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Décoloniser la carte

Otra cartografía del espacio tropical
Escritura
geocultural, regionalismo y urgencia de mapa nuevo en Brasil y Venezuela (1930-1940)

Une autre cartographie de l’espace tropical
Écriture géoculturelle, régionalisme et urgence d’une nouvelle carte au Brésil et au Venezuela (1930-1940)
Gianfranco Selgas
p. 180-192

Résumés

En Amérique latine, l’esthétisation de l’environnement a régi les représentations géographiques, le recours au discours, notamment poétique, ayant été un outil fondamental pour tracer les cartographies nationales-modernes du pouvoir géopolitique sur les provinces régionales. Dans cet article, je propose d’étudier une construction discursive alternative à travers les écrits géoculturels sur des régions qui postulent une autre cartographie de l’espace tropical. Plus précisément, je me concentre sur l’essai de Gilberto Freyre Nordeste (1937), sur le nordeste brésilien, et sur l’essai d’Enrique Bernardo Núñez Una ojeada al mapa de Venezuela (1939), sur la région de l’Amazonie vénézuélienne. Je soutiens que ces œuvres établissent une relation avec la cartographie en postulant, à travers des métaphores géopoétiques et géopolitiques, l’urgence d’une nouvelle carte pour la Nation basée sur la récupération et l’incorporation de l’espace régional, face aux projets économiques qui ont altéré les géographies et l’environnement régional brésilien et vénézuélien pendant les années 1930-1940.

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Texte intégral

Points on a map make a point. Like lines in a play they become meaningful by being joined to each other by the authors and publics who join them. These lines form not just texts about the world, but the texture of the world. They represent an external reality from within it.
Fernando Coronil, «Pieces for Anthrohistory. A Puzzle to be Assembled Together» (2019: 55)

Introducción: hacia otra cartografía del espacio tropical

1En Latinoamérica, la estetización y politización del entorno rigió las representaciones geográficas, siendo los recursos poéticos y discursivos herramientas fundamentales para trazar, desde una perspectiva mediada por la epistemología de la Modernidad, el romanticismo decimonónico y posteriormente el positivismo liberal y su interpretación de la realidad, las cartografías nacionales que, para los años 1930-1940, respondían a una iniciativa modernizadora geopolítica. Era una idea, para decirlo en otros términos, que proponía, simbólica y físicamente, cartografiar el espacio nacional en términos reiterativos de la dicotomía civilización-barbarie, donde las zonas del interior regional quedaban subyugadas al control de las áreas urbanizadas y centralizadoras del poder. Las regiones del interior, como señala Ángel Rama (2008: 25-38) al evaluar las tensiones culturales entre el cosmopolitismo y el regionalismo, se encontraban en una posición de debilidad frente a la embestida de las pulsiones externas, sostenidas, entre otras cosas, por los booms económicos provocados por la demanda global de mercancías y materias primas naturales, originando violentas y pasajeras modernizaciones en las zonas extractivistas del interior nacional.

2El caso de Brasil y Venezuela es representativo de estas tensiones y la lectura dialógica que propongo en el presente artículo se interpreta como un proceso sincrónico en el devenir político de ambos países que involucra una estrategia geopolítica en la configuración y modernización de estas naciones suramericanas. El mapa de la nación, imaginado como grilla del saber-poder contenedor de los límites del territorio, se cartografiaba en la expansión de la frontera capitalista y extractivista motivada por el impulso modernizante del Estado (Rama, 1984: 73-77). En Venezuela, la transición de la dictadura de Juan Vicente Gómez al autoritarismo moderado de Eleazar López Contreras continuaría los esfuerzos de la empresa extractivista que, motivada por una ininterrumpida bonanza petrolera, transformaría radicalmente al país en una potencia exportadora de hidrocarburos y energía, poniendo en el mapa al naciente Petro-Estado como un territorio de riquezas dispuestas para la modernización definitiva de Venezuela (Coronil, 2013: 132-141). En el caso de Brasil, la constitución del Estado Novo durante el mandato dictatorial de Getulio Vargas coincidiría con el proyecto estatal que consistía en fusionar las regiones costeras urbanizadas con el vasto sertón del interior, llevando proyectos modernizadores y servicios sociales a los lugares más alejados del país (Seavitt Nordenson, 2018: 38-40). Esta ambición unificadora se vio obstaculizada por una serie de factores geográficos y zoonóticos que pusieron en riesgo tanto la expansión hacia el interior como su colonización propuesta por el Estado Novo. De ese modo, los años 1930 se caracterizarían por ser un período de intensos debates sobre nacionalismo y modernización en el continente, sobre todo en países como Brasil y Venezuela, que habían experimentado una expansión económica interna fruto de las necesidades de Europa durante los años de la guerra y la posguerra. Simultáneamente, el período que ocupa los años 1930-1940 supondría también el momento posterior al derrumbe del sistema financiero mundial en 1929, ahogando la boyante economía que había movilizado los proyectos desarrollistas y modernizadores de la región una década antes. Esta caída impulsó la búsqueda de mercados externos capaces de evitar el colapso, lo que llevó a varios productores a contrarrestar las consecuencias del derrumbe de precios aumentando la producción. Ante esta situación, la aceleración de las prácticas de explotación de la naturaleza y la intensificación de los discursos modernizadores se solaparon con visiones alternativas del mundo que buscaban imaginar nuevas formas de pensar y habitar el territorio (Halperin Donghi, 2013: 363-377).

  • 1 Analizo la edición de 1949, de la Editorial Élite en Caracas, que incluye las distintas revisione (...)
  • 2 En el presente ensayo hablo de ecología desde la noción de pensamiento ecológico, acuñada por Tim (...)

3Tomando este contexto como punto de partida, en el presente artículo argumento que el trabajo ensayístico de intelectuales latinoamericanos como el sociólogo brasileño Gilberto Freyre, autor de Nordeste. Aspectos da Influência da Cana sôbre a Vida e a Paisagem do Nordeste do Brasil, obra publicada en 1937, y el escritor y periodista venezolano Enrique Bernardo Núñez, autor de Una ojeada al mapa de Venezuela (lectura ante un auditorio ausente, un día cualquiera del año), editado entre 1932-19391, postuló una construcción discursiva regionalista y geocultural que hacía frente a la pulsión modernizadora que reducía las identidades, ecologías2 y geografías de los espacios del interior al vocabulario de la zona de extracción. Mientras que el mapa brasileño y venezolano (figuras 1 y 2) homogeneiza la heterogeneidad del territorio en el orden político-territorial, los discursos nacionales que apelan a la noción comunitaria de la patria y la nación fagocitan la alteridad y la otredad, subsumiendo el valor cultural y natural de las regiones a su provecho dentro del esquema económico del progreso del país.

Fig. 1. Mapa físico y político de Brasil (1940).

Fig. 1. Mapa físico y político de Brasil (1940).

Fig. 2. Mapa físico y político de los Estados Unidos de Venezuela (1930).

Fig. 2. Mapa físico y político de los Estados Unidos de Venezuela (1930).
  • 3 Entiendo por geopoética la relación entre poética y geografía que Kenneth White (1992) identifica (...)

4Como señalo a continuación, identifico en las obras de Freyre y Núñez una forma de escritura geocultural sobre las regiones del interior brasileño y venezolano, concretamente enfocadas en la provincia nordestina del norte de Bahía, región productora de caña de azúcar, y en la zona Amazónica del sur venezolano, espacio rico en recursos minerales como el oro. Elaboro la idea de escritura geocultural tomando como referencia una forma de pensamiento atento a las relaciones entre cultura y tierra desarrollada por el antropólogo argentino Rodolfo Kusch. De acuerdo con su propuesta, la geocultura refiere un contexto estructurado mediante la intersección de lo geográfico con lo cultural situado y marcado por el suelo. En Kusch (2007: 252-255), la noción de suelo es determinante para sostener su idea del pensamiento latinoamericano geocultural. Por suelo entiende un espacio que moldea y deforma lo absoluto y lo universal; es decir, el hábitat y el molde simbólico en el cual se instala el ser y que permite una disposición ante la circunstancia creada por el pensamiento canónico establecido. En ese sentido, América Latina cuenta con un pensamiento propio que viene condicionado por un «contexto firmemente estructurado mediante la intersección de lo geográfico con lo cultural» (253). Este posicionamiento cuestiona «un saber absoluto al modo como lo propone el pensamiento occidental» (254-255) en tanto que el pensamiento latinoamericano sería «entrecruzado, por una parte, por las decisiones prácticas del grupo frente al medio geográfico y, por la otra, por el saber tradicional acumulado por las generaciones anteriores» (254). En ese sentido, el pensamiento geocultural rebate las nociones de racionalidad y universalidad características de la modernidad eurocéntrica, pues «supone filosóficamente lo fundante, por una parte, y lo deformante, por la otra, respecto a cualquier pretensión de universalidad» (258). La estructura del pensamiento geocultural se sitúa entonces «entre el así llamado espíritu y el suelo que le sirve de sostén, en su doble faz como deformación, pero también como fundamentación» (ibid.). Con la noción de escritura geocultural analizo la puesta en escrito por parte de Freyre y Núñez de una cartografía simbólica del espacio tropical que, a partir de metáforas geopoéticas3 y geopolíticas, traza un contorno reactivo contra el ideal modernizador y dicotómico eurocéntrico desde los espacios periféricos del sertón brasileño y de la selva amazónica venezolana.

1. El mapa ecológico de las tierras azucareras en Nordeste, de Gilberto Freyre

5En Nordeste, Freyre propone un estudio ecológico de Bahía, tomando en consideración las intersecciones entre humanidad, animalidad, geografía y vegetación. La lectura de Freyre es llamativa puesto que no solo se cimenta en una necesidad descriptiva de la región nordestina y su historia en el marco de la esclavitud africana, la aristocracia azucarera y los sistemas de las plantaciones instalados desde el período colonial, sino que también pone en cuestión los estudios y métodos científicos naturalistas que tipificaron la región desde un punto de vista antropocéntrico (1937: XXII). De acuerdo con Freyre, comprender la complejidad del nordeste implica adoptar un criterio ecológico que entienda la posición de lo humano y lo no-humano en el medioambiente a partir de sus interrelaciones. Si bien esta aproximación puede criticarse desde el determinismo medioambiental, el «criterio ecológico», según argumenta Freyre (1937: XX), se construye en la comprensión de la región monocultora, latifundista y «escravocrata» dentro de un conjunto de intercambios territorial-naturales y culturales, una aproximación transculturadora orgánica en tanto que habla de una comprensión identitaria fundamentada no solo en intercambios humanos, sino ecológicos con el entorno ambiental. Es por ello que el texto, subdividido en cinco partes que estudian la relación entre la caña de azúcar y la tierra, el agua, la vegetación, los animales y los seres humanos, configura un mapa alternativo que se yuxtapone con el de la nación brasileña. Los tres ejemplos que presento a continuación hacen notar lo antedicho:

  • 4 «A palavra «Nordeste» é hoje uma palavra desfigurada pela expressão “obras do Nordeste” que quer (...)

La palabra «Nordeste» es hoy una palabra desfigurada por la expresión «obras del nordeste» que significa: «obras contra las sequías». Y apenas sugiere otra cosa que las sequías. Los sertones de arena seca crujiendo bajo los pies. Los sertones de duros paisajes hiriendo los ojos. Los mandacarus. Los bueyes y los caballos angulosos. Las sombras ligeras como unas almas de otro mundo que temen al sol. (Freyre, 1937: 5; entrecomillado en el original, traducción del autor)4

  • 5 «Triângulos que adquiriam expressão política e não apenas econômica na vida brasileira. Êsses tri (...)

Triángulos que adquirieron expresión política y no sólo económica en la vida brasileña. Estos triángulos pronto se convirtieron en clásicos: ingenio, hacienda (con senzala) y capilla. Rompían las líneas vírgenes del paisaje, tan llenas de curvas las orillas de los ríos, incluso cuando estaban pobladas por aldeas de mestizos. E introduciendo, en este paisaje desordenado, aquellos trazos nuevos de orden y de regularidad. La geometría de la colonización agraria. [...] El colonizador portugués [...] fue quien dio al paisaje de esta parte de América sus elementos de orden característicos: bloques de construcción que representan un método o sistema de conquista, de economía, de colonización, de dominio sobre el agua y sobre los bosques. (Freyre, 1937: 20-21, traducción del autor)5

  • 6 «A floresta tropical, devastada pelo colonizador português no interêsse quase exclusivo da monocu (...)

La selva tropical, devastada por el colonizador portugués en interés casi exclusivo del monocultivo de la caña de azúcar o de la fastuosa metrópoli, era un obstáculo enorme que debía ser superado por la colonización agraria del Nordeste. El colonizador negro no lo hizo: lo superó, en parte adaptándose al bosque, en parte adaptando el bosque a sus necesidades como fugitivo del monocultivo esclavista y latifundista. (Freyre, 1937: 54-55, traducción del autor)6

6Como se puede notar en los ejemplos, en distintas etapas del ensayo la reordenación histórica del nordeste, desde la colonización portuguesa hasta la imaginación de la región como espacio desfigurado, muestra en primera instancia las cartografías del trópico que han mapeado históricamente al nordeste (Muniz de Albuquerque Jr., 2014: 62-63) como una región donde la «imposição da natureza» (Freyre 1937: XXII) era antagonista al desarrollo de una civilización plena –al menos en los términos de las áreas industrialmente desarrolladas y urbanizadas, como São Paulo. Por el contrario, si bien Freyre ratifica al nordeste como civilización azucarera mórbida por su marcado conservadurismo y tradicionalismo (1937: 176-177), su creencia de que el entorno medioambiental, al lado del contexto histórico, resultaba distintivo para interpretar el devenir cultural nordestino, encausa el criterio ecológico de su análisis. Este contrapunteo entre naturaleza y cultura, que el texto evidencia a través de una serie de alusiones y metáforas geopoéticas como la desfiguración de la palabra ‘Nordeste’ en tanto que imaginación del territorio como región improductiva azotada por las sequías, así como el uso irónico del vocabulario positivista del ‘orden’, el ‘sistema’ y el ‘método’ que ‘dominó’ a la naturaleza para referirse a la constitución de una civilización monocultora, latifundista y esclavista, nos ofrece una cartografía alternativa del nordeste, una que invierte el tropo eurocéntrico de los trópicos como espacios incapaces de la euromodernidad, por otro que enfatiza que, al lado del sistema opresor de la colonización y el ingenio azucarero, también resultó en una identidad distintiva en la adaptación mutua del humano con la naturaleza tropical.

7Dicho de otro modo, el llamado ‘criterio ecológico’ y la escritura geocultural que leo en Freyre señala cómo el suelo nordestino, por ejemplo, no solo se reducía a su imaginación como tierra de sequías y plantaciones atrasadas de caña de azúcar, sino que también inscribía, en su suelo, las transformaciones raciales del país (Freyre, 1937: 10) y las materias geológicas y de tierra para producir una arquitectura tropical de la región (11). Sujetas, eso sí, a un proceso de triangulación violento en la región nordestina, este otro mapa del nordeste que también incorpora los nombres olvidados de las maderas, los frutos y los animales de la zona (25-26, 77-78), hace re-emerger, en un sentido terrígeno, una cultura sumergida y aplanada por la maquinaria del Estado Novo que, como ha señalado Durval Muniz de Albuquerque Jr. (2014: 142), veía el nordeste como un obstáculo para el desarrollo y la independencia económica de Brasil. De ese modo, la recuperación del espacio olvidado, de la lengua inscrita en la tradición oral indígena, africana y mestiza, así como de la importancia ecológica en la formación cultural, ilumina en Freyre un objetivo político importante: disolver las contradicciones sociales, regionales y culturales que se enmascaran en la homogeneidad nacional al hacerlas explícitas en Nordeste, para luego diluirlas y anularlas estéticamente en la escritura geocultural en un movimiento retórico que cuestiona la alienación cultural de la modernización y su imposición violenta.

Fig. 3. Diseño del pintor pernambucano Manoel Bandeira, incluido en Nordeste.

Fig. 3. Diseño del pintor pernambucano Manoel Bandeira, incluido en Nordeste.

© Manoel Bandeira (1937)

  • 7 «sem sacrifício do sentido de sua unidade, a cultura brasileira, do mesmo modo que a natureza; o (...)

8Como se aprecia en la figura 3, no es casualidad que Freyre utilice en su ensayo pinturas de Manoel Bandeira, pintor regionalista, para figurar otro mapa de la nación, una cartografía ecológica de las tierras azucareras del Brasil. En el diseño del pintor pernambucano, como en el mismo ensayo de Freyre, se regionaliza la Nación al representarla desde la particularidad de un espacio determinado, como lo es el triángulo del ingenio, la hacienda-senzala y la capilla. Puesto en otros términos, la pintura y el texto ensayístico configuran poéticamente un mapa simbólico en la medida en la que hacen emerger una visión en detalle de la región en el sentido que le confiere el sociólogo brasileño en su conocido Manifesto regionalista del año 1926, donde el Brasil precisa ser administrado y estudiado regionalmente para ser comprendido en su totalidad: «Sin sacrificar el sentido de su unidad, la cultura brasileña, así como la naturaleza, el hombre del mismo modo que el paisaje»7. Con ello en mente, el ensayo de Freyre se lee simbólicamente como la cartografía de un espacio que, si bien presente en los mapas oficiales del Estado-nación, queda suprimido en términos culturales y ecológicos. En Freyre, el regionalismo contribuye significativamente a la reconstrucción nacional y a la afirmación de las peculiaridades heredadas de la colonia y del contexto monocultural que asentó la sociedad esclavista y latifundista, por su capacidad de proporcionar una ruptura retórica con la imagen homogénea o polarizada de la nación. La idea de Brasil como una nación tropical entre lo selvático y lo cosmopolita se desmonta a partir de la visión ecológica que presta atención a las interrelaciones holísticas entre suelo y cultura.

2. Volver a escribir el mapa en Una ojeada al mapa de Venezuela, de Enrique Bernardo Núñez

9Por otra parte, el ensayo de Núñez, Una ojeada al mapa de Venezuela, compuesto por cuatro capítulos principales –Hacia una interpretación, La curva de la historia, La tierra y el tiempo y Horizonte–, presenta una interpretación poética y crítica del estado –moral, económico, político y social– de la nación venezolana durante la década de los años 1930-1940. El ensayo parte de una lectura histórica sobre la confluencia entre naturaleza y cultura a partir de las huellas dejadas por las civilizaciones amerindias y europeas en el espacio geográfico venezolano. A lo largo de la década de 1930, la publicación original se amplió con la inclusión de distintos artículos de opinión y crónicas publicadas en la prensa venezolana que se relacionan temática y formalmente con la escritura de Una ojeada al mapa de Venezuela y que se presentan en el texto bajo los títulos Notas a la ojeada al mapa y Nuevas notas a la ojeada al mapa.

  • 8 Me refiero a ‘máquina alisadora’ utilizando los términos de Gilles Deleuze y Félix Guattari. En l (...)

10Para 1939, la consolidación de Venezuela como país productor y proveedor de naturaleza es absoluta. Como señala Fernando Coronil (2013: 77), las mercancías importadas y exportadas por Venezuela definieron significativamente la identidad nacional, hasta el punto de que la consolidación de la industria petrolera y sus derivados sirvió para sentar las bases del desarrollo económico, cultural y político del país (117). En ese sentido, el ensayo de Núñez se publica en un momento clave de la historia venezolana, pues reacciona a las medidas modernizadoras y a las dinámicas de extracción del capital que acompañaron la constitución del Estado petrolero venezolano. En el ensayo se cuestiona cómo la avanzada de este proyecto nacional extractivista diezma las regiones del interior, donde se extraen los recursos naturales, intensificando la idea de que la riqueza de estas zonas es únicamente a nivel de las mercancías tropicales que poseen. Esta apreciación, en consecuencia, subsume cartográficamente a las regiones del interior al plano de su productividad económica, inhabilitando la capacidad de comprender el sentido cultural y natural de la tierra en su totalidad: «América necesita un poco de humildad. Y es con ella que debemos internarnos por las áureas soledades de nuestro mapa» (Núñez, 1949: 27), un mapa trazado desde la incomprensión, «porque en realidad hemos permanecido extraños a la tierra en que hemos nacido» (ibid.). De ese modo, al apelar a los espacios regionales a través de su valor cultural y natural, no solo como zona de potencial riqueza extractiva, el texto ocupa un lugar particular en la obra de Núñez, puesto que articula en un sentido argumentativo lo que discutía en obras de ficción como las novelas Cubagua (1931) y La galera de Tiberio (1938), esto es, un discurso contrahegemónico al respecto de la marcha modernizadora y la expansión de la frontera extractivista como máquina alisadora de espacios8, atento, además y de manera temprana, a la configuración de una relación intrínseca, aunque no harmónica, entre naturaleza y cultura, humanidad y no-humanidad.

11De ese modo, se identifica en Núñez una forma de entender la escritura como proceso integral para retornar a los entornos del interior venezolano que han quedado subyugados a un rol de proveedores de naturaleza y materias primas en el esquema capitalista del ideal nacional. Este espacio determinante que se le da a la escritura en Núñez no es nuevo y está en esencia y forma estrechamente ligado a la visión letrada de la constitución del mapa cambiante de la ciudad modernizada y del mismo Estado-nación (Rama, 1984: 71), que se adaptaba a la realidad dinamizada por los cambios sociales y políticos experimentados por las jóvenes repúