciencias afines, donde se incluye la problemática dicha y a los Gitanos en ella. Para más del tema: Pudliszak, Aleksandra, “Gypsyness at stake. Identity politics in Buenos Aires”, Tsiganologische Mitteilungen: Sonderausgabe Netzwerken III, Leipzig, 2010, p. 2-10.

19 Salamanca, Gastón; González, Álvaro, “Gitanos en Chile, un acercamiento etnolingüístico”, Atenea, Concepción, n°480, 1999, p. 141-142.

20 Crowe, A History of the Gyspies, Op. Cit., p. 208.

21 Bernal, “Los rom”, Op. Cit., p. 33.

22 Dunin, Elsie, “Serbian Gitanos in Chile: Inmigration Data”, Papers from the eight and ninth annual meetings Gypsy Lore Society (North American Chapter), New York, n°4, 1988, p. 109.

23 El conocimiento de las rutas nortinas fue ocupado -al parecer- durante todo el ancho del siglo, como ejemplo: Alicia Aristich Aristich (“chilena, natural de Santiago”, veintitrés años, soltera) denunciaba el treinta de mayo (de 1967) a unos infantes ante el 2° Juzgado del Crimen de Antofagasta, quienes habían maquinado y efectuado el robo de algunas de sus pertenencias guardadas en su carpa, puesta en un patio arrendado en la comuna de Ollagüe. Pero fuera de la denuncia, la mujer no pudo compadecer ante el tribunal el día siguiente dado que para la semana próxima ya se encontraría nuevamente en Santiago, dándose el aviso correspondiente de volver. Los días trece y treinta del mismo mes se reiteró la citación, pero la dueña del patio donde se hubieron asentado informó: “(…) que estos se fueron de Ollagüe por dos semanas y con intenciones de pasar a Bolivia”. En: Archivo Nacional Histórico de Chile, Fondo Archivo Judicial (en adelante, ANHCh), Fondo Judicial de Antofagasta (en adelante, FJAnt), Caja (en adelante, C) 3724, Expediente (En adelante, E) 6, fojas (en adelante, f.) 8.

24 Andrich, María Elena, Gitanos Circenses, FONDART, Santiago, 2020, p. 61-67.

25 Dunin, “Serbian Gitanos”, Op. Cit., p. 106.

26 Ciertos apellidos de familias ludar -algunos ya citados- se repiten en los registros de inmigrantes croatas que arribaron entre 1864 y 1914 en puertos magallánicos y antofagastinos, descartándose la posibilidad, claro está, de que fuesen puntualmente de etnia gitana por el detalle dado en aquellas listas, pero si sosteniendo la tesis de Dunin pues los grupos gitanos que desembarcaron dentro de esas fechas y con tales apellidos tendrían, en parte, su afiliación histórica con la región sur-eslava y el país croata. En: Martinc, Mateo, La inmigración croata en Magallanes, Impresos Vanic, Punta Arenas, 1999, p. 93, 111, 112; Zlatar, Vjera, Inmigración croata en Antofagasta, Sociedad Croata S.S.M.M, Antofagasta, 2002, p. 379.

27 Dunin, “Serbian Gitanos”, Op. Cit., p. 110.

28 Al punto de figurar, año tras año, en la conmemoración de la Tirana de Tarapacá: un vistoso espectáculo folclórico donde se observan a pueblerinos nortinos personificando Gitanos; celebrando, venerando y limosneando. El dedicado estudioso del folclor chileno Juan U. Echeverria, coloca en la categoría de “bailes modernos” a los de “gitanos ricos y gitanos pobres” como danzas mixtas, que interpretarían las compañías Gitanos de Arica o Gitanos de la Oficina Victoria, recitando estrofas a la Virgen. Sea de cualquiera de ambas compañías, se sabe que la confección folclórica-teatral entre menesterosos o adinerados viene por chilenos y chilenas disfrazados y no por “gitanos de sangre”. Véase: Echeverría, Juan, “La Tirana de Tarapacá”, Mapocho, Santiago, tomo I, n°2, 1963, p. 91, 92, 108, 112.

29 Brown, Irving, “Gypsies of South America”, Journal of the Gypsies Lore Society, Edimburgo, third series, vol. XVII, 1938, p. 6.

