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Gouverner, c'est cartographier

Mapa, territorio y literatura. Vicente Blasco Ibáñez y Argentina y sus grandezas (1910)

Carte, territoire et littérature. Vicente Blasco Ibáñez et Argentina y sus grandezas (1910)
Alexandre Bataller Catala
p. 163-178

Résumés

Les œuvres de l’écrivain valencien Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928) se prêtent à être transformées en cartes littéraires afin de rendre visibles les lieux de ses romans. Sa vie peut également être visualisée sous forme de carte, comme le montrent son itinéraire littéraire ou celui de ses livres de voyages à travers le monde. Blasco Ibáñez a voyagé pour la première fois sur le continent américain en 1909, où il a parcouru plusieurs pays : l’Argentine, l’Uruguay, le Paraguay et le Chili, donnant plus de cent-vingt conférences. À son retour en Espagne, en janvier 1910, il commence à écrire Argentina y sus grandezas, un livre écrit sur commande, entre l’encyclopédie et le carnet de voyage, hommage au Centenaire de l’Indépendance de la République argentine (25.5.1910). Le livre comprend la lithographie d’une carte en couleurs de la République argentine, des reproductions de cartes des xvie et xviie siècles, et montre une composition basée sur des cartes. Les cartes sont utilisées dans une intention idéologique, propagandiste et nationaliste d’une République Argentine en expansion qui incorpore la Patagonie et oublie la population indigène. Le succès de cet ouvrage a inspiré la décision de Blasco Ibáñez de coloniser deux territoires argentins périphériques : Cervantes et Nueva Valencia (1910-1914). Connaisseur des travaux géographiques et adepte des frères Reclus, ses actions et son œuvre littéraire montrent l’importance, pour accéder au savoir, d’avoir un accès personnel au territoire, plutôt qu’aux cartes décontextualisées de la réalité.

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Texte intégral

Introducción: Blasco Ibáñez, una vida y obra vinculada a los mapas

1El escritor Vicente Blasco Ibáñez, nacido en Valencia en 1867 y fallecido en su «villa» de Mentón en la Costa Azul en 1928, fue un escritor prolífico que alcanzó la fama mundial y un político y comunicador vehemente que movilizaba a las masas. Y, muy singularmente, un viajero avanzado a su tiempo:

Seguramente no existe en el mundo otro escritor más viajero que el valenciano Blasco Ibáñez, no sólo dio la vuelta al mundo en los últimos años de su vida, sino que toda ella fue un continuo viaje, bien por razones políticas, literarias, económicas o lúdicas [...] (Bas, 2003: 227)

2En trabajos anteriores (Bataller, 2021), hemos estudiado la obra de Blasco Ibáñez desde el contexto de la geografía literaria, por las posibilidades que ofrece su vida en relación con la realización de rutas literarias con finalidades educativas y turísticas. En este sentido, debemos señalar que la vida y la obra de Blasco Ibáñez son propicias a la creación de mapas literarios, de distinto signo y función, con el objeto de visibilizar y poner en valor los lugares literaturizados en sus novelas (rutas literarias por la Valencia urbana y el paisaje de la Huerta y la Albufera, entre otros). Por otra parte, su obra puede ser leída también de forma cartográfica como avalan su vida y sus viajes, y en concreto su itinerario literario y viajero alrededor del mundo (1923-1924). De hecho, es frecuente el uso de mapas como representación de los múltiples viajes de Blasco en exposiciones sobre su vida y obra. En este trabajo nos aproximamos, desde un abordaje metodológico enmarcado en la geocrítica, que contempla el estudio literario y el contexto histórico de la obra del escritor valenciano, al uso y concepción que un escritor viajero y hombre de acción dio a los mapas, como un instrumento ideológico y propagandístico, en el libro Argentina y sus grandezas, publicado en el año 1910. Destacamos, además, como sus planteamientos teóricos fueron llevados a la práctica con su conversión en colono en las tierras argentinas de Río Negro y Corrientes.

3Blasco Ibáñez fundó en 1894 el diario El Pueblo, órgano del republicanismo radical, que destacaba por sus campañas antirreligiosas y antirregionales. El diario, que estuvo activo hasta 1936, fue dirigido por Blasco entre 1894 y 1906, después de un exilio en París en 1890 y con castigos en la cárcel en 1896. Fue diputado a Cortes en varias legislaturas (1898, 1899, 1901, 1903, 1905, 1907) hasta su abandono en 1908 de la política activa, aunque el «blasquismo» continuó vigente en la vida política valenciana, con el Partido de Unión Republicana Autonomista (PURA). En el terreno ideológico, se le ha reprochado a Blasco su populismo, la demagogia de su oratoria y su falta de identificación con el nacionalismo valencianista.

Viaje a Argentina: Buenos Aires y la gira argentina de siete meses (1909)

4Cuando, el 20 de mayo de 1909, Blasco embarcó en Lisboa en el transatlántico Cap Vilano rumbo a Buenos Aires, el París de América, el escritor era en Valencia un auténtico ídolo de masas, a quien miles de personas admiraban y, en toda España, era muy conocido como novelista y como un referente del republicanismo. En un artículo de ese mismo año, el escritor expresa su emoción por este viaje a Argentina:

De mis antiguos amores geográficos solo queda en pie una ilusión: ¡Buenos Aires! ¿Cómo será Buenos Aires? [...] Me siento atraído por la fresca juventud de un continente que es el mañana de la humanidad, la reserva de energías y entusiasmos de un mundo que envejece y se corrompe al otro lado del Atlántico. Voy a la Argentina como viajero artista, como escritor, para ver de cerca las cosas, estudiarlas lealmente y luego contar mis impresiones. (Blasco Ibáñez, 1909)

5Blasco Ibáñez era ya conocido en Argentina por sus libros y por los artículos que publicaba regularmente en la prensa local. La publicitación de su visita provocó que su llegada a Buenos Aires el 6 de junio de 1909 tuviera una recepción tan multitudinaria: decenas de miles de personas (se han llegado a calcular unas 80.000) lo esperaron en el puerto y lo acompañaron en masa hasta el centro de la ciudad (véase al respecto Martínez de Sánchez, 1994).

6Llegó a Buenos Aires para impartir doce conferencias, generosamente remuneradas, en el teatro Odeón de Buenos Aires, que se completaron con ciento veinte conferencias más en centros asociativos y escuelas en una gira por diferentes provincias argentinas (Chacabuco, Rosario, Santa Fe, Paraná, Santiago del Estero, Tucumán y Jujuy) amén de las visitas a Paraguay, Uruguay y Chile (véase San Martín, 2020).

7Como ha documentado Alicia San Martín (2020), llegó con una carta de recomendación de Roque Sáenz Peña, ministro argentino en Roma, que entregó al presidente de la República Argentina, José Figueroa Alcorta, en la visita que le hizo el siete de junio de 1909, al día siguiente de su llegada. En su conversación hablaron de la intención de escribir un libro, que significaría un instrumento de propaganda internacional para la Argentina y una oportunidad para los negocios editoriales de su autor. Al día siguiente entregó al expresidente Julio Argentino Roca otra carta de recomendación, la de Eduardo Wilde, Ministro Plenipotenciario de la República Argentina en España, con la intención de abrir contactos, a los cuales se añadirá la maquinaria propagandística de la prensa porteña que facilitó el conocimiento de la figura de Blasco y de su obra entre el gran público. Una vez concluido el libro, cuando a principios de agosto de 1910 embarcará para Argentina con ejemplares de la obra, regalará un volumen a la reina Amelia en Lisboa. En el buque, coincidirá con Roque Sáenz Peña, elegido nuevo presidente de la República Argentina el 13 de marzo de 1910 y que tomará posesión el 12 de octubre, a quien había obsequiado con un banquete en Madrid en el mes de julio.

8Después de seis meses recorriendo Argentina («Millares de leguas recorridas en vapor, en ferrocarril o a caballo, por bosques, llanos y montañas» como resumía su travesía la revista Caras y Caretas) y de escribir notas en sus cuadernos, comprar libros y observar costumbres y paisajes, regresó a España a principios de enero de 1910 para redactar el libro sobre Argentina que tenía que acabar entre mayo y junio para regresar a Buenos Aires para la Conmemoración del Centenario de la Independencia el día veinticinco de mayo de ese año.

Argentina y sus grandezas: una obra geográfica de 1910 escrita en seis meses

9El libro Argentina y sus grandezas fue redactado en Madrid entre los meses de enero y junio de 1910. Para componer la obra se trajo de Argentina –como revelan las notas de prensa– mapas, además de toda clase de documentación, libros, estadísticas, memorias, apuntes y fotografías que había tomado él mismo. El objetivo era presentar una información precisa sobre producción, industrias, clima y población de un país que ofrecía múltiples posibilidades de crecimiento.

10En la declaración inicial de intenciones queda claro que se trata de un libro que debe ser «leído fuera de la República, especialmente en Europa». El libro describe el Centenario que festeja el nacimiento de una nación («de un pueblo que casi acaba de nacer») y el papel de España como «vieja madre» de una «hija suya, fuerte y hermosa». Una obra de encargo, por tanto, al servicio de la ideología dominante.

11En una entrevista realizada al novelista en septiembre de 1909, éste adelantaba que se trataría de una obra monumental en la que «irá mezclada a la seriedad del libro de estudio y de cronista, la nota pintoresca puesta en sus páginas por el temperamento del novelista» (La Argentina, 28-9-1909). La lectura de la obra todavía sin editar impresiona sobremanera al escritor Eduardo Zamacois, que visita al escritor de cuarenta y tres años instalado en un hotel de Madrid:

Vicente Blasco Ibáñez me enseña los últimos pliegos de su obra Argentina y sus grandezas, que publicará en breve; obra interesantísima, monumental, de historiador y de poeta. Formará un volumen magnífico, digno ciertamente de la gloriosa República á quien va dedicado, con más de mil páginas y más de tres mil grabados, láminas en color, planos, etc., y cuya edición no costará menos de treinta mil duros. […] Su autor lo compuso trabajando en él doce y catorce horas diarias, durante cinco meses: fué un esfuerzo inverosímil que, sólo una complexión privilegiada como la suya, hubiese resistido. (Zamacois, 1910: 110)

12La edición de Argentina y sus grandezas, lujosa y monumental, fue publicada por la propia editorial del novelista valenciano, La Española Americana, con más de setecientas páginas y múltiples ilustraciones seleccionadas por el propio Blasco. El libro, que se presenta como una geografía al uso, aunque tiene mucho de diario o crónica de viaje, se encabeza con una introducción de título programático («Con rumbo a la esperanza») y se divide en cinco bloques que abarcan todo el territorio: «El País Argentino», «La Argentina de ayer», «La Argentina de hoy», «Las provincias argentinas» y «Los territorios nacionales».

