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Monographique

Las dos versiones argentinas de Sodoma y Gomorra y La prisionera de Marcel Proust: semejanzas y diferencias (incluso de dialectología léxica)

The Two Argentine Versions of Sodoma y Gomorra and La prisionera: Similarities and Differences (including those of Lexical Dialectology)
Herbert E. Craig

Résumés

Les tomes quatre et cinq de la Recherche, Sodome et Gomorrhe et La prisonnière, ont été traduits pour la première fois en espagnol par l’Argentin Marcelo Menasché. Quand Santiago Rueda a publié le septième et dernier tome en 1946, cette série est devenue la deuxième version étrangère complète du monde (après l’anglaise, 1922-1931). Cependant la traduction de Menasché a été très critiquée pour être «de una literalidad exasperante» (Emir Rodríguez Monegal, Uruguay) et pour être «plagada de argentinismos» (José Luis Cano, Espagne).
Losada de Buenos Aires a commencé en 2000 à publier une nouvelle traduction par Estela Canto. Cette maison d’édition prétendrait que cette écrivaine argentine avait traduit avant sa mort en 1994 tous les tomes sauf le dernier. Dans mon examen de Sodoma y Gomorra, je montrerai que la traduction par Canto est différente et meilleure que celle de Menasché, mais que celle-ci n’est pas sensiblement plus mauvaise que les versions réalisées en Espagne ces années-là. Par contre, malgré l’attribution par Losada à Canto de la traduction de La prisionera, j’affirme que les mêmes erreurs, omissions et expressions argentines dans les deux éditions offrent la preuve que Canto n’a pas vraiment traduit ce tome-ci. C’était, plutôt, à travers ses corrections de la première version que l’éditeur de Losada a essayé de donner l’impression fausse que ce cinquième tome avait la même traductrice que les quatre précédents.

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Texte intégral

  • 1 En cuanto al adequacy [suficiencia] léxico que el traductor y el crítico de traducciones deben cons (...)

1En la preparación para mi libro Assessing the English and Spanish Translations of Proust’s À la recherche du temps perdu (2020), observé, entre muchas otras cosas, ciertas irregularidades en el caso de las dos versiones argentinas de La prisionera que no había visto en las traducciones del tomo anterior Sodoma y Gomorra. Aunque los textos origen eran diferentes debido a las ediciones francesas usadas, los textos meta a veces coincidieron de una manera inexplicable. Algunas de estas coincidencias tenían que ver con palabras dialectales que la nueva traductora Estela Canto había evitado en los tomos anteriores debido a la crítica contra los «argentinismos» de la primera traducción. Utilizando como guía el libro de Katharina Reiss Translation Criticism –The Potencials & Limitations (2000)1, examino aquí más a fondo este asunto.

  • 2 Craig, Herbert. Assessing the English and Spanish Translations of Proust’s À la recherche du temps (...)

2Aunque Pedro Salinas hizo la primera traducción del mundo de los dos tomos iniciales de À la recherche du temps perdu: Por el camino de Swann (1920) y A la sombra de las muchachas en flor (1922), este poeta español no completó la serie de siete tomos. La mayor parte del tercero El mundo de Guermantes fue traducida por el español José María Quiroga Pla (1931-1932)2. En esos mismos años la versión inglesa que C. K. Scott Moncrieff había empezado a publicar en 1922 y de la cual vertería seis tomos antes de morir en 1930, fue terminada en 1931 por Stephen Hudson.

3La primera versión completa en español, que sería la segunda del mundo después de la inglesa, no se publicaría en España sino en Argentina cuando Marcelo Menasché tradujo los cuatro últimos tomos: Sodoma y Gomorra y La prisionera en 1945 y Albertina ha desaparecido y El tiempo recobrado en 1946.

4A pesar de que esta publicación de toda la Recherche por Santiago Rueda de Buenos Aires resultaría ser una hazaña para el español –pues las otras lenguas no tendrían una edición completa hasta la italiana en 1951 y la alemana y la portuguesa (de Brasil) en 1957– un crítico al otro lado del Río de la Plata, Emir Rodríguez Monegal, juzgó severamente la traducción de Menasché.

5En su reseña de Sodoma y Gomorra para Marcha (7-XII-1945) el crítico uruguayo reconoce las dificultades estilísticas y sintácticas de traducir a Proust y ensalza la habilidad con que Salinas las superó «completamente». Por otro lado, según Rodríguez Monegal el traductor argentino «no consigue, por lo general ni siquiera enfrentarlas. Su versión es de una literalidad exasperante». Sostiene que Menasché «malogra cada línea». Luego para mostrar cómo realmente se debería traducir a Proust, el futuro profesor de Yale University ofrece su propia versión de un fragmento conocido del cuarto tomo «Las intermitencias del corazón».

6Para la historia de la traducción argentina de En busca del tiempo perdido existen dos estudios recientes: el de Lucas Petersen (2019) y el de José Luis de Diego (2020). En ambos casos estos investigadores argentinos hacen resaltar el papel del asesor Max Dickmann, quien convenció a Santiago Rueda del valor literario, cultural y económico de publicar ciertas obras de tendencia Modernist como Ulises de James Joyce y En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. El interés de Dickmann por el novelista francés se remonta a su artículo «Por el camino de Proust» que había publicado en Nosotros en abril de 1927, seis meses antes de la aparición en París de Le temps retrouvé.

7Como Petersen indica, para completar su edición de En busca del tiempo perdido Santiago Rueda necesitaba encontrar un traductor. Aunque Marcelo Menasché no tenía mucha experiencia y hasta entonces no había traducido más que las Memorias de Sara Bernhardt (1945), fue elegido. Debo señalar que Menasché parece haber hecho su traducción muy rápido: cuatro tomos de Proust en dos años.

8Según mis investigaciones periodísticas sobre Proust en Buenos Aires, La Prensa prestó más atención a la traducción de Menasché que La Nación. En la reseña de aquel diario de La prisionera (30-XII-1945) leemos «Singular significación tienen para el lector argentino las pulcras versiones y ediciones que del gran escritor francés se hacen en estos tiempos». Únicamente tras la publicación en 1949 en un solo tomo de En busca del tiempo perdido se reconoce en La Nación que el trabajo de Santiago Rueda «representa un esfuerzo digno de elogio» (13-XI-1949). Pocos años antes, la revista Realidad había incluido una nota laudatoria: «la obra novelística de Marcel Proust, conocida, gustada y saboreada en su original durante veintitantos años […] alcanza ahora en Buenos Aires versión íntegra y edición decorosa…» (I/II-1947).

  • 3 Agrego que antes que 1945 no se publicó casi nada sobre Proust en España debido a su tratamiento de (...)

9Entre la publicación del tercer tomo de Proust en España y la de toda la Recherche en 1952 habían pasado dos décadas tumultuosas: de la República, la guerra civil y más de diez años desde el triunfo de Francisco Franco3. No obstante en aquel año Plaza & Janés de Barcelona publicó en dos tomos dobles todo En busca del tiempo perdido. El primero consistió en los tres primeros títulos traducidos por Salinas y Quiroga Pla. Para los últimos cuatro títulos del segundo tomo se había contratado al poeta y traductor español Fernando Gutiérrez.

10En agosto de 1953 el crítico español José Luis Cano publicó en Ínsula su reseña «Proust en castellano». Como el uruguayo, Cano juzga severamente la traducción de Menasché, achacándola de ser «deficiente» y de estar «plagada de argentinismos». En contraste llama la traducción de Salinas y Quiroga Pla «insuperable» y dice que la de Gutiérrez «no desmerece al lado de la primorosa traducción de Salinas y Quiroga Pla».

11En el momento de publicar su reseña, Cano parecía creer que los dos tomos estarían disponibles pronto para el público lector. No obstante, aunque él sí pudo examinar el segundo tomo, los censores no permitieron su venta, tal vez porque éste, que se inicia con Sodoma y Gomorra, todavía les pareciera pernicioso para los españoles. De este modo, no fue hasta la segunda edición de Plaza & Janés en 1968 cuando fue posible leer en España la traducción de Gutiérrez. Es casi irónico que lo que Cano había llamado «la versión deficiente» de Menasché no fuera prohibida y que pudiera venderse en España. Serían los únicos tomos que los lectores españoles podían comprar si deseaban conocer el final de En busca del tiempo perdido hasta que Alianza recibió permiso de publicar su traducción de Consuelo Berges a partir de 1967.

  • 4 En su artículo «Palabras francesas» (poco después de fundar Sur), Ocampo llamó «a Proust en testimo (...)

12Durante mis investigaciones sobre Proust en Argentina en 1976-1977 traté de determinar por qué Santiago Rueda había publicado En busca de tiempo perdido en vez de una casa editorial más prestigiosa: Sur de Victoria Ocampo. Su revista Sur había ofrecido en cuatro números de 1936 (IX-XII) la versión española de un libro sobre la Recherche (el primero de muchos en Argentina): Marcel Proust: Su revelación psicológica por Arnaud Dandieu. También hay que notar que la editorial de Ocampo proporcionó traducciones de otras obras europeas contemporáneas: Point Counter Point (1933) de Aldous Huxley y tanto A Room of One’s Own (1936) como Orlando (1937) de Virginia Woolf. Dado el interés por Proust de Ocampo, quien lo mencionó frecuentemente en sus artículos4, no entendí por qué no había hecho ninguna edición de su obra. Mientras estaba en Buenos Aires, le pedí una entrevista para hacerle preguntas sobre éste y otros asuntos ligados a Proust. Desafortunadamente no tenía tiempo, pero aceptó contestar las preguntas de un cuestionario mío. A lo que yo deseaba saber de una edición posible de la Recherche, ella respondió: «Yo no tenía bastante dinero para una obra tan extensa que hubiera, desde luego, deseado publicar».

13De modo semejante Enrique Anderson Imbert contestó otro cuestionario mío. Este crítico literario argentino y profesor de Harvard University, que se había interesado por Proust en su juventud, observó: «Santiago Rueda era un comerciante que descubrió el valor económico de Proust en el mercado lector. Sur sí era un grupo que descubrió valores estéticos; el no haber publicado a Proust no significa distracción». Anderson Imbert se refirió también a «la excelente traducción de Pedro Salinas» que representaba un alto nivel de calidad. Es posible que Ocampo haya decidido no publicar a Proust porque dudó que fuera capaz de alcanzar el mismo nivel con sus medios económicos disponibles. En contraste Santiago Rueda no se preocupó por estas cuestiones de calidad.

14En las librerías de Buenos Aires pude encontrar unas de las traducciones menores de Proust que Menasché había hecho para Santiago Rueda, pero no la obra magna. Por eso decidí preguntar en una de ellas. Por casualidad estaban presentes varios libreros. Uno de ellos me habló de un anuncio de la editorial Losada sobre su traducción nueva de la Recherche. Cuando fui a su oficina, un representante me informó, tras consultar con sus jefes, que sí estaban en vías de crear otra traducción de Proust, pero no sabían cuándo se publicaría. Esta información casi coincide con lo que Daniel Mecca cuenta en su artículo «El viaje extraordinario tras los misterios de Estela Canto» (Clarín, 28-VII-2017). Según Mabel Peremartí de la editorial Losada, «los contratos de traducción se firmaron entre 1974 y 1978» y luego el proyecto « quedó en stand by debido a los altos costos ».

15Antes de regresar a Argentina en marzo de 1986, yo sabía que Santiago Rueda había comenzado en 1980 a reimprimir En busca del tiempo perdido. Por casualidad la Feria del Libro se realizó cuando estaba en Buenos Aires. Fue entonces cuando pude hablar con el hijo de Santiago Rueda, Enrique, quien me informó que habían descubierto en los depósitos de la editorial todas las planchas de impresión de su primera edición de Proust, las cuales les permitieron publicar fácilmente otras ediciones. Años después me sorprendió ver en un ejemplar de Sodoma y Gomorra (reimpreso en 1995) que se hubiera atribuido a Salinas su traducción, aunque obviamente el texto era de Menasché.

16En otro artículo «Estela y su hermano Patricio: Canto de literatura e izquierda» (Clarín, 28-VII-2017), Mecca observa que Gonzalo Losada había encargado a Jorge Lafforgue que agregara algunos títulos a la «Colección Cumbre» y que se escogió a Estela Canto para traducir la Recherche. Según Peremartí, «Estela falleció sin terminar la traducción. Varios años más tarde, revisando el archivo se encontraron los originales mecanografiados de ella».

  • 5 Anderson Imbert, Enrique. Historia de la literatura hispanoamericana. II. México: Fondo de Cultura, (...)
  • 6 Véase la entrevista con Canto. Fares, Gustavo; Hermann, Eliana Cazaubon. Contemporary Argentinean W (...)

17Para comprender por qué Estela Canto estaba dispuesta a aceptar tal tarea de traducción, que fue muy ambiciosa y todavía algo polémica, debemos considerar su obra de escritora y de traductora. Según Anderson Imbert, Canto «se ha distinguido por la comprensión psicológica de sus personajes» en obras como El hombre del crepúsculo5. Al citar a Proust como una de sus influencias6, Canto sugirió su afinidad con este aspecto reconocido de la Recherche. Me parece significativo también que su querido hermano Patricio (con quien hizo algunas traducciones) hubiera vertido mayormente del francés varios estudios sobre la Recherche (Proust) antes del Centenario proustiano.

18Comenzando a traducir la Recherche durante los años setenta, Estela Canto se sirvió de la edición francesa de la Pléiade de 1954. Como deseaba hacer una mejor traducción que la de Menasché, la más reciente y autorizada versión fue esential. Peremartí admitió que Canto no llegó a terminar la traducción, pero no reveló cuántos tomos había traducido.

19Aunque no tengo pruebas, me parece factible que un anuncio de la publicación en España de los primeros tomos de dos nuevas traducciones de la Recherche por Mauro Armiño y por Carlos Manzano haya estimulado Losada a publicar la versión de Canto, quien había muerto en 1994. De todas maneras las nuevas traducciones del primer tomo de España y Argentina aparecieron en el mismo año 2000.

20Es de notar que tanto Manzano como Armiño siguieron mayormente la nueva edición francesa de la Bibliothèque de la Pléiade (1987-1989). Como sugerí en Assessing the English and Spanish Translations of Proust’s…, ciertos detalles del texto de Losada reflejan las particularidades de la Pléiade de 1954, mientras otros más numerosos siguen el texto de la segunda Pléiade. Por eso creo que el editor de Losada, Miguel de Torre Borges, trabajó con mucho cuidado para que la edición argentina pareciera tan actualizada como las dos nuevas traducciones de España.

21Cuando se publicó el primer tomo de la nueva versión argentina, Del lado de Swann, la única información sobre ella se encontraba en la contraportada. Como defensa anticipada contra el tipo de acusación que había hecho Cano de Menasché, Losada expresó su propia crítica de algunas traducciones de España. Así se dice sobre la versión de Canto: «la obra de Marcel Proust ingresa por primera vez a una lengua familiar, cercana, distinta de las traducciones españolas que incluyen giros y modismos en ocasiones tan perturbadores durante la lectura». De este modo se proponía un tipo de lenguaje más corriente y auténtico para Hispanoamérica.

22En cuanto a la posibilidad de producir una traducción unitiva (de una sola persona, como habían propuesto los nuevos traductores españoles), Losada parecía implicar que tal sería el caso de la traducción de Canto. Se afirma que este tomo sería «el primero de la monumental novela de Proust que irá publicando Losada». Una declaración similar aparece en casi todos los tomos siguientes, sin confesar nunca que haya otro traductor. Aun en los tomos cinco y seis Losada sólo se refiere a Canto. Únicamente en el último tomo, Losada admite que ella no llegó al final y que la traductora es Graciela Isnardi.

23De los tres primeros tomos de las dos ediciones argentinas, no diré mucho. En la de Santiago Rueda (1944-1945) se reprodujeron las traducciones de Salinas y Quiroga Pla, como en la edición española (y la chilena [1937] y la mexicana [1944] de A la sombra de las muchachas en flor).

  • 7 Citado por Mecca, Daniel. «Estela y su hermano Patricio…». Clarín, 28-VII-2017.
  • 8 A partir de 2022 Armiño comenzó a publicar una revisión de su propia traducción de Por la parte de (...)

24En el caso de Losada, Canto proporcionó la primera traducción al español de los tres primeros tomos al oeste del Océano Atlántico (2000-2003). En mi libro sobre las traducciones, pude comparar en detalle las versiones de Salinas y Canto, igual que las otras. El profesor argentino de francés Walter Romero ha llamado el trabajo de Canto «fenomenal, superador tanto de las traducciones peninsulares como de las otras versiones argentinas»7. Admití al final de mi capítulo sobre «Combray» que la traducción de Salinas no fue «unsurpassable» y que él omitió muchas palabras, frases y aun oraciones. También hizo algunos errores. Pero a diferencia de Romero, dudo que la traducción de Canto sea siempre la mejor. Ella también omitió palabras y frases y se equivocó a veces en su selección de equivalentes. Curiosamente en unos pocos casos ella coincidió con las flaquezas de Salinas. No digo que el español Armiño haya hecho una traducción perfecta. Pero después de haber comparado centenares de páginas, concluí que su traducción tendía a ser más completa y acertada que las de Canto o Manzano. Por suerte en su revisión nueva, Armiño eliminó el error de su incipit que fue el más obvio. De este modo ahora su primera oración coincide con la de Canto y Manzano: «Durante mucho tiempo me acosté temprano», la cual, en mi opinión, es la mejor8.

25Para el estudio actual he decidido enfocarme sobre el cuarto y quinto tomo. Sodoma y Gomorra fue el primero traducido por Menasché y ofrece un buen ejemplo de sus puntos fuertes y débiles. Como mostraré, las traducciones de este tomo por Menasché y por Canto son casi siempre diferentes. Por otro lado, la versión de La prisionera en la edición de Losada se parece en muchas ocasiones al texto de la edición de Santiago Rueda, a pesar de que Losada ha atribuido a Canto su traducción.

26En mi libro más reciente dediqué el capítulo 12 a las traducciones en español de Sodoma y Gomorra I. Deseaba enfocarme sobre esta parte porque tenía más versiones. Quiroga Pla tradujo este segmento junto con El mundo de Guermantes II porque había seguido la división de la primera edición francesa. También quería considerar en detalle si había alguna relación entre las versiones de esta parte por Quiroga Pla, Menasché y Gutiérrez y si fue acertada la evaluación de ellas por los críticos.

  • 9 Cito aquí la segunda Pléiade. Proust, Marcel. À la recherche du temps perdu. III. París: Gallimard, (...)

27Hallé muy pronto unas semejanzas. Ya en el primer párrafo esos tres traductores hicieron la misma sustitución equivocada de un nombre. En todas las ediciones francesas se lee: «Mme de Marsantes n’avait pas de jour…»9. Quiroga Pla escribió «la señora de Villeparisis no tenía señalado día de recepción…» (1932, 336). Prestando más atención a la primera versión española que al texto original, Menasché (1945a, 8) y Gutiérrez (1968, 6) pusieron casi lo mismo, a diferencia de los traductores posteriores, como Canto, quien escribió: «madame de Marsantes […] no tenía día fijo…» (2004, 8). Curiosamente, en el mismo primer párrafo Canto hizo un error que no encontré en otra traducción. El narrador incluye en su descripción física de M. de Charlus el calificativo «bedonnant». Quiroga Pla y Menasché seleccionaron «embarnecido», que es un equivalente. La versión de Gutiérrez «metido en carnes» está bien, pero la de Canto «canturreando» está mal.

28En mis comparaciones de esta primera parte de Sodoma y Gomorra, percibí que Menasché coincidió a veces con Quiroga Pla. Para decir «arrière-cuisine» (8) ambos escogieron «cuartito inmediato a su cocina» (341; 11). De modo semejante los dos tradujeron «j’ai la tête tournée…» (13) como «me tiene sorbido el seso…» (348; 15). Por la diferencia en la estructura, tal coincidencia no puede explicarse por el mero azar. No pretendo decir que todo sea igual en las dos versiones porque en realidad hay más diferencias que semejanzas. Por ejemplo, refiriéndose a su propio deplazamiento, el narrador en la versión de Quiroga Pla dice «Iba a cambiar nuevamente de sitio…» (339) y Menasché escribió «Iba a apartarme de nuevo…» (9). En este caso es Gutiérrez (8) quien casi coincidió con Menasché y no Quiroga Pla.

29En algunas circunstancias estos tres traductores usaron el mismo equivalente. Todos tradujeron «infirmité» (13) como «achaque» (348; 15; 16) y «me donner […] courage» (10) como «darme […] ánimos» (343; 12; 12). En un caso todos hicieron el mismo error, al traducir «physiologiques» (21) como «psicológicos» (357; 20; 24). Aunque no encontré tantas coincidencias entre Menasché y Gutiérrez, como entre Quiroga Pla y Menasché, me parece evidente que Gutiérrez ha consultado al traductor argentino. Para traducir el adjetivo francés «cerné» (21) Menasché y Gutiérrez, escogieron más o menos la misma palabra: «ojerosa/ojerosos» (20; 25), en vez de «velada» como Quiroga Pla (357). En una oración Menasché tradujo bien cierto vocablo francés «assouvissement» (30) como «saciedad» (27), pero Gutiérrez sólo prestó atención a este sustantivo español, lo leyó mal y puso en su lugar una palabra similar que no tiene sentido: «sociedad» (34).

30Ya hemos visto cómo Cano consideró la traducción de Gutiérrez casi del mismo nivel que las de Salinas y Quiroga Pla y muy superior a la «deficiente» de Menasché. Sin embargo, después de cotizar no sólo muchas páginas de Sodoma y Gomorra, sino también de La prisionera y El tiempo recobrado, tengo que concluir que la traducción de Gutiérrez tiene algunas de las mismas debilidades que la de Menasché y a veces las repite o hace más errores que el traductor argentino. Por ejemplo, en La prisionera, a diferencia de Menasché (1945b, 157), Gutiérrez omitió una oración completa (733): «On sait que bien que chaque assassin en particulier s’imagine avoir tout si bien combiné qu’il ne sera pas pris…» (683-684). En resumen nuestra comparación entre las versiones de la primera sección del cuarto tomo por Quiroga Pla, Menasché y Gutiérrez sugiere que los tres eran similares de muchas maneras y que cada uno se aprovechó de otro y a veces repitió errores que debía haber corregido. De este modo la traducción de Menasché no me parece muy inferior a las de Quiroga Pla y Gutiérrez, como Cano había sostenido.

  • 10 Maristany, Luis. «Informe crítico: Proust en España». Voces, 3 (1982), p. 65.

31Con respecto a Consuelo Berges, quien hizo la segunda traducción en España de Sodoma y Gomorra y de los tres tomos restantes (1967-1969), hay que reconocer su alto grado de profesionalismo como traductora. En la única comparación de las versiones de Menasché, Gutiérrez y Berges, en su estudio seminal «Informe crítico: Proust en España», Luis Maristany destacó el mismo error en las traducciones de Gutiérrez y Menasché. Ambos tradujeron palabra por palabra la frase «rester sérieuse» como «continuar/seguir siendo seria». Según Maristany, la solución de Berges fue superior porque ella trató la frase como un solo modismo: «portarse como es debido»10.

  • 11 Berges, Consuelo. «La traducción y mi traducción de Proust». El Urogallo, 11-12 (IX/XII-1971), p. 7 (...)
  • 12 Craig, Herbert. Assessing the English and Spanish… Op. cit., p. 268-269.

32En general Berges tuvo más cuidado en su traducción que Menasché o Gutiérrez y por eso hizo menos omisiones y errores. No obstante se equivocó a veces. Evidentemente en la primera parte del cuarto tomo «croisement» (5) quiere decir «cruce» y no «crecimiento» como dijo ella (1979, 11) y el equivalente de «arranger la blouse» (26) no es «arrancarle la blusa» (36). Por otra parte, como indiqué en mi libro, Berges, que había admitido su propósito de «enderezar» la sintaxis compleja de Proust11, a veces la simplificó demasiado. Cité el caso de la primera oración de Sodoma y Gomorra12. Sin duda es más fácil leer la versión de Berges, pero creo que Proust mismo había fabricado esa complejidad adrede y reducirla va en contra de su visión estilística.

  • 13 En España se publicaron varios artículos sobre los dos tomos iniciales de Armiño y Manzano. Craig, (...)

33Desde el año 2000 cuando comenzaron a aparecer las tres nuevas traducciones al español de la Recherche, he seguido la publicación de cada tomo. Para The ATA Chronicle, escribí en 2001 un artículo sobre las tres versiones nuevas del primer tomo. Luego en 2004 compuse otro artículo sobre los tomos II y III. Vi que «Radar Libros» de Página/12 de Buenos Aires había hecho un comentario sobre la edición de Losada de Sodoma y Gomorra: «Hay más de un motivo para recomendar esta edición, además de la buena presentación del libro, hay que destacar la traducción de Estela Canto […] sin resonancias de españolismos» (26-IX-2004). Creo que esta pequeña reseña fue la primera en Argentina, donde, a diferencia de España13, no se había prestado atención a los tres primeros tomos de Losada. Fue entonces cuando escribí para La Nación el artículo «Sobre los traductores de Proust» (6-XI-2005).

34Aquí señalé en particular las diferencias entre las tres versiones nuevas. Armiño incluyó mucho más que la traducción misma. En el primer tomo doble de A la busca del tiempo perdido agregó un prólogo erudito, un cuadro cronológico, tres diccionarios, una bibliografía y un álbum. Manzano sólo ofreció su traducción, pero, como sugerí, él «se ha esmerado más en el estilo». Aunque no intentó enderezar la sintaxis de Proust, como Berges, modificó la puntuación añadiendo muchos guiones. De la edición de Losada destaqué «las imágenes del genial fotógrafo francés Paul Nadar que figuran en las cubiertas». Éstas eran muy apropiadas porque hacen ver los modelos principales de Proust: Charles Haas (tomo I) y Robert de Montesquiou (tomo IV). En cuanto al lenguaje de su traducción, sostuve que «Estela Canto evitó los argentinismos que se le achacaban tanto a Menasché». De la traducción misma, afirmé que Canto supo «defenderse como traductora de Proust» y que su trabajo de traducción alcanzó «el mismo nivel de capacidad que los dos nuevos traductores españoles…».

  • 14 Barège, Thomas. «Un ping-pong transatlantique: les traductions de Proust en espagnol». Anuario de L (...)

35Después de mi artículo para La Nación, Thomas Barège (quien lo cita) publicó «Un ping-pong transatlantique: les traductions de Proust en espagnol» (2014). Este profesor francés trató de abarcar todas las traducciones en español hasta ese momento y asevera que constituyen «un corpus des plus remarquables pour les études de traductologie». Encuentra debilidades, aun de Salinas y sospecha que los críticos de ambos lados del Atlántico no fueron muy objetivos. De la primera traducción argentina afirma, «Si la version de Menasché n’est pas excellente, elle n’est pas [très] mauvaise…». Comparte mi opinión sobre las tres traducciones nuevas: «elles sont de qualité plus ou moins équivalente». Llama la traducción de Manzano «vive» y «assez concise», pero critica su falta de respeto por la puntuación de Proust. Según Barège, la versión de Armiño es «sérieuse, mais peut par moments manquer de vivacité». Por otro lado no puede negar el valor de su aparato crítico. De la versión de Canto, observa «est une bonne traduction, mais [a la] tendance à peut-être un peu moderniser la langue de Proust…». Empleando les términos de la traductologie, Barège sostiene que la versión de Manzano es «clairement cibliste», la de Armiño «sourcière» y la de Canto «un peu moins sourcière qu’Armiño»14.

36En mi nuevo libro estudié también la traducción de Canto de Sodoma y Gomorra I. Puedo observar, por ejemplo, que cuando la palabra «bedonnant» aparece en otra ocasión (29), ella la tradujo bien como «empieza a engordar» (34). A pesar de mi afirmación de que Canto evitó los argentinismos, debo admitir que para traducir «garçon» (21) ella utilizó la palabra del Cono Sur «mozo» (26) aunque, siguiendo a Quiroga Pla (357), Menasché se había quedado con el vocablo español «camarero» (20). Encontré un resto de la Pléiade I cuando Canto tradujo la frase «la scène préétablie» (1954, II, 605) como «escena preestablecida» (11), aunque no está en la Pléiade II (7). Por otro lado, como en Pléiade II (11), Canto empezó cierto párrafo diciendo «Monsieur de Charlus salió de la tienda…» (15), pero omitió la primera frase de la Pléiade I «Au bout d’une demi-heure…» (609).

  • 15 Romero, Walter. Formas de leer a Proust. Buenos Aires: Fundación Malba, 2022, p. 30.

37Walter Romero pretende haber encontrado en la traducción de Canto el vocablo «lunfardesco “mina”»15, pero no he percibido ningún ejemplo del lunfardo. La palabra más frecuente del dialecto sudamericano en la traducción de Menasché es sin duda «mucamo/ mucama». No afirmo que Canto siempre haya evitado esta palabra dialectal, pero empleó también algunos sinónimos: «camarera», «doncella» y «criada». Por ejemplo en un pasaje sobre «la femme de chambre de Mme Putbus» (120, 122) Canto utilizó cuatro veces «camarera» (133), mientras Menasché sólo repitió la palabra «mucama» (91). También para traducir «fraise» o «fraisette» (356) en su versión de Sodoma y Gomorra Canto se sirvió del cognado «fresas» (385), que es más aceptado en todo el mundo hispano que el vocablo sudamericano «frutilla», utilizado por Menasché (254). Asimismo en la descripción de la llegada de M. de Charlus a la Raspelière, donde está tan cohibido que casi se parece a su hermana, encontramos la palabra «enjuponnement» (300), que se deriva de jupe. Aquí Menasché empleó la palabra dialectal «polleras» (214) mientras Canto prefirió la más generalizada «faldas» (322). Vale la pena notar que a pesar de que en Sodoma y Gomorra I Menasché fue influido por la previa traducción de Quiroga Pla aun en el empleo de palabras castizas, en el resto de Sodoma y Gomorra es mucho más evidente su preferencia por palabras típicamente argentinas.

38Para el close comparison de mi capítulo sobre el cuarto tomo proustiano, escogí para variar un pasaje de Sodoma y Gomorra II: «Las intermitencias del corazón». Como Quiroga Pla no había llegado a este punto en su traducción, usé en su lugar la versión antedicha de Rodríguez Monegal, la cual me pareció muy buena. Sin embargo, no encontré en la de Menasché errores «en cada línea» como aquél había alegado. Admito que el primer traductor argentino vertió mal «présence inconnue» (153) como «presencia infinita» (112) y que «les morts n’existent plus qu’en nous…» (156) es diferente de «los muertos ya no existen en nosotros…» (114). Sin embargo, Gutiérrez hizo casi el mismo número de errores. Tradujo «richesses effectives» (153) como «riquezas afectivas» (167), a pesar de que Menasché dijo «efectivas» (113). También, según Gutiérrez, el equivalente de «sillon» (156) es «abismo» (171) cuando debe ser «surco», como propusieron los otros traductores. Estela Canto tuvo más problemas con la sintaxis que con palabras individuales. En un caso dijo lo contrario del texto original. Para la frase «le contenant […] est plus que le contenu…» (153) ella puso «El continente no es más que el contenido…» (166). De modo similar tradujo mal «ma grand’mère ne fût qu’absente…» (156) como «mi abuela no estaba ausente…» (170).

  • 16 No es fácil traducir el adverbio francés «tantôt». Según su contexto, puede cambiar mucho de signif (...)

39No voy a repetir todos mis ejemplos de variantes porque están en el libro, pero cuando el narrador dice que algunos recuerdos a veces son accesibles, pero en otras ocasiones no lo son, utiliza la expresión francesa «tantôt les unes, tantôt les autres» (153) y la diferencia entre las versiones me parece un indicio de la destreza relativa de cada traductor16. La versión más débil fue la de Menasché porque no hizo ver el contraste entre los distintos momentos: «unas y otras» (113). Gutiérrez empleó un cognado falso: «tanto unas como otras» (167). Berges y Armiño fueron explícitos y correctos: «unas veces unas y otras veces otras» (184; 2002, 666). La versión de Canto fue similar: «a veces unas, a veces otras» (167). Manzano y Rodríguez Monegal se sirvieron de una expresión culta y acertada: «ora unas, ora otras» (2004, 171; 1945, 14). En fin podemos observar en este caso que la traducción de Canto estuvo bien, pero la de Menasché no.

40Para buscar más evidencia sobre la validez de mis hipótesis acerca de las dos traducciones argentinas de Sodoma y Gomorra, examiné en detalle otro fragmento de este tomo: cuando el protagonista y Albertine van por primera vez en tren hacia la Raspelière (248-275). Ante todo subrayo el hecho de que estas dos traducciones argentinas son casi siempre distintas. En muy pocas ocasiones se parecen.

41Aquí no he encontrado ni muchos argentinismos ni errores en cada línea de la traducción de Menasché. Solamente una vez hallé una expresión argentina. Para traducir «chez Mme Verdurin» (274) Menasché escogió «a lo de la señora de Verdurin» (196). En contraste Canto prefirió la versión más aceptada en el mundo hispano: «a casa de los Verdurin» (294).

42Sin duda Canto fue más cuidadosa y no hizo tantas omisiones como Menasché. Por ejemplo, él dejó sin traducir frases como «pour la première fois» (252; 181) y «dix minutes avant le tien» (253; 182), mientras Canto incluyó «la primera vez» (271) y «diez minutos antes que el tuyo» (272). Veamos un ejemplo en que dos omisiones de Menasché cambiaron mucho el sentido. El texto original es el siguiente: «je cherchais comment le baron pouvait connaître Morel. La disproportion sociale […] était trop immense» (255). Menasché sólo escribió «reflexionaba acerca de cómo podía conocer el barón la desproporción social…» (183). En contraste Canto tradujo todo: «procuraba saber cómo el barón podía conocer a Morel. La desproporción social […] era demasiado enorme» (275).

43En cuanto a la acusación por Rodríguez Monegal de que la traducción de Menasché fue de una «literalidad exasperante», no encontré un solo caso en que el primer traductor argentino vertiera un modismo palabra por palabra, como Maristany había criticado, donde la literalidad sí es un defecto porque oscurece el significado real. También hay la cuestión sobre la traducción de todo el texto. Veamos un caso en particular. Cuando M. de Charlus está en una estación de tren y quiere hablar con un soldado, pide la ayuda del protagonista: «Comme vous avez la chance d’être assez jeune, moi, l’ennui d’être assez vieux pour que vous puissiez m’éviter de traverser et d’aller jusque-là…» (254-255). Aquí Menasché tradujo bien parte del texto, pero por descuido omitió una frase: «¡ Qué suerte ser tan joven como usted, así me evita el fastidio de atravesar e ir hasta ella» (183). En el texto de Canto encontramos la inclusión de todos los elementos originales: «Qué suerte tiene usted de ser tan joven, y, para mí, el fastidio de ser bastante viejo para que pueda usted evitarme atravesar e ir hasta allí…» (274). Sin duda la segunda versión argentina es más completa y por lo tanto superior.

44Canto tampoco hizo tantos errores de traducción como Menasché. Una vez él tradujo mal la persona gramatical del verbo. Para verter «dit-il a Morel…» (255) escribió «le dije a Morel…» (183) a diferencia de Canto: «dijo a Morel…» (274). Para traducir el adjetivo «inéluctable» (273) Canto simplemente utilizó el cognado «ineluctable» (293). La versión de Menasché «impostergable» (195) es diferente porque añade un elemento temporal. En otra ocasión Menasché confundió el papel que hace el sustantivo francés «nom» en la oración. En el texto original se dice que «la sonate de Vinteuil» es «inconnue» (263), pero en la versión de Menasché el «nombre» es «desconocido» (188-189). La segunda versión argentina simplemente siguió con fidelidad el texto original (283).

45En estas páginas sólo encontré una traducción cuestionable de Canto. Cuando Cottard hizo salir a un pobre granjero del compartimiento del vagón de tren, Saniette se sintió molesto, salió al pasillo y se puso a la «autre extrémité du tortillard» (268). Aunque el último sustantivo del francés se refiere al tren carreta, es comprensible la versión de Menasché «pasadizo» (192), pero no entiendo por qué Canto escogió «formación» (289).

  • 17 Romero, Walter. Formas de leer a Proust. Op. cit., p. 30.

46De todas maneras estoy de acuerdo con Romero cuando dice que la traducción de Canto «es una versión superadora de la traducción de Menasché y altamente recomendable para los lectores argentinos»17. Como hemos visto, Canto hizo menos errores y omisiones que Menasché y sus equivalentes eran más acertados. También evitó más argentinismos que Menasché.

47El primer indicio de que La prisionera en la edición de Losada era diferente de los tomos anteriores fue una anomalía que no supe explicar. Cuando examinaba para un estudio posible de las distintas versiones en español del texto «La regarder dormir», percibí que la versión de Losada (2005, 68), como la de Menasché (1945b, 63), incluyó «en su sensibildad», a pesar de que tal frase no se hallaba ni en la primera Pléiade (III, 70) ni en la segunda (578). Como hemos visto, Canto parece haber seguido la Pléiade de 1954 y el editor de Losada intentó actualizar la versión de Canto con el modelo de la Pléiade de 1987-1989. De todas maneras cuando empecé a comparar las seis versiones de La prisionera para mi libro, presté atención especial a las semejanzas y las diferencias entre las ediciones argentinas de Santiago Rueda y de Losada. Después de poco tiempo observé algunas de las mismas omisiones en ambos textos. Por ejemplo, siguiendo las palabras «los veinte años» (32; 32) falta en los dos casos una frase más larga «quand j’allai dans le monde» (544) a pesar de que estas palabras están presentes en las ediciones francesas.

48Otra prueba de que la versión de Losada se parece mucho al texto de Santiago Rueda es la repetición de algunos errores que había hecho Menasché. Por ejemplo, refiriéndose a la muerte de Bergotte, el narrador hace la siguiente pregunta: «dans quels gouffres inexplorés le maître tout-puissant nous conduira-t-il ?» (691). Aquí Menasché confundió el equivalente de «maître» «amo» con otra palabra parecida «amor». De este modo su narrador habla del «amor todopoderoso» (164) y luego en la edición de Losada se repite el mismo error (183). Tales equivocaciones sólo pueden explicarse si el traductor o revisor en la segunda versión ha imitado la primera.

49Aunque en las páginas de la versión de Canto de Sodoma y Gomorra II no hallé muchas palabras o expresiones mayormente argentinas, en las dos ediciones de La prisionera aquéllas son bastante frecuentes y precisamente las mismas, lo cual confirma el modelo de Menasché. A pesar de que Canto evitó en el cuarto tomo, como vimos, la expresión «a lo de…» en el quinto tomo ambas versiones dan como equivalente de «chez Jupien» (553) «a lo de Jupien» (40; 42). Para traducir la legumbre «artichauts» (625) las dos versiones argentinas evitaron el equivalente preferido «alcachofa» y emplearon «alcauciles» (106; 115). De modo semejante, la traducción de «haricots verts» (635) fue en ambos casos «chauchas verdes» (114; 125) en vez de «judías verdes». Asimismo esquivaron el cognado de «fraise» (637) «fresa» al seleccionar «frutilla» (116; 127).

50Además de estos ejemplos de omisiones, de errores y de palabras dialectales que muestran muchos casos de coincidencia entre la traducción del quinto tomo de Menasché y la versión del mismo que Losada ha atribuido a Canto, yo cité como ejemplo más extenso, en el capítulo 13 de mi libro sobre las traducciones, una oración completa de ambos textos en que hay muy pocas diferencias entre las dos versiones. No voy a citarla de nuevo porque está en el libro, pero destaco el hecho de que esta oración aparece aun en la primera página (7; 9). Hago hincapié también en el hecho de que tres de las diferencias son mínimas: «quizá» en vez de «quizás», «aturdidor» en lugar de «ruidoso» y «aún» en vez de «todavía».

51Basándome en mis investigaciones, concluí que Estela Canto sólo había llegado a traducir el cuarto tomo de la Recherche, Sodoma y Gomorra, antes de abandonar su trabajo. No obstante, cuando Losada reanudó su proyecto de publicación no quería admitir que su traductora sólo había completado los cuatro primeros tomos. Por fin Losada contrató para el último a otra traductora, pero prefería que su editor Miguel de Torre diera la impresión falsa de que Canto hubiera traducido tambien La prisionera y Albertina desaparecida. A lo mejor la competencia con las dos nuevas traducciones unitivas de España ha influido en esta decisión.

  • 18 Según Guillermo de Torre, se conocieron en el Ateneo de Madrid hacia 1917. De Torre, Guillermo. «Pe (...)

52Admito que es posible, aunque no muy probable, que tras la publicación de la segunda Pléiade en 1987-1989 y antes de su muerte en 1994, Estela misma hubiera comenzado a revisar su traducción. De todas maneras cuando yo estaba en Buenos Aires en octubre de 2016 y expliqué a mi colega argentino Guillermo David mi hipótesis de que Canto no hubiera llegado a traducir La prisionera, él me dio el número de teléfono de Jorge Lafforgue. Cuando este oficial de Losada me dijo que ignoraba la situación real, pero me ofreció el número de Miguel de Torre Borges, me llenó de contento. Por suerte este editor de Losada estaba en casa y me respondió que yo sí tenía razón. Quizás otra persona hubiera sido menos honesta, pero este sobrino de Jorge Luis Borges e hijo de un amigo de Pedro Salinas, Guillermo de Torre18, fue muy franco. Según él, fue más bien por humildad y por su deseo de quedarse como editor que él dejó que apareciera el nombre de Estela Canto en esos dos tomos. Además, hay que reconocer que fue necesario que él aceptara como modelo de la nueva versión la primera traducción de Menasché, a pesar de sus debilidades.

53Esta maniobra parece un caso de deshonestidad. El nombre del traductor debe ser el verdadero y una llamada «nueva» traducción tiene que ser más que la revisión de un texto anterior. Sin embargo, no quiero hacer una acusación de malfeasance. Me importa más dar testimonio a la verdad que acusar a nadie. Este caso es más grave que la atribución a Salinas de Sodoma y Gomorra en la edición de 1995 porque ésa podría explicarse simplemente como un descuido del impresor. Sin duda algunos oficiales de Losada tuvieron que saber que Canto no había llegado a traducir los tomos cinco y seis.

54De todas maneras prefiero hacer resaltar cómo el editor de Losada mejoró la versión de Menasché rectificando algunas omisiones y otros errores en el texto. Ya cité varias lagunas que percibí en la edición de Losada de La prisionera, pero me urge constatar que el número de veces en que otras omisiones fueron rellenadas fue mucho mayor. Como prueba sólo cito unos ejemplos del comienzo del tomo. En la página 10 de la edición de Santiago Rueda, Menasché omitió después de «cada noche» «avant de me quitter» (520), pero en la versión nueva aparece «antes de dejarme» (8). Asimismo en la página 12 falta después que «tanta impaciencia» «perdant sa gaieté» (522), pero leemos en la edición de Losada «pierde su elegancia» (10).

55Son también numerosas las correcciones de la traducción de Menasché. En una oración de la página 14 Menasché dijo justamente lo contrario de Proust, pero Miguel de Torre rectificó este error. Para traducir la frase «non pas à demi-mot, mais franchement, hautement…» (525) Menasché había escrito «a media voz, ya que no francamente y en voz alta…». En la edición de Losada leemos: «no a media voz, sino francamente y en voz alta…» (13). El editor de Losada corrigió también la mala traducción de «impuissance» (539) «impaciencia» (27) escribiendo «impotencia» (28). Es evidente que Menasché no conocía bien el primer tomo de la Recherche porque tradujo el «côté de Méséglise» (664) como el «lado de la iglesia» (140). Como es natural, vemos el «lado de Méséglise» (155) en la edición de Losada.

56No niego el aspecto físico diferente de los dos textos cuya división en párrafos es a veces muy distinta debido en parte a la edición francesa utilizada. En el caso de La prisionera Menasché se sirvió de quizás la primera edición de 1923 y el editor de Losada usó como modelo la edición de la Pléiade de 1988. Por otra parte, a lo largo de toda la edición de Losada, Canto y el editor siguieron la convención española para las conversaciones dentro de un texto narrativo e iniciaron otro párrafo cuando comienza a hablar un personaje distinto. Esta forma es muy diferente del modo de Menasché, quien simplemente imitó los párrafos muy largos de Proust.

  • 19 Craig, Herbert. Assessing the English and Spanish… Op. cit. p. 288-289, 293-294.

57Como expliqué en mi tercer libro, la edición de la Pléiade de 1954 a veces agregó unos fragmentos que no se encontraban en las ediciones anteriores, y por eso estaban ausentes de la traduccción de Menasché. Para que el texto de la edición de 2005 incluyera todo lo que está en la segunda Pléiade, Miguel de Torre utilizó como modelo la traducción por Berges, que contenía la mayoría de estos fragmentos. En un caso presenté uno que fue añadido en la nueva Pléiade y por eso no tenía un modelo posible en las versiones anteriores. Aquí no le quedó a Miguel de Torre más remedio que crear su propia traducción19.

58No voy a examinar aquí el trabajo que Miguel de Torre realizó en el tomo siguiente Albertine desaparecida, que Canto tampoco había traducido. De lo que he podido colegir en las primeras páginas (como en La prisionera) me parecen evidentes el modelo anterior de Menasché y los esfuerzos del editor de Losada por hacer correcciones en cuanto a las omisiones y errores y por poner al día la edición de Santiago Rueda.

  • 20 Véase mi discusión de esta peculiaridad de Moncrieff. Ibid., p. 54-55, 58.

59Quiero alabar el trabajo paciente del editor que hizo mucho más de lo que este oficio normalmente requiere, en cuanto a la corrección de textos o de pruebas. No me atrevo a llamarlo traductor, porque fue Menasché quien había creado el texto previo. En gran medida Miguel de Torre actuó como Terence Kilmartin o D. J. Ennright en sus dos revisiones de la traducción inglesa de Scott Moncrieff. Hicieron algunas correcciones de palabras individuales o múltiples, suplieron omisiones, tomaron en cuenta las modificaciones del nuevo texto en francés, y a veces trataron de mejorar el estilo si era diferente del modo de Proust. Como observé en mi libro, Kilmartin y Enright, por ejemplo, redujeron el número de doublings que constituían una característica superflua de la versión de Scott Moncrieff20.

60Si tuviera que citar una debilidad semejante en el texto de Menasché, diría que fue su tendencia a emplear regionalismos y aun a repetirlos. Como señalé en la traducción de Canto de Sodoma y Gomorra, ella escogió en general las palabras más generalizadas y cuando usó vocablos rioplatenses evitó su repetición, empleando sinónimos. En contraste, en la edición de Losada de La prisionera, el editor simplemente reprodujo las palabras y expresiones regionales de Menasché. Por lo tanto no creo que sean tan buenos los tomos cinco y seis de la edición de Losada como los cuatro primeros de Canto.

61De todas maneras el editor de Losada ha proporcionado para sus lectores una versión actualizada de La prisionera y Albertina desaparecida que refleja los cambios que se habían hecho en la nueva Pléiade, como había sido el caso en los tomos que él editó de la traducción de Canto. En este sentido Miguel de Torre se parece a los revisores de Moncrieff que habían seguido la segunda Pléiade.

62Por otra parte, hay que reconocer que le quedaba otra alternativa a Losada. De igual manera que eligió para el último tomo contratar a otra traductora, Losada habría podido ofrecerle la posibilidad de traducir antes los tomos cinco y seis. Así Isnardi habría podido hacer su propia versión de estos tomos y Losada no habría sido vulnerable a la acusación de falsa atribución de ellos a Canto ni de haber hecho algo deshonesto si no ilegal. Desafortunadamente escogió la mera apariencia de algo real. Para ser más rectos y justos a los que realmente fueron responsables del quinto y sexto tomo de la obra proustiana en español, habría sido mejor que la editorial Losada pusiera «Traducido por Marcelo Menasché y revisado por Miguel de Torre Borges».

63En cuanto a la traducción de Menasché hay que reconocer que tenía ciertas flaquezas, pero no fue tan mala como Rodríguez Monegal y Cano habían sostenido. El hecho de que Gutiérrez y Miguel de Torre pudieron aprovecharse de la versión de Menasché en la creación de sus propios textos da testimonio a su valor relativo. Por otra parte, siempre debemos agradecer a los que «abren camino» en cualquier trabajo intelectual o de otra índole. Sin su aporte inicial posiblemente nunca se hubiera hecho todo lo posterior. Podemos decir lo mismo acerca de la editorial Santiago Rueda, a pesar de que no tenía el propósito, como Ocampo, de crear una élite intelectual en Argentina. Aunque sus motivos eran más bien económicos, Santiago Rueda dio acceso a unas obras excelentes e innovadoras como las de Proust y Joyce.

64De igual manera que debemos reconocer el valioso trabajo que hizo Estela Canto a través de su nueva traducción argentina de Sodoma y Gomorra y de los tres tomos anteriores, se debería dar crédito a Miguel de Torre Borges, su revisor, y no sólo editor de La prisionera y Albertine desaparecida. Asimismo, a pesar de su falsa atribución, fue laudable lo que hizo la casa editorial Losada para crear la segunda versión argentina de En busca del tiempo perdido. Fue una edición completa y bastante mejor que la primera edición en español de la Recherche en Argentina y en todo el mundo hispano, la de Santiago Rueda.

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Romero, Walter. Formas de leer a Proust: Una introducción a En busca del tiempo perdido. Buenos Aires: Fundación Malba, 2022.

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Notes

1 En cuanto al adequacy [suficiencia] léxico que el traductor y el crítico de traducciones deben considerar, según Reiss, se entiende que es necesario tomar en cuenta quienes serán los lectores del texto meta. Reiss, Katharina. Translation Criticism. The Potentials & Limitations: Categories and Criteria for Translation Quality Assessment. Manchester: St. Jerome Publishing, 2000, p. 57-59, 66.

2 Craig, Herbert. Assessing the English and Spanish Translations of Proust’s À la recherche du temps perdu. New York: Peter Lang, 2020, p. 241-244.

3 Agrego que antes que 1945 no se publicó casi nada sobre Proust en España debido a su tratamiento de la masculinidad. Craig, Herbert. The Reception of the Writings of Marcel Proust in Spain. Lewiston: The Edwin Mellen Press, 2012, p. 140.

4 En su artículo «Palabras francesas» (poco después de fundar Sur), Ocampo llamó «a Proust en testimonio de [su] verdad» para justificar su admiración por la lengua francesa en que había aprendido a leer.

5 Anderson Imbert, Enrique. Historia de la literatura hispanoamericana. II. México: Fondo de Cultura, 1974, p. 402-403.

6 Véase la entrevista con Canto. Fares, Gustavo; Hermann, Eliana Cazaubon. Contemporary Argentinean Women Writers. Gainesville: University Press of Florida, 1998, p. 19.

7 Citado por Mecca, Daniel. «Estela y su hermano Patricio…». Clarín, 28-VII-2017.

8 A partir de 2022 Armiño comenzó a publicar una revisión de su propia traducción de Por la parte de Swann (El Paseo Editorial).

9 Cito aquí la segunda Pléiade. Proust, Marcel. À la recherche du temps perdu. III. París: Gallimard, 1988, p. 4. En el futuro para esta edición y las versiones en español, indicaré en el texto primero el año y el tomo (si no los he citado antes) y luego la página.

10 Maristany, Luis. «Informe crítico: Proust en España». Voces, 3 (1982), p. 65.

11 Berges, Consuelo. «La traducción y mi traducción de Proust». El Urogallo, 11-12 (IX/XII-1971), p. 75.

12 Craig, Herbert. Assessing the English and Spanish… Op. cit., p. 268-269.

13 En España se publicaron varios artículos sobre los dos tomos iniciales de Armiño y Manzano. Craig, Herbert. Reception of the Writings of Marcel Proust in Spain. Op. cit., p. 372-374.

14 Barège, Thomas. «Un ping-pong transatlantique: les traductions de Proust en espagnol». Anuario de Letras Modernas, 19 (2014), p. 83-97.

15 Romero, Walter. Formas de leer a Proust. Buenos Aires: Fundación Malba, 2022, p. 30.

16 No es fácil traducir el adverbio francés «tantôt». Según su contexto, puede cambiar mucho de significado: «esta tarde» o «algunas veces».

17 Romero, Walter. Formas de leer a Proust. Op. cit., p. 30.

18 Según Guillermo de Torre, se conocieron en el Ateneo de Madrid hacia 1917. De Torre, Guillermo. «Pedro Salinas en mi recuerdo y en sus cartas». Buenos Aires Literaria, 13 (X-1953), p. 89.

19 Craig, Herbert. Assessing the English and Spanish… Op. cit. p. 288-289, 293-294.

20 Véase mi discusión de esta peculiaridad de Moncrieff. Ibid., p. 54-55, 58.

21 Utilizo las letras «a» y «b» para distinguir en el texto entre Sodoma y Gomorra y La prisionera que fueron publicadas por Santiago Rueda en el mismo año 1945.

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Pour citer cet article

Référence électronique

Herbert E. Craig, « Las dos versiones argentinas de Sodoma y Gomorra y La prisionera de Marcel Proust: semejanzas y diferencias (incluso de dialectología léxica) »Catalonia [En ligne], 33 | Deuxième semestre 2023, mis en ligne le 15 décembre 2023, consulté le 21 juin 2024. URL : http://0-journals-openedition-org.catalogue.libraries.london.ac.uk/catalonia/5633 ; DOI : https://0-doi-org.catalogue.libraries.london.ac.uk/10.4000/catalonia.5633

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Auteur

Herbert E. Craig

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