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“Descuidar las vidas precarias e insistir en las recetas técnicas de corte neoliberal”

Entrevista a Francisco Sabatini acerca de la crisis social y sanitaria en Santiago de Chile
Nasser Rebaï
p. 479-488
Traduction(s) :
« Négliger la situation des vies précaires et insister sur des recettes techniques d’inspiration néolibérale » [fr]

Texte intégral

1El 10 de octubre de 2020, Chile ocupaba la octava posición en la tabla de los países del mundo por el número de muertes vinculados con el Covid-19, con 71 muertes por cada 100 000 habitantes, y la quinta posición entre los países de América Latina, detrás de Perú, Bolivia, Brasil y Ecuador. Según Francisco Sabatini, sociólogo y profesor de la Universidad del Bíobío, en Concepción, y de la Universidad Católica de Chile, en Santiago, la crisis sanitaria es representativa de la crisis social y política que llevó al levantamiento popular de octubre de 2019 y que sacó a las calles a más gente que cualquier otro movimiento social en la historia de Chile. Esta entrevista, realizada durante el mes de agosto de 2020, se centra en los errores cometidos por los líderes neoliberales en la gestión de la crisis sanitaria y destaca la persistencia de fuertes desigualdades socio-espaciales en la capital chilena.

2Francisco Sabatini es doctor en planificación urbana por la Universidad de California. Ha investigado y publicado numerosos artículos y libros sobre la pobreza y la participación urbana, la segregación residencial, los conflictos ambientales locales y la política de tierras en Chile.

1 – Nasser REBAÏ [NR]: ¿Como la pandemia del Covid-19 ha impactado las ciudades chilenas, y en particular la ciudad de Santiago?”

  • 1 Estadísticas de la Universidad Johns Hopkins, consultadas el 27 de agosto de 2020: https://coronavi (...)

3Francisco SABATINI [FS]: Santiago, la ciudad capital de Chile, con una población 6,5 millones de habitantes, lo que representa el 36% de la población nacional, es la ciudad y región más afectada por el virus mientras que, a comienzos de septiembre, Chile ocupaba una de las primeras posiciones en la tabla de los países con más muertos per cápita del mundo1. Entre las causas de tan triste situación está, creo yo, el acendrado neoliberalismo que ha guiado al Estado chileno y, en particular, a las políticas sociales los últimos 40 años desde la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). En efecto, por la influencia de ingenieros comerciales formados en la escuela de Economía de la Universidad de Chicago de los años 1970, Chile se volvió el primer Estado neoliberal, como lo apuntó el geógrafo británico David Harvey (2007). En términos prácticos, ese neoliberalismo marca y limita la relación entre el Estado y los ciudadanos, lo que bajo la pandemia se traduce en una deficiente acción de trazabilidad de los contagios y una insistencia casi cacofónica en la autorresponsabilidad de los individuos. Pienso que para entender la conexión entre el virus y el neoliberalismo debemos partir por cuestionar la noción de que la pandemia impacta a las ciudades, tal como un meteorito podría impactar la corteza terrestre. Por el contrario, el contagio es lo que constituye la ciudad hoy, ya que la ciudad está formada por relaciones de proximidad física entre personas de diferentes orígenes y condiciones. De hecho, la ciudad, como realidad colectiva y bien público, tiende a ser ignorada y pasada por alto por quienes llevan las anteojeras del neoliberalismo.

2 – NR: Justamente, entre el fin del año 2019 y el inicio del año 2020, movilizaciones importantes contra las políticas liberales, y a favor de más justicia social, tuvieron lugar en las ciudades chilenas (Allain, 2020; Faure et Maillet, 2020; Pommier; 2020). ¿En qué medida, entonces, la crisis sanitaria volvió a poner de relieve las desigualdades existentes en las áreas urbanas chilenas, y en particular en Santiago?

  • 2 Obtenido del sitio web de noticias chileno Televisión Universidad de Concepción el 13 de agosto de (...)