30 Hernández, Jorge, Los Apátridas, Tesis de pregrado en Derecho, Universidad de Chile, Santiago, Chile, 1939, p. 119.

31 Para los pobladores y juzgados en su claro desconocimiento de los gitanos pasantes, los bandidos provenientes del estrato “gañanes” tuvieron que causar impresiones previsiblemente parecidas: gentes sin propiedad de tierras ni con posibilidad de acceso estable a ellas, carentes de un trabajo “permanente y calificado”. Y para sumar al debate, un poco de las palabras de Nedich hacia aquel tipo de etiquetamiento contra-gitano: “Los efectos que producen nuestras palabras perduran en el tiempo, se transmiten de generación en generación, crean prejuicios (…). Cuando llegaban los gitanos a los pueblos, los vecinos aprovechaban, y detrás del robo de gallinas y de ropa que cometían los gitanos, ellos cometían todo tipo de robos de los cuales siempre eran culpados los gitanos”. Nedich, Jorge, “El racismo en mi madre, en la literatura, en Naciones Unidas y en el barrio”, en Alvarado, Neyra (ed.), Nombrar y circular, Gitanos entre Europa y las Américas. innovación, creatividad y resistencia, El Colegio de San Luis, San Luis de Potosí, 2020, p. 256.

32 Como un espectador más del periodo: Carlos Dorlhiac (1880-1973), durante los años que vivió en Chillán alrededor de 1908 y 1921, y preocupado por la ordinalidad de los humildes o “tipos populares” que trabajaban en ferias y campos, plazuelas y haciendas, fijó su lente fotográfico en la niñez gitana. De entre los infantes, captó a un muchacho que sostiene a un pequeño en su espalda, como si quizás fuese su encargado, y que entre ropas gastadas y cabelleras desaseadas ambos se muestran faltos de pintoresquismo frente al artista, donde su lamentable indigencia se disimula entre la otra lamentable indigencia del sector y su gente, señalando colateralmente los tropiezos de las comunidades gitanas en medio de un insalubre escenario. Como dibujante, hizo también un boceto de la misma escena. La fotografía se encuentra en: Valle, Juan, La lente y la pluma. Vida y obra de Carlos Dorlhiac, Hilo Azul, Santiago, 2010, p. 94.

33 León, Marco. Construyendo un sujeto criminal: Criminología, criminalidad y sociedad en Chile. Siglos XIX y XX, Editorial Universitaria, Santiago, 2015, p. 135.

34 ANHCh, Fondo Judicial de Arica (en adelante, FJAri), C 1685, E 29, f 2.

35 ANHCh, FJAri, C 1685, E 29, f 5.

36 Cuenta Brown que Borzo, un Gitano asentado por la región de Concepción, le mostró un documento mecanografiado y sellado que pedía a los gobernantes del lugar cobijo para las comunidades perjudicadas a causa del escrúpulo de unos citanos hacia las antiguas costumbres “de ciertos individuos de su raza. El autor agrega, que ese documento le recordaba a los salvoconductos medievales que usaron los romá en sus primeras entradas a la Europa cristiana. En: Brown, “Gypsies”. Op. Cit., p. 5.

37 “Gitanos”, La Nación, 23 de julio de 1932.

38 “Gitanos”, La Nación. Op. Cit.

39 “Gitanos”, La Nación. Op. Cit. La cursiva es propia.

40 Poco conocido es el juego de asociaciones raciales que propuso el filósofo prusiano E. Kant, teorizando una suerte de jerarquización de las razas, sirviéndose, entre tantos, del ejemplo de los Gitanos. En: Piasere, Leonardo, “Crania cingarica. La construcción antropológica del cuerpo gitano (1780-1930)”, Historia Social, Santiago, n°93, 2019, p. 105.

41 El apelativo de gitano, proviene del medieval egiptano, pues se creía que Egipto fuese su histórico y a la vez mítico origen.

42 Una suma de datos cráneo-métricos van estudiados dentro de ese mismo lineamiento, en: Lebzelter, Viktor, “Contribution to the anthropology of Serbian Gypsies”, Journal of the Gypsies Lore Society, Edimburgo, third series, vol. III, 1924, p. 184-187.

43 León, Construyendo un sujeto criminal, Op. Cit., p. 56.

44 Salillas, recordado criminólogo español, intenta en su estudio Hampa (1898) en el apartado “psicología gitanesca” esclarecer los motivantes, según él cree, de la patente delincuencia gitana.

45 Pareciera que el termino fuese un nuevo formato del similar “maldad innata”; debatido primeramente en España por el obispo de Oviedo y gobernador de Castilla Gaspar V. Tablada (1688-1749), quien argumentaba que sus -presuntas- manías por cometer delitos se debían a que no practicaban religión alguna, puntualmente la católica, quedando como gentes perniciosas y “odiadas de Dios”.

46 Lombroso, Cesare, Crime. Its causes and remedies (traducido por Henry P. Hoorton), Little, Brown and Company, Boston, 1911, p. 41-42.

47 Ya más de una década antes, hacia 1895 en el Club del Progreso de Santiago, Alessandri había dado justamente una conferencia sobre Ferri y su obra. En: León, Construyendo un sujeto criminal, Op. Cit., p. 72.

48 León, Construyendo un sujeto criminal, Op. Cit., p. 149.

49 Fernández, “Asociales”, Op. Cit., p. 184.

50 María E. Andrich, justamente recoge dos fotografías en ocasión de su infancia. La misma autora comenta: “De los gitanos circenses que llegaron a Chile, Carlos Segundo Andrich Marincovich fue el último en fallecer, en febrero de 1995”. Véase: Andrich, Gitanos, Op. Cit., p. 65, 66, 69.

51 Sigue en su declaración: “En la pensión de que se trata, ninguna de las piezas tenía llaves porque hacía poco la casa había sido tomada y es raro que solo en la pieza de Andrich haya sucedido la sustracción de algunas especies”. En: ANHCh, Fondo Judicial Última Esperanza (en adelante, FJUE), C 183, E 3, f 10.

52 ANHCh, FJUE, C 183, E 3, f 11.

53 Garcés, Mario, Tomando su sitio. El movimiento de pobladores de Santiago, 1957-1970, Lom Ediciones, Santiago, 2002, p. 383.

54 Acuña, Claudina, El problema de la mendicidad en Chile, Tesis de pregrado en Ciencia Política, Universidad de Chile, Santiago, Chile, 1923, p. 48.

55 O percibidos por muchos simplemente como “hechiceras” o “curanderas”.

56 Acuña, “El problema de la mendicidad, Op. Cit., p. 30.

57 León, Construyendo un sujeto criminal, Op. Cit., p. 68.

58 Fue anotado en el mismo artículo que también, quienes exploten la mendicidad ajena empleando con tal fin a menores de edad, caerían en la misma categoría.

59 Fernández, “Asociales, Op. Cit., p. 190.

60 ANHCh, FJAnt, C 4122, E 9, f 3.

61 ANHCh, FJAnt, C 4122, E 9, f 4.

62 ANHCh, FJAnt, C 4122, E 9, f 5.

63 ANHCh, FJAnt, C 4122, E 9, f 8.

64 Salamanca, Gastón, “Vitalidad lingüística y cultural en un mundo globalizado. El caso del rromané frente a las lenguas vernáculas chilenas”, Sociedad Hoy, Concepción, n°8-9, 2005, p. 114.

65 La fotografía se logra apreciar en: Navarro, Luis, Foturí. Gitanos en Chile, Ocho Libros Editores, Santiago, 2014, p. 107.

66 Sánchez, La inquisición, Op. Cit., p. 247.

67 Clébert, Los Gitanos, Op. Cit., p. 67.

68 ANHCh, Fondo Judicial Curicó (en adelante, FJCu), C 2197, E 37, f 6.

69 Sánchez, La inquisición, Op. Cit., p. 271.

70 Navarro, Foturí, Op. Cit., p. 74.

71 Petrovic, Alexander, “Contributions to the study of the Serbian Gypsies n°14”, Journal of the Gypsies Lore Society, Edimburgo, third series, vol. XIX, 1940, p. 34-35.

72 Petrovic, Alexander, “Contributions to the study of the Serbian Gypsies n°5”, Journal of the Gypsies Lore Society, Edimburgo, third series, vol. XV, 1936, p. 30.

73 También “médicos simulados” o “charlatanes”, como los cita la historiadora María Correa.

74 Correa, María, “Por haber sanado a muchos y haber matado a varios. Charlatanes, practicantes y curanderos. La justicia y el ejercicio médico legal. Chile, 1874-1919”, en Daniel Palma (ed), Delincuentes, policías y justicias. América Latina, siglos XIX y XX, Ediciones Universidad Alberto Hurtado, Santiago, 2015, p. 476.

75 Inicialmente Ruiz dice tener cincuenta y ocho años, pero al ratificar su testimonio el siete de febrero dice tener cuarenta y nueve. Asimismo, cuenta que un tal Blas Zaravich le guardó y devolvió su dinero por encargo de la misma “tribu gitana” en cuestión, más el veintiséis de enero compareció el mismo Blas -al parecer- pero inscrito con los apellidos Vrsalovic Vrsalovic (“comerciante, casado, que lee y escribe, de sesenta años, nacido en Yugoslavia”); quien no estuvo al tanto de la denuncia hasta su citación, y quien le hubo guardado el dinero entre “cuatro o cinco meses”, cosa que no encajaría con el primer detalle descrito por Ruiz. Véase: ANHCh, Fondo Judicial de Magallanes (en adelante, FJMag), C 1811, E 23, f 1, 4, 6.