13En esta obra, de marcado contenido ideológico, Blasco escribe de forma laudatoria tanto del presidente saliente José Figueroa Alcorta como del entrante Roque Sáenz Peña. Defiende al primero de las críticas y lo elogia por el progreso y civilización que conllevan sus obras. Del segundo, destaca su celebridad en Europa y su defensa de España durante la guerra con los Estados Unidos.

Una cartografía de Argentina que incluye Patagonia y olvida a los indígenas

14Los mapas que se incluyen en la obra forman parte de un calculado plan ideológico. Como ha estudiado Carla Lois (2015), la producción cartográfica argentina, desde sus inicios hasta el período de entreguerras, se caracterizó por la reelaboración del pasado en clave nacionalista. Las cartas geográficas generales fueron reemplazadas por mapas políticos. A la cartografía se le confieren, por tanto, «valores nacionales, nacionalistas y nacionalizantes» (Lois, 2015: 201).

15Una primera descripción geográfica y estadística sobre la República Argentina fue la encargada por el entonces presidente General Justo José de Urquiza al médico francés Víctor Martin de Moussy. Una obra geográfica en tres volúmenes (1860-1864) y un atlas (1869) compuesto por treinta cartas geográficas, de cada una de las provincias. Como ha estudiado Pedro Navarro (1999), Martin De Moussy es el exponente del «olvido oficial» de los pueblos indios a nivel de divulgación y en los materiales destinados a dar a conocer el país a los potenciales inmigrantes e inversores del exterior. Su aporte a la construcción ideal del Estado consistió en la representación de un país sin indios, con la idea del desierto fecundable, que esperaba la mano del hombre (blanco, inmigrante, trabajador agrícola, preferentemente anglosajón). El olvido deliberado de la entidad social y política de los pueblos originarios, la imagen de un país sin indios reales, respondían al propósito de transformar el «desierto» en un «nodesierto» a través de la colonización y del reemplazo de los «salvajes» por hombres civilizados.

16En este sentido, las opiniones que vierte Blasco sobre la población indígena no resisten el paso del tiempo. Se contrasta, en todo momento, la civilización con la barbarie y los indios son considerados «restos de humanidad primitiva», desconocidos para la nueva población argentina asentada en el país durante las últimas generaciones:

…no vaya á imaginarse el lector extranjero que los indios de la Argentina representan una fuerza en la vida del país. La inmensa mayoría de los argentinos, ni los conocen ni los han visto nunca. […] El noventa por ciento de los argentinos no han visto jamás un indio. Para conocerlos hay que ir en su busca, y viven muy lejos, en los remotos confines de una nación inmensa. Además, el argentino no siente interés por ellos… (Blasco, 2010: 82)

17Blasco señala que la escuela derrota al extranjerismo y habla del «poder de asimilación que convierte en argentino al hijo del europeo». El papel de la educación tiene que ver con la asimilación lingüística del castellano, tanto de los indígenas como de la variedad de pueblos europeos. El indio civilizado se destaca por hablar el castellano. Los que no conocen la lengua están fuera de la civilización: «Son restos étnicos de la raza quichua, que sólo hablan esta lengua, lo que les hace vivir aislados en el campo y con una mentalidad igual á la de hace cuatro siglos» (Blasco, 2010: 622). Una visión de la conquista aparece en todo momento idealizada: «Apellidos sonoramente castellanos, que recuerdan á personajes de Lope de Vega y Calderón, se encuentran llevados por gentes del populacho» (Blasco, 2010: 101). La visión histórica de Blasco destaca la «fusión de la raza blanca y la indígena» que arranca con la conquista de los territorios del Plata por los españoles. De hecho, la mezcla con las tribus del Norte y Oeste dio como resultado, según el escritor valenciano, que «en poco más de cuarenta años, de 1553 á 1596, levantaron las principales poblaciones argentinas, que luego han sido sus capitales» (Blasco, 2010: 93).

18Entre las ilustraciones que reproduce Argentina y sus grandezas, podemos señalar la presencia de seis referencias cartográficas de los siglos xvi y xvii (Blasco, 1910: 160-166), que tienen la función de situar históricamente la representación cartográfica de Argentina, incluyendo las tierras lejanas de la Patagonia, entre las cuales se encuentran diversos mapamundis, algunos de ellos utilizados por navegantes españoles y portugueses, como mostraremos a continuación. Los pies de foto con que se presentan son los siguientes:

19• Mapa tomado de «El arte de navegar», de Pedro Medina (1545)
• Mapa de Diego Gutiérrez (1562)
• Mapa de Patagonia, según la «Description du penible voyage» (1604)
• Mapa de América, de la «Cosmografía», de Bellero (1554)
• El río de la Plata y la Patagonia, según el mapa de Joao Freiré (1546)
• Un fragmento de un mapamundi francés (1546)

20Para comparar el nivel de reproducción gráfica presentamos a la izquierda una imagen del original de Pedro de Medina, Arte de navegar (Sevilla, 1545) y a la derecha la reproducción ofrecida en el libro (fig. 1).

Fig. 1. Pedro de Medina, Arte de navegar (Sevilla, 1545).

Fig. 1. Pedro de Medina, Arte de navegar (Sevilla, 1545).

21Apreciamos a continuación (fig. 2) el sencillo dibujo que se presenta de América (en la imagen, a la derecha) elaborado a partir del original de Diego Gutiérrez de 1562 (a la izquierda de la imagen).

Fig. 2. Diego Gutiérrez, Americae Sive Quartae Orbis Partis Nova Et Exactissima Descriptio (Amberes, 1562).

Fig. 2. Diego Gutiérrez, Americae Sive Quartae Orbis Partis Nova Et Exactissima Descriptio (Amberes, 1562).

22En esta otra imagen (fig. 3), se presenta la reproducción del Mapa de Patagonia, según la «Description du penible voyage» editada en Amsterdam en 1604.

Fig. 3. Oliver van Noort. Description du penible voyage de faict entour de l’univers ou globe terrestre (Amsterdam, 1604, 2a ed.).

Fig. 3. Oliver van Noort. Description du penible voyage de faict entour de l’univers ou globe terrestre (Amsterdam, 1604, 2a ed.).

23A continuación, a la izquierda (fig. 4), puede observarse el mapa de América, de la «Cosmografía», de Bellero (1554) y a la derecha (fig. 5) el dibujo del río de la Plata y la Patagonia, según el mapa de Joao Freire (1546).

Fig. 4. Juan Bellero, Mapa de America (Amberes, 1554).
Fig. 5. Joao Freire (1546).

Fig. 4. Juan Bellero, Mapa de America (Amberes, 1554).Fig. 5. Joao Freire (1546).

24Como último ejemplo de representación cartográfica presentamos, en la imagen de la izquierda, un detalle referido a América del Mapamundi de Dieppe (1546) y a la derecha, el sencillo dibujo, con una pobreza absoluta de medios gráficos, que se ofrece en el libro como versión del primero (fig. 6).

Fig. 6. Mapamundi de Dieppe (1546).

Fig. 6. Mapamundi de Dieppe (1546).

25Con mucha más calidad de reproducción tipográfica se incluye en el libro una litografía desplegable de un mapa a color de la República Argentina, que consideramos una muestra de los avances de la cartografía argentina a primeros de siglo (fig. 7). Un precedente en la incorporación de la Patagonia con una línea continua similar a los contornos actuales es el mapa de la Exposición Universal de Filadelfia de 1876, entendido como carta de presentación ante la comunidad internacional (véase Lois, 2012: 14). En la fig. 8, como elemento comparativo, mostramos el mapa del Centenario de 1910, muy similar en forma, contenido y objetivos al anterior.

Fig. 7. Mapa Argentina y sus grandezas (1910).
Fig. 8. Mapa del Centenario (1910).

Fig. 7. Mapa Argentina y sus grandezas (1910).Fig. 8. Mapa del Centenario (1910).

26En el contexto del Centenario, entendido como una celebración de la «argentinidad» con narrativas en torno a un conjunto de tópicos considerados positivos –la modernidad, el progreso económico, la civilidad–, con la finalidad de dar solidez a un imaginario nacional, se ofrece el espectáculo de una «geografía imaginada» de una comunidad imaginada, un mapa que intenta presentar una figura a una nación nueva como un personaje más dentro del concierto del teatro del mundo (Lois, 2010). El espectáculo cartográfico, como hemos comentado, era parte del discurso nacional, que buscaba posicionar a Argentina en el teatro de las naciones modernas como uno de los actores legítimos. En un contexto en el que el público internacional todavía no asociaba necesariamente la Patagonia a la Argentina, estos mapas insisten en presentarla integrada en el territorio nacional:

…en el contexto de las ofensivas militares sostenidas contra los indígenas –iniciada con las campañas a la Patagonia (1879) y al Chaco (1884)– y de un conjunto amplio de políticas de construcción de la nacionalidad argentina (de entre las que destaca la masificación de la educación pública y el desarrollo de la currícula geográfica) que obliteraron deliberadamente la cuestión indígena, este mapa destaca, como muchos otros de su tiempo, en la eliminación de toda huella de formas de organización territorial indígenas que todavía funcionaban en algunas zonas del Chaco y de la Patagonia (y que estaban organizadas bajo la figura de «territorio nacional»). Así, la «plantilla» de la modernidad se impone sobre un territorio que parece haber sido transformado en una tabula rasa respecto del presente y también del pasado. (Lois, 2010: 192-193).

El magisterio geográfico de los hermanos Reclus

27Blasco Ibáñez destaca en su tratado cuatro obras geográficas de referencia sobre Argentina, sobre las cuales hace atinados comentarios críticos. Son la obra pionera de Jean-Antoine Victor Martin de Moussy (1869), la de Francisco Latzina (1891), la de Urien y Colombo (1905), y la de Enrique de Vedia (1907):

La geografía argentina tuvo su primer autor en el sabio francés Martin de Moussy, que, contratado por el general Urquiza, recorrió y estudió la República, escribiendo la Descripción de la Confederación Argentina. Después de esta obra de gran mérito, por ser la primera y haber obligado á su autor á emprender penosos viajes, se han publicado otros libros geográficos muy apreciables. Figura á la cabeza de ellos una Geografía de la República Argentina, de Don Francisco Latzina, quien dirigió por muchos años las oficinas de Estadística Nacional. Otra Geografía Argentina, escrita por los señores Don Carlos M. Urien y Don Ezio Colombo, ofrece al extranjero gran facilidad para enterarse de las condiciones físicas del país y las particularidades morales de su carácter y su historia. Es una obra la de Urien y Colombo muy útil para la vulgarización geográfica de la Argentina y abundante en observaciones justas. Otra Geografía notable es la de Don Enrique de Vedia, ilustrado rector del Colegio Nacional de Buenos Aires y autor de meritorios estudios sobre la educación. El libro de Vedia, pequeño de volumen, tiene páginas de vibrante estilo, con pensamientos muy originales y atinados. (Blasco, 1910: 373-374).

28La primera muestra palpable del interés geográfico de Blasco la constituye la traducción al castellano de la Geografía Universal de los geógrafos Élisée Reclus (1830-1905) y Onésime Reclus (1837-1916), hermanos a quienes conoce y admira («¡Gloriosa familia de sabios, modestos y buenos! ¡Estirpe venerable de santos laicos, sin otra religión que la dulzura y el amor al semejante!...» Blasco, 2014: 291). En el prólogo de esta obra de seis volúmenes, Blasco Ibáñez deja claro cuál es el modelo de geógrafo y escritor que toma como modelo para sí:

De 1855 a 1857 recorrió la América del Sur, muchas veces solo y a pie, por regiones despobladas, sufriendo inauditas privaciones, estudiando de cerca la naturaleza virgen. En Colombia se detuvo algún tiempo intentando de nuevo sus ensayos de agricultura. Durante este período de aventuras, no sólo observó las costumbres, sino que estudió directamente en el gran libro de la Tierra. Un enorme trabajo se verificaba lentamente en su cerebro. Sería escritor; sería geógrafo; describiría las formas y la historia del planeta, estudiado por él, no en la soledad de un gabinete, siguiendo las rayas trazadas sobre grandes hojas de vitela, sino midiéndolo con sus pies, arrostrando los peligros de sus misterios, observando directamente la infinita variedad de los seres que lo pueblan. (Blasco, 2014: 276)

29Juan Bautista Codina (1998: 16) ha señalado que «en la vida y en la obra de Blasco, en mi opinión, hay un antes y un después de entablar relación con los hermanos Reclus. Su obra Argentina y sus grandezas, así como La vuelta al mundo de un novelista muestran una clara influencia de la obra de estos geógrafos». De alguna manera, el trabajo de Elísée Reclus, que «Para cada uno de los volúmenes tuvo que estudiar y extractar mil libros aproximadamente y un número incalculable de mapas» y de su hermano Onésime que después de viajar «comenzó su existencia de escritor, dando por terminada esta vida errante y aventurera que había durado quince años» son el modelo en que se inspira Blasco. De esta manera se refiere a Onésime:

Elíseo le proporcionó ocupación como geógrafo, presentándolo a la casa Joanes para que trabajase en sus famosas Guías, y durante diez años Onésimo recorrió Francia y otros países como peregrino científico, muchas veces a pie, estudiando directamente, describiendo las bellezas y variedades del suelo, del cielo y de las aguas, con una sencillez magistral, con intensidad poética y colorista, con tierna efusión ante los tesoros de la naturaleza, viéndolo todo y haciéndolo ver a los lectores gracias a su estilo mágico de poderoso evocador. (Blasco, 2014: 288)

30Cabe destacar a Élisée Reclus como un autor vinculado a una geografía latioamericanista (Mathewson, 2016), que supo ver en la complejidad biofísica y social de territorios como la Patagonia una oportunidad de progreso (Bascur, 2016). Reclus (1894) denunció las masacres efectuadas en la República Argentina, las guerras de exterminio de la primera mitad del siglo xix, que provocaron la disminución del número de la población indígena y su retroceso hacia el sur. Como ha observado Ferreti (2013), Reclus, aunque rechaza la idea del buen salvaje y cree en el progreso del conocimiento técnico, considera que los llamados inferiores tendrían mucho que enseñar a los llamados civilizados y se muestra atento a lo que hoy llamaríamos diversidad cultural. Al menos en cuanto a esta sensibilidad, Blasco no sigue, definitivamente, a quién considera su maestro.

31La intención de Blasco en Argentina y sus grandezas será demostrar que el contacto directo con la «realidad» que él mismo ha tenido ocasión de conocer aporta más datos que la mera objetividad del mapa geográfico. Por ejemplo, para justificar la inmigración de europeos a Argentina, se vale de un fragmento de la obra de los hermanos Reclus, en el cual la realidad funciona «a despecho de las apariencias y hasta del testimonio del mapa»:

Elíseo Reclus, el ilustre geógrafo, dice así al hablar de este país: «El hecho geográfico capital, desde el punto de vista de los progresos de la Argentina, es su relativa proximidad al continente europeo. A despecho de las apariencias y hasta del testimonio del mapa, las riberas del Plata son en toda la costa sud-americana las que ejercen una influencia más poderosa sobre Europa, atrayendo sus buques y sus emigrantes. Las costas sud-americanas que se hallan más al Norte, están á una distancia kilométrica de Europa menos de la mitad que la Argentina, y, sin embargo, no ejercen ni con mucho la misma atracción […]». (Blasco, 1910: 44)

32Esta afirmación se hace desde la voz autorizada de un autor que usa y evidencia el uso de mapas como un instrumento de trabajo, que no son reproducidos pero sí citados. En ocasiones, como muestra gráficamente la fig 9, se pone el énfasis en la grandeza del país en comparación con las naciones europeas:

Comparada la Argentina sobre el mapa con otras naciones, aparece menor que éstas. Pero la grandeza de un país no se debe apreciar con arreglo á la carta geográfica, pues hay que tener en cuenta, principalmente, lo que ese país guarda á disposición del hombre para su mantenimiento y comodidad. (Blasco, 1910: 40)

Fig. 9. Estados europeos representados en el mapa de Argentina.

Fig. 9. Estados europeos representados en el mapa de Argentina.

33Durante la lectura del libro, el lector es consciente que se encuentra ante una obra llena de datos, escrita a partir de una abundante documentación estadística y cartográfica, como muestra esta referencia a la carta geográfica de la red de Ferrocarriles de Buenos Aires, un elemento propagandístico recurrente:

En punto á progresos materiales y morales, la provincia bonaerense ha llegado á su pleno florecimiento. Basta contemplar en una carta geográfica la red de ferrocarriles de estrechas mallas tendida sobre su inmenso territorio, para darse cuenta de la expansividad de su vida productora y la densidad de su población. (Blasco, 1910: 555)

34Influido por su mirada externa y colonizadora, Blasco Ibáñez reivindica una Argentina humana, un paisaje con alma humana, que va más allá de la mera descripción geográfica:

En el viejo mundo es común hablar del «alma del paisaje». Y esta alma somos nosotros los que la llevamos en nuestro interior, prestándosela al panorama; es nuestro recuerdo que se exterioriza al contemplar países que hace tiempo vivían agazapados en nuestra imaginación, cual un sedimento de entusiásticas lecturas. Como en los más de los territorios de América no ha ocurrido nada digno de mención para la humanidad, hemos convenido en que los paisajes americanos «no tienen alma». Son tierras que pertenecen á la Geografía más que á la Historia. (Blasco, 1910: 536)

35En este sentido, la distinción entre los conceptos ideológicos de «mapa» y «realidad» es una isotopía que sirve de hilo conductor a toda la obra:

Como es bien sabido, el río de la Plata lo forman la confluencia de los caudalosos ríos Paraná y Uruguay, al llegar cerca de Buenos Aires. En el mapa es un río, pero en la realidad es un mar de ilimitados horizontes. Los indios guaraníes le llamaron en su lenguaje «Grande como un mar». (Blasco, 1910: 62)

36Como se ha comentado, Blasco Ibáñez habla desde la autoridad del viajero que contrasta el mapa con la observación en primera persona de los lugares:

Cuando se contemplan en el mapa las enormes tierras patagónicas, se cree sentir una impresión glacial. Y, sin embargo, el clima no es tan frío como parece anunciarlo la situación geográfica de estos países. (Blasco, 1910: p. 751)

37Y, aún, otro ejemplo. Cuando se refiere a la faja lacustre de los Andes patagónicos, el novelista valenciano vuelve a contrastar la diferencia entre la realidad humana y su representación cartográfica:

Visto este territorio en el mapa, asusta por su situación extrema hacia el Polo Sur. La imaginación se representa á los campos bajo una eterna costra de hielo, y á sus infelices habitantes agazapados en subterráneas excavaciones, llevando una vida de esquimales. Nada menos cierto. (Blasco, 1910: 60)

Cervantes y Nueva Valencia: el Blasco colonizador en Argentina

38La repercusión de Argentina y sus grandezas, junto con el impacto que causó en Blasco el paisaje, los amplios horizontes y los relatos de aventureros que se enriquecían en Argentina motivó que el presidente Roque Sáenz Peña, en funciones a partir de octubre de 1910, propusiera al escritor valenciano la colonización de algunas tierras en Río Negro y Corrientes («después de un detenido estudio, las he escogido para mi residencia, es porque en ningunas otras se encuentran mejores condiciones para la salud» escribirá en el diario Pueblo de Valencia el 19 de noviembre de 1910 para animar a los agricultores a desplazarse a estas tierras, un texto del cual reproducimos su inicio, con la asociación de Río Negro al clima como el de Valencia en la parte montañosa de Chiva y Buñol, o los terrenos de Corrientes comparados con los de la Albufera de Valencia.

Ha llegado ya el momento de dar principio a la campaña de emigración, pues me hallo en magníficas condiciones para instalar bien a los que vengan y que estos, si son trabajadores y económicos, se creen una fortuna en pocos años. Tengo dos vastos territorios que repartir en Río Negro y la provincia autónoma de Corrientes, los dos de regadío, al borde de ríos caudalosos y navegables que arrastran miles y miles de metros cúbicos por segundo [...] Las dos colonias citadas, por estar en diversos lugares de la Argentina, en la zona templada y en la zona tropical, ofrecen climas para todos los gustos y cultivos variadísimos. [...] Río Negro. Tiene un clima como el de Valencia en la parte montañosa de Chiva y Buñol, por ejemplo. En invierno hace un poco de frío y en verano un calor tolerable. […] Corrientes. Estas tierras son una maravilla. Pleno trópico. Algo así como la isla de Cuba, pero sin enfermedades [...] Baste decir que tiene terrenos idénticos a la Albufera, con la sola diferencia de que la Albufera de Corrientes con sus terrenos anexos vendrá a ser tan grande como media España. […] «Llamamiento a los agricultores valencianos» (El Pueblo, 19.11.1910)

39Con la idea de crear una Valencia republicana en la que reproducir la huerta, los campos de naranjas y las plantaciones de arroz de su tierra natal, formalizó en diciembre de 1911 la adquisición de un territorio de cinco mil hectáreas en Río Negro que fundará con el nombre de Cervantes, con presencia de cerca de 600 campesinos valencianos. Por distintas razones, la empresa fracasó y Blasco Ibáñez abandonó la colonia en 1913 tras vender todas sus propiedades. Cervantes, que ha sobrevivido como asentamiento y conserva el topónimo y el trazado a escuadra y cartabón de la colonia, es hoy en día una localidad argentina ubicada al noroeste de la provincia de Río Negro. Como muestra de las preocupaciones de Blasco (entre la escritura y la agricultura) aportamos una carta fechada en el día de Fin de Año de 1911, donde envía a su socio Sempere de Valencia los últimos 600 ejemplares del libro Argentina y sus grandezas, al tiempo que le pide simiente española de azafrán, que considera adecuada para el clima y la tierra de Río Negro:

Por la Compañía Pinillos le remito 600 y pico ejemplares de Argentina y sus grandezas. Era todo lo que quedaba aquí. [...] Le advierto que en este momento no queda en toda Argentina un ejemplar de mi libro a la venta. El libro, aunque de venta ya amortiguada, se buscará siempre, así es que conviene se ponga Ud. en relación con los libreros de aquí manifestándoles que es único depositario. (Herráez, 1998: 90-91)

40Por otra parte, a instancias del gobernador de Corrientes Juan Ramón Vida, Blasco Ibáñez fundó en el 1912 la colonia Nueva Valencia en el lugar hoy conocido como Riachuelo, en la provincia de Corrientes. Setenta familias llegadas de Valencia fundaron la colonia y se asentaron cultivando hortalizas, naranjos y realizando el primer cultivo de arroz con canales y riego. Hoy Corrientes conserva aún la base agrícola que implantó Blasco Ibáñez: naranjas y arroz.

A modo de conclusión: el mapa, entre la imaginación y la acción

41Una primera síntesis de nuestra exposición constata que Blasco presenta una obra de corte ideológico y propagandístico, al servicio de los intereses del gobierno argentino que utiliza el mapa para la plasmación de los ideales territoriales de una sociedad ideal. A las contradicciones de un hombre arrollador y singular como Blasco, debemos sumar la que se refiere a la distancia entre los ideales republicanos y su posicionamiento a favor de las élites que relacionan el progreso con la colonización de las tierras consideradas «desierto» y la repoblación masiva del territorio con población europea. Se niega al indígena como habitante legítimo histórico de las tierras. Se toma conciencia del poder de la educación para construir una ideología nacionalista y monolingüe a partir de un mapa que representa los ideales del joven estado. Se reivindica la lengua castellana como un instrumento homogeneizador, una herencia de la colonización española, en un momento histórico en que España lamenta la reciente pérdida de sus colonias. Blasco representa, en cierto modo, el papel del intelectual al servicio de los engranajes políticos y culturales:

Blasco fue rabiosamente visionario en lo que sería el papel del intelectual del siglo xx respecto de los nacionalismos y en la conexión de los mismos con la producción cultural y el poder político. El valenciano en Argentina se puso al servicio de un estado moderno que demandaba la propaganda de determinadas señas de identidad. En su faceta en Argentina puso las bases de un nuevo escritor, de un nuevo intelectual que aprende las leyes del mercado para su producción. (Sánchez Samblás, 2009: 209)

42Como hemos señalado en el caso de los hermanos Reclus, Blasco reivindica la acción sobre la reflexión alejada de la realidad geográfica, también en el caso de los estudiosos que pisan el territorio: «Algunos, uniendo la acción al estudio, abandonaron el gabinete de trabajo para realizar arriesgadas excursiones á través de los desiertos y las cordilleras todavía inexplorados» (Blasco, 1910: 617).

43Después de cuatro años dedicado a la aventura personal argentina, Blasco dejó el país, al cual nunca volvió, para dedicarse a la literatura. Llegará a París y publicará la novela Los Argonautas, en cuyo prólogo titulado «Al lector» explica esta situación:

En 1914, pocas semanas antes del principio de la gran guerra europea, se publicó este libro. Llevaba yo seis años sin escribir novelas. El público consideraba mis obras anteriores como si fuesen las de un autor muerto que ya no puede añadir nada nuevo a su creación novelesca. Los lectores constantes y fieles que sentían algunas veces la curiosidad de saber qué había sido de Blasco Ibáñez, quedaban indecisos, como si oyesen una respuesta inverosímil, al contestarles otros mejor enterados: «Ahora hace vida de gaucho en las soledades de la Patagonia». (Blasco, 1914: 7)

44En esta novela dos personajes, a bordo de un trasatlántico camino de Argentina, reflexionan sobre el deseo de hacer fortuna en el nuevo mundo. En un fragmento aparece la idea que hemos expuesto de la acción trasformadora del mapa, que Blasco había conocido personalmente:

Es más hermosa la acción, el abrazo de los hechos, el estrujón carnal de la realidad. Yo admiro a esos demiurgos modernos del capitalismo que cuando fijan su atención en un desierto del mapa lo transforman desde su escritorio en unos cuantos años, y si alguna vez se dignan ir a él, encuentran ferrocarriles, ciudades, muchedumbres bien vestidas, y pueden decir: «Esto lo he hecho yo, esto es mi obra». Una satisfacción que envidio; un motivo de orgullo más verdadero que el haber imaginado un gran poema. (Blasco, 1914: 177)

45La idea de abandonar el sueño colonizador y dedicarse nuevamente a la literatura fue contada en una conversación con su amigo Gascó Contell:

Una mañana, a la hora en que se ve la vida bajo su aspecto verdadero, con todo su relieve, sus contornos y sus formas, me dio vergüenza mi situación. Ganar una fortuna es tarea que exige toda una existencia. [...] Ganar una fortuna con la industria o con la agricultura –en una palabra, con el trabajo– repito que es cuestión de años y de aplicación tenaz. Yo estaba abocado a ser un precursor, como los hay en el origen de cada familia de millonarios de América. ¿Valía mi sacrificio la pena de efectuarlo? [...] Y sobre todo, lo que yo no podía admitir era la renuncia definitiva a la literatura, ese acercamiento progresivo a la rusticidad de los colonizadores... ¡No, no, era preciso terminar con eso! (Gascó, 2012: 138)

46Podemos concluir que Blasco Ibáñez contrastó el mapa de Argentina, que representaba enormes tierras y vastos territorios, con el paisaje vivido y experimentado y quiso transmitir la utopía de la colonización de unas tierras que le recordaban a las de su procedencia. La imaginación personal e ideológica del novelista y político valenciano proyectada siempre sobre un mapa:

Para nuestra generación, de Blasco nos queda más la idea del hombre que la de sus libros. Es más: como en tantos hombres, lo biográfico se come lo bibliográfico. Es, por excelencia, el hombre anécdota. El hombre viajero, a quien le proyecta la imaginación sobre el fondo de un mapa o una carta de navegación. (González Ruano, Heraldo de Madrid, 1930).

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Table des illustrations

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Titre Fig. 2. Diego Gutiérrez, Americae Sive Quartae Orbis Partis Nova Et Exactissima Descriptio (Amberes, 1562).
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Titre Fig. 3. Oliver van Noort. Description du penible voyage de faict entour de l’univers ou globe terrestre (Amsterdam, 1604, 2a ed.).
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Titre Fig. 4. Juan Bellero, Mapa de America (Amberes, 1554).Fig. 5. Joao Freire (1546).
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Titre Fig. 6. Mapamundi de Dieppe (1546).
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Titre Fig. 7. Mapa Argentina y sus grandezas (1910).Fig. 8. Mapa del Centenario (1910).
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Titre Fig. 9. Estados europeos representados en el mapa de Argentina.
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Pour citer cet article

Référence papier

Alexandre Bataller Catala, « Mapa, territorio y literatura. Vicente Blasco Ibáñez y Argentina y sus grandezas (1910) »América, 57 | -1, 163-178.

Référence électronique

Alexandre Bataller Catala, « Mapa, territorio y literatura. Vicente Blasco Ibáñez y Argentina y sus grandezas (1910) »América [En ligne], 57 | 2024, mis en ligne le 01 mars 2024, consulté le 21 juin 2024. URL : http://0-journals-openedition-org.catalogue.libraries.london.ac.uk/america/7188 ; DOI : https://0-doi-org.catalogue.libraries.london.ac.uk/10.4000/america.7188

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Auteur

Alexandre Bataller Catala

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