FS: Hay una línea que conecta al “estallido social” de octubre de 2019 con el virus Covid-19 en las ciudades chilenas. Las desigualdades sociales agudas que hay en Chile, subvaloradas y desatendidas de facto por las autoridades de los distintos gobiernos en esta larga historia de liberalismo económico, son el hilo conector. El modelo neoliberal de política social es uno que distribuye vouchers o subsidios que buscan provocar la metamorfosis de pobres en “demandantes” en mercados específicos (salud, educación, vivienda), vouchers que capturan empresas privadas que proveen un bien o un servicio. Entonces, el requisito clave de una buena política social sería el de que haya empresas privadas que operen exitosamente proveyendo ese bien o servicio. La ciudadanía se rebeló contra este esquema y contra un sistema económico y político que concentra el capital y la riqueza a niveles inéditos y que no llega con soluciones hasta las clases más pobres – el “bajo pueblo” de la historiografía. El 10 por ciento más rico de los hogares chilenos tiene una riqueza que triplica la del siguiente 10 por ciento de hogares, mientras que en los Estados Unidos esa proporción es del doble. La expresión más clara de esta negligencia frente al “bajo pueblo” son las declaraciones del Ministro de Salud, Jaime Mañalich, quien, tratando de explicar el fracaso de la estrategia sanitaria del gobierno, la de la “inmunidad de rebaño”, declaró en la televisión, el 28 de mayo, que “hay un sector de Santiago, donde hay un nivel de pobreza y hacinamiento, perdón que lo diga con esta… del cual yo no tenía conciencia de la magnitud que tenía2”.

3 – NR: Desde su punto vista, ¿cómo ha sido entonces la gestión de estas dos crisis – sanitaria y económica – finalmente relacionadas por parte del gobierno chileno?

FS: Ha sido básicamente la misma: descuidar la situación de vida precaria, especialmente de la gente más pobre, pero también de las nuevas clases medias, e insistir en sus recetas técnicas de corte neoliberal. Frente al estallido social, los gobernantes insistieron en la capacidad del modelo, aunque con ajustes, y enfrentaron la asonada popular con un diagnóstico tan simple como patético. Así, el 20 de octubre, al cierre de un intenso día de manifestaciones populares en todo el país, el Presidente Sebastián Piñera (2018-2022) declaró que “esta[ba]mos en guerra contra un enemigo poderoso”. Luego, el gobierno y la derecha tuvieron que ceder frente a la abrumadora fuerza política del estallido y firmar un acuerdo para iniciar un proceso democrático de sustitución de la Constitución Política que rige a Chile desde que la impusiera Augusto Pinochet en 1981. La actual Constitución tiene una esencia neoliberal porque su foco está en la defensa de los derechos de los individuos frente al Estado, lo que contrasta con la vocación de otras constituciones políticas de proteger y acrecentar los bienes colectivos, como el territorio, el patrimonio cultural y el sistema republicano. El futuro constitucional de Chile está abierto y es incierto y, frente a la pandemia, el gobierno y sus partidarios se muestran desorientados e incapaces de exceder el formato de gestión pública predominante en los últimos 40 años. También, la pandemia la han enfrentado como una cuestión técnica a cargo de expertos. Por una parte, con la participación de Chile en la creación de la vacuna contra el virus a través de equipos de universidades chilenas asociados con farmacéuticas y universidades extranjeras, y por otra parte, con el fortalecimiento de la red de salud por la vía de acopiarse de ventiladores mecánicos y camas de hospital, entre otros. En la dimensión social y política, el énfasis ha estado en “vigilar y castigar” a los ciudadanos – usando la expresión de Michel Foucault (2002) – con el fin de que se queden en casa, usen mascarillas y se laven las manos. Esta dimensión política de la acción estatal equivale en gran medida a ignorar la realidad del contagio, de la misma manera como todo neoliberal pasa por alto que la sociedad y la ciudad son más que una mera suma de individuos. La ciudad – toda ciudad – es el “contagio” social, cultural y sicológico entre habitantes, pero también el contagio biológico; en breve, modalidades de contagio que pueden ser positivas o negativas, como es el caso hoy con el Covid-19. Como lo acoté antes, el contagio, más que impactar nuestras ciudades, es hoy en lo que consisten en buena medida nuestras ciudades.

“El contagio, más que un impacto en nuestras ciudades, es ahora en gran medida un elemento constitutivo de nuestras ciudades.” — Francisco Sabatini

4 – NR: Ahora, ¿cómo está la vida cotidiana en Santiago, en particular en el espacio público? ¿Aparecieron problemas para que la gente acceda a servicios, o para organizar algunas actividades económicas?

FS: Lo que se vive es una gran inseguridad sanitaria, como en muchas ciudades del mundo. Sin siquiera tener confianza de que finalmente se podrá fabricar una vacuna, las personas viven la proliferación de contactos cercanos propia de la ciudad como amenaza directa y persistente. Pero en una ciudad como Santiago la situación es especialmente grave ya que las relaciones cara-a-cara son inevitables para la mayoría de la población. Pocos son quienes pueden trabajar online y acceder a alimentos y servicios de la mima forma. Otro agravante en el caso de Santiago es que las autoridades han tenido una estrategia sanitaria fracasada que causó un salto en la curva de contagios y muertos en mayo, obligando a aplicar cuarentenas estrictas a personas que resistían a un gobierno nacional preocupado más por la salud de la economía que la salud de las personas. Aplicaron, de hecho, en un comienzo, la estrategia de “inmunidad del rebaño”, como otros gobiernos liberales, siendo Inglaterra, EE. UU. y Brasil los más destacados. Había que “aplanar la curva” para que el sistema de salud no colapsara. Los contagios y muertes en Santiago fueron provisoriamente controlados luego de haber adoptado un sistema de cuarentenas más estricto a mediados de mayo. Ese control ha beneficiado más a los municipios y personas más ricas. Pero el rebrote del contagio es casi seguro ahora que se está relajando el confinamiento, lo que puede atribuirse a la tardía y débil acción de trazabilidad. Chile no actuó temprano y, además, no aprovechó la experiencia de países afectados antes por el virus. El gobierno ha querido siempre compatibilizar el cuidado de la salud con el cuidado de la economía, lo que es correcto, pero no ha sabido aprovechar las ventajas u oportunidades que ha tenido, y en particular, las de contar con uno de los sistemas de salud primaria más completos de América Latina y de disponer de la experiencia de los países que partieron semanas antes con el virus. La soberbia neoliberal, tan común en estos largos años desde la Dictadura, no ha estado ausente. A regañadientes, las autoridades se han allanado a iniciar acciones, aún insuficientes y de calidad discutible, para hacer lo que debieron haber hecho desde un comienzo, es decir poner foco en las modalidades de contagios buscando conocerlas, como requisito para controlarlas. Hoy la trazabilidad “aún es confusa y lejana a estándares de la OMS”, dijo Rafael González, académico del Centro de Nanotecnología de la Universidad Mayor de Chile, en el periódico El Mercurio el 14 de agosto pasado3. Y lo sorprendente de esa falla es que Chile cuenta, como destacamos recién, con uno de los sistemas de salud primaria mejores de América Latina, junto con Costa Rica y Uruguay, red de gran importancia para conseguir la trazabilidad.

5 – NR: En América latina, la crisis sanitaria se convirtió en una crisis económica profunda, llevando al aumento de las deudas públicas y a la caída de la economía informal4,5. ¿Cómo ha sido la situación económica en Chile y en Santiago en los últimos meses?

FS: La economía ahora funciona afectada o distorsionada por el virus. Las relaciones interpersonales están fuertemente marcadas por el contagio o el riesgo de contagio y por las limitaciones que impone este ambiente a las personas según su nivel de ingresos, su género, su edad, su nacionalidad y condición migratoria. Los menores viajes al trabajo, más desempleo y contracción de la demanda agregada, las viven diferente y peor las mujeres, los pobres, los viejos y los extranjeros. La economía informal, que es el sustento de muchos hogares en Santiago como en otras ciudades latinoamericanas, se encuentra en contradicción abierta con la “autodisciplina” que promueven las autoridades: quedarse en casa y guardar distancia física con otras personas, fuera del uso de mascarillas y el lavado de manos. El virus en la ciudad está amplificando las desigualdades sociales en montos y formas que aún no hemos podido conocer bien ni medir. El conflicto que viven todos los países entre cuidar la salud y cuidar la economía, ha tomado ribetes brutales en Chile. “No podemos matar toda la actividad económica por salvar las vidas, porque después vamos a estar lamentando que la gente se muera de hambre6”, declaró tempranamente en abril Carlos Soublette, gerente general de la Cámara de Comercio de Santiago. No cabe duda de que Soublette representa el sentir de gran parte de las elites. El celo por la economía alcanzó su punto culminante cuando los ciudadanos mostraron su voluntad de utilizar el 10% de los fondos de pensiones para hacer frente a la situación económica. Los fondos de pensiones en Chile son privados y administrados por empresas privadas y no ajustados al esquema solidario. La masa de capital de riesgo que esos fondos representan ha soportado el despliegue de la exitosa economía chilena en estas décadas. Las elites empresariales y políticas de orientación liberal se opusieron a esa idea, pero fueron finalmente derrotadas. El parlamento chileno aprobó, por abrumadora mayoría, el retiro del 10 por ciento el 24 de julio. Muchos políticos de derecha votaron a favor, presionados por sus electores y los problemas sociales que ven en sus distritos, lo que marca el inicio de una cierta descomposición interna de la derecha política que sostiene al actual gobierno de Sebastián Piñera (2018-2022). El “fin de mundo” que los economistas de la ortodoxia liberal pronosticaron no ocurrió y ellos mismos hoy explican el moderado repunte económico que se ha observado en estas semanas por la circulación de ese 10 por ciento en los mercados. Nuevamente, los agoreros neoliberales no supieron ver la realidad económica y social de las capas más pobres. Es como si la realidad económica se circunscribiera, al menos en su atención experta, a la actividad y éxito de las grandes corporaciones. El mercado, en su dimensión de libre concurrencia, no les llama mucho la atención al contrario de la actividad de las firmas más importantes. En último término, parecen más ocupados del capitalismo que de la economía de mercado, entendiendo, con Fernand Braudel (1986), que el capitalismo es una forma corrupta de economía de mercado que tiende al monopolio, apartándose de los principios de libre concurrencia y transparencia que definen a un mercado.

“La segregación espacial de los grupos populares en Santiago ha significado un costo más alto en vidas y morbilidad en estos barrios segregados”. — Francisco Sabatini

6 – NR: Después de haber trabajado tanto tiempo sobre los procesos de segregación espaciales en Santiago, ¿usted considera que la crisis reforzó esta característica fuerte de la capital chilena?

FS: Yo diría que el virus ha puesto en evidencia tanto el carácter segregado de la ciudad de Santiago como ha atizado los ánimos e impulsos segregadores de la elite, que hoy caracterizan al gobierno nacional y no solo al poder económico. Este virus, como otros en el siglo xix, dio vuelta a la ciudad. El Covid-19 empezó por el “barrio alto”, zona del Nor-oriente de la ciudad de concentración de las elites y hogares afluentes, donde residían muchos de los primeros viajeros infectados, y luego se desplazó hacia la periferia de bajos ingresos en las localizaciones Sur, Occidente y Norte de Santiago, donde se afincó. La segregación espacial de los grupos populares, igual como ha ocurrido con la de las poblaciones negras en ciudades de los Estados Unidos, ha significado un costo más alto en vidas y morbilidad en estos barrios segregados. El “barrio alto” estaba mejor preparado para adaptarse a la pandemia, en parte porque sus residentes podían trabajar en línea. Por otra parte, las personas que vivían en el resto de Santiago y que estaban empleadas en el comercio o los servicios, y que tenían que ir a las zonas privilegiadas de la capital, se enfrentaban a un mayor riesgo de contagio al tener que cruzar la ciudad. Y, además, la­­­ vigilancia individual que mencioné antes como forma de poder que el neoliberalismo exacerba, puede llegar a extremos de segregación. El que las autoridades sepan poco sobre cómo viven los chilenos vulnerables o pobres y, más aún, el que no les importe mucho, tiene antecedentes históricos. Sin embargo, esta ignorancia no se explica solamente por los efectos del neoliberalismo que profesan las autoridades actuales o las que siguieron al restablecimiento de la democracia en 1990. En la segunda mitad del siglo xix el Intendente (autoridad política) de la ciudad de Santiago, Benjamín Vicuña Mackenna, integrante de la elite criolla, propuso crear, como parte de un plan de reforma urbana de Santiago, un “camino de cintura” que, a la guisa de un cordón sanitario, separara la “ciudad propia” a su interior, donde debía concentrarse el gasto público y las obras de adelanto, de los arrabales, hacia el exterior. Sobre Benjamín Vicuña Mackenna, el historiador Armando De Ramón señaló que “su diagnóstico de los arrabales era muy negativo, calificándolos de “aduar africano”, “tolderías de salvajes”, “pocilgas inmundas” que constituían “una inmensa cloaca de infección y de vicio, de crimen y de “peste”, un verdadero potrero de la muerte”” (2000 p. 145-7). El “camino de cintura” fue una estratega sanitaria que estuvo en la mente de las elites santiaguinas en un tiempo, la segunda mitad del siglo xix, en que la ciudad fue vapuleada por numerosas enfermedades contagiosas. El que el “camino de cintura” se construyera solo parcialmente no quita que el ánimo de enfrentar la “peste” con una suerte de leprosario sea parte de las imágenes constitutivas de la ideología más profunda y persistente de las elites chilenas, la de una realidad social dualizada – al final, una idea profundamente “clasista”. Tiene en común con la actual estrategia de disciplinamiento de individuos el culpar a los más pobres del virus porque, por su baja catadura moral y falta de educación, no se cuidan, no usan mascarillas o insisten en salir de sus casas.

7 – NR: Considerando la situación actual, ¿usted piensa que esta crisis podría llevar a una renovación de los estudios urbanos, abordando nuevas temáticas o empleando nuevas metodologías de trabajo?

FS: Creo que el virus nos obligará a renovar conceptual y metodológicamente los estudios de la segregación. Nuestro punto de partida deberá ser más claramente el de entender la segregación como declinación o, aún más, como muerte de la ciudad. Henri Lefebvre (2003) lo argumentaba conceptualmente al asociar lo urbano y su esencia de diversidad a la emergencia de “centralidades” y, al mismo tiempo, al considerar a la segregación como homogeneidad, como declinación de esa diversidad, como retroceso de lo urbano. El Covid-19 es un argumento fáctico, empírico que es coherente con ese enfoque. La segregación socio-espacial en Santiago, especialmente las enormes “plantaciones” de vivienda social que las políticas neoliberales de vivienda produjeron en sus periferias menos equipadas, especialmente desde el retorno a la democracia en 1990, ha significado que la pandemia se traduzca en más muertes y contagios allí. Los barrios populares de la ciudad han recobrado condiciones de precariedad que Chile parecía haber dejado atrás. El hecho que se hayan estado recreando espontáneamente formas organizadas de solidaridad y ayuda mutua, como la “ollas comunes” en que fueron pródigas las ciudades chilenas en el cambio del siglo xix al xx, es un hecho políticamente positivo que resulta incómodo destacar, dada la penuria que hoy viven esas personas y barrios. En términos más generales, este virus nos devuelve con fuerza la tensión que, según Richard Sennett (1997) cruza la vida de las ciudades modernas desde fines de la Edad Media en Europa y que hoy, gracias a este virus y al neoliberalismo que ha predominado en la vida social, también cruzará las ciudades chilenas. Hay, “por un lado, el deseo de liberarse de los vínculos comunitarios en nombre de la libertad individual, y por otro, el deseo de hallar un lugar en el que las personas cuiden las unas de las otras” (p.171). El virus solo parece poder enfrentarse eficientemente con trazabilidad, con la identificación y gestión de los contagios, lo que requiere descentralización de la gestión pública en favor de los municipios, los servicios primarios de salud y la organización de los moradores de los barrios, en breve, unos niveles de cuidado entre las personas, los vecinos de la ciudad, que el neoliberalismo debilitó hasta reducirlo a un residuo histórico – un remanente que, sin embargo, la necesidad de sobrevivir está desempolvando de la memoria común.

8 – NR: Se nota en sus repuestas una cuota de desilusión y de pesimismo de que pueda haber espacio para un cambio. Si es cierto que desde 40 años la historia se repite en Chile, al igual que en la mayoría de los países latinoamericanos afectados por un liberalismo agresivo, no obstante, ¿qué posibilidad de cambio ve usted en la sociedad, en la producción de las ciudades? ¿Que podría ser la ciudad de Santiago “de después”?

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Bibliographie

FS: El pesimismo es entendible mientras impere el estilo actual de hacer las cosas, esas formas sesgadas de entender el desarrollo económico como, asimismo, la estrategia sanitaria frente al Covid-19. La “inmunidad de rebaño” es el laissez-faire, y eso solo acompaña los llamados a la “autorregulación”, la apología al hombre racional y egoísta sobre cuyos hombros repetidos se construiría el bienestar social. Bajo la pandemia, Chile, en lo esencial, no ha salido del esquema neoliberal. Pero el pesimismo da paso a la esperanza cuando vemos que hay posibilidades de cambio. El levantamiento social de octubre de 2019 es un hecho contundente. Las concesiones políticas hechas por el gobierno y las elites en el marco del “estallido”, especialmente la realización el próximo 25 de octubre del plebiscito para decidir el reemplazo de la Constitución Política de Pinochet7, muestran un reforzamiento mutuo entre movilización social y logros políticos que no tendría por qué desaparecer. Es difícil que Chile vuelva al camino neoliberal que seguía antes. Durante las manifestaciones populares del “estallido”, vimos jóvenes con pancartas de gran optimismo que decían por ejemplo que “el neoliberalismo [nació] y [murió] en Chile”. El Santiago de después de la pandemia, como el país mismo, transformarán con esta dinámica política de cambio. Debemos ser capaces de construir rutas desde la sana reacción social de las “ollas comunes” con que los barrios populares enfrentan hoy el virus, a la construcción de una ciudad menos segregada, más diversa, más solidaria, más descentralizada. Sin duda, el influjo anímico del “estallido” es el combustible que puede sustentar ese tránsito. La ciudad, entendida como contagio social, como cohesión social, como sentimiento de ser parte de un “nosotros”, tiene posibilidades de imponerse a la ciudad como contagio biológico y, asimismo, a la ciudad como no-ciudad, como realidad reducida a mera suma de personas disciplinadas o “autorreguladas”, que es lo que nos ofrecen hoy nuestras autoridades. Las medidas de días recientes de relajo de las cuarentenas las están acompañando las autoridades de nuevos llamados a la autorregulación de los individuos en un contexto en que, forzados, han dado algunos pasos tímidos e insuficientes para construir la trazabilidad. La presión ejercida principalmente por los gremios de la salud y por los municipios desde que comenzara la pandemia, ha sido clave en forzar ese cambio. Esperamos poder conseguir mucho más por esa vía.

Allain M., 2020 - « Chili, la crise sociale est aussi environnementale », Noria. URL: https://www.noria-research.com/fr/chili-la-crise-sociale/

Braudel F., 1986 [1985] - La dinámica del capitalismo. México, Fondo de Cultura Económica, 126 p.

De Ramón A., 2000 - Santiago de Chile (1541-1991). Historia de una sociedad urbana. Santiago, Sudamericana, 287 p.

Faure A., Maillet A., 2020 - « Chile despertó. Mobilisations sociales et politisation au Chili ». IdeAs. 15. DOI : https://0-doi-org.catalogue.libraries.london.ac.uk/10.4000/ideas.8364

Foucault M., 2002 [1975] - Vigilar y castigar. Siglo XXI, 314 p.

Harvey D., 2007 [2005] - Breve historia del neoliberalismo. Madrid, Akal, 252 p.

Lefebvre H., 2003 [1970] - The urban revolution. Minneapolis, The University of Minnesota Press, 224.

Pommier É., 2020 - « La révolte chilienne (octobre-novembre 2019) ». Cités, 83 (3), 99-109. DOI: https://0-doi-org.catalogue.libraries.london.ac.uk/10.3917/cite.083.0099

Sennett R., 1997 [1994] - Carne y Piedra; el cuerpo y la ciudad en la civilización occidental. Madrid, Alianza, 454 p.

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Notes

1 Estadísticas de la Universidad Johns Hopkins, consultadas el 27 de agosto de 2020: https://coronavirus.jhu.edu/data/mortality

2 Obtenido del sitio web de noticias chileno Televisión Universidad de Concepción el 13 de agosto de 2020: https://www.tvu.cl/prensa/2020/05/28/manalich-reconoce-no-tenia-conciencia-de-la-magnitud-de-la-pobreza-y-el-hacinamiento.html

3 Obtenido del sitio web chileno NexNews el 20 de agosto de 2020: http://portal.nexnews.cl/showN?valor=elki4

4 Obtenido del sitio web del diario francés Le Monde el 20 de agosto de 2020: https://www.lemonde.fr/m-le-mag/article/2020/08/21/au-mexique-les-domestiques-juste-bonnes-a-attraper-le-covid-19_6049548_4500055.html

5 Obtenido del sitio web del diario francés Le Monde el 20 de agosto de 2020: https://www.lemonde.fr/economie/article/2020/08/06/argentine-la-pandemie-frappe-une-economie-deja-a-bout-de-souffle_6048248_3234.html?utm_medium=Social&utm_source=Twitter#Echobox=1596701908

6 Obtenido del sitio web chileno Cooperativa.cl el 20 de agosto de 2020: https://www.cooperativa.cl/noticias/sociedad/salud/coronavirus/camara-de-comercio-de-santiago-no-podemos-matar-la-actividad-economica/2020-04-16/164826.html

7 Finalmente, el domingo 25 de octubre de 2020, los chilenos votaron por una fuerte mayoría a favor de una nueva Constitución.

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Pour citer cet article

Référence papier

Nasser Rebaï, « “Descuidar las vidas precarias e insistir en las recetas técnicas de corte neoliberal” »Les Cahiers d’Outre-Mer, 282 | 2020, 479-488.

Référence électronique

Nasser Rebaï, « “Descuidar las vidas precarias e insistir en las recetas técnicas de corte neoliberal” »Les Cahiers d’Outre-Mer [En ligne], 282 | Juillet-Décembre, mis en ligne le 01 janvier 2023, consulté le 16 juin 2024. URL : http://0-journals-openedition-org.catalogue.libraries.london.ac.uk/com/12664 ; DOI : https://0-doi-org.catalogue.libraries.london.ac.uk/10.4000/com.12664

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Auteur

Nasser Rebaï

Geógrafo, Doctor por la Universidad Paris 1 Panthéon-Sorbonne, UMR PRODIG, nass.reb@hotmail.fr

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