76 ANHCh, FJMag, C 1811, E 23, f 1.

77 León, Construyendo un sujeto criminal, Op. Cit., p. 160.

78 Salazar, Gabriel, Ferias libres: espacio residual de soberanía ciudadana, Ediciones SUR, Santiago, 2003, p. 80.

79 Rojas, Claudia, “La Kriss Romaní: El sistema jurídico transnacional y desterritorializado del pueblo Rom (Gitano), el caso de la kumpania jorajné, La Cisterna”, Tesis de pregrado en Antropología, Universidad de Chile, Santiago, Chile, 2005, p. 62.

80 Salazar, Ferias libres, Op. Cit., p. 81, 84.

81 Brown, “Gypsies”, Op. Cit., p. 4.

82 Brown, “Gypsies”, Op. Cit., p. 5.

83 Dunin tenía la impresión de que en Chile solo hubieran “Gitanos Yugoslavos”, que asimiló con los kalderash. En: Dunin, “Serbian Gitanos”, Op. Cit., p. 110.

84 También Clébert dice del asunto: “los estañadores y reparadores de estaño gitanos de Europa parecen proceder de Turquía donde su estancia, sin duda, fue más prolongada”. En: Clébert, Los Gitanos, Op. Cit., p. 101.

85 Clébert, Los Gitanos, Op. Cit., p. 100

86 Navarro, Foturí, Op. Cit., p. 84-85.

87 ANHCh, FJAnt, C 4144, E 18, f 2.

88 ANHCh, FJAnt, C 4144, E 18, f 4.

89 ANHCh, FJAnt, C 4144, E 18, f 7-8.

90 Quizá moldeado por la pronunciación y la transcripción judicial, quedando el correcto como Aristich.

91 ANHCh, FJAnt, C 2972, E 5, f 9.

92 Caso próximo fue el estadounidense, donde al tasar el cumulo total de la población romaní residente seguida de las estadísticas del crimen federal donde se confirme su porcentual participación, logra dibujarse un cuadro de la posible actividad criminal gitana en los Estados Unidos, saliendo con una tesis aquí aprovechable: los Gitanos no cometen ni más ni menos delitos que otros grupos. Véase: Mendiola, Ana, “Verdad y mito de la criminología gitana en Estados Unidos”, O Tchatchipen: lila da trin tchona rodipen romani, Barcelona, n°21, 1998, p. 9-10.

93 Entre paréntesis: Andrich relata que el cuerpo de María Marincovich quedó en el Cementerio de la Santa Cruz de Yerbas Buenas donde se le hizo un bello homenaje sobre su tumba, su hijo Miguel Todorovich Marincovich le acompaña, y las hijas de aquel descansan en Pelequén. Véase Andrich, Gitanos Circenses, Op. Cit., p. 68, 73, 75, 78.

94 Aparte de contar con el corpus cervantino, en las obras de Lope de Vega aparecen bastantes alusiones a esos Gitanos peninsulares y sus costumbres, como en: El arenal de Sevilla, El Primer rey de Castilla, La madre de la mejor, La vuelta de Egipto, entre unos tantos más.

95 Como daba cuenta Navarro, de congregaciones gitanas en pleno servicio durante el año 2000, en: Navarro, Foturí, Op. Cit., p. 94, 95, 96, 97, 98, 101.

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Para citar este artículo

Referencia electrónica

Pablo Jiménez Araya, « Es falso también que tenga ficha de lanza y estafador…”. Sobre el despliegue de etiquetas y normativas chilenas en torno a la cuestión gitana durante el siglo XX », Revista Historia y Justicia [En línea], 20 | 2023, Publicado el 21 junio 2023, consultado el 18 junio 2024. URL : http://0-journals-openedition-org.catalogue.libraries.london.ac.uk/rhj/9940 ; DOI : https://0-doi-org.catalogue.libraries.london.ac.uk/10.4000/rhj.9940

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Autor

Pablo Jiménez Araya

Licenciado en Historia, Universidad Alberto Hurtado. Investigador independiente.
Correo electrónico: pablo.jimenez.araya[at]gmail.com
Este artículo forma parte de mi seminario para optar al grado de Licenciado en Historia por la Universidad Alberto Hurtado, el cual fue dirigido por Daniel Palma Alvarado y contó con la aprobación del profesor Cristian Palacios Laval, a quienes extiendo mis agradecimientos por sus comentarios.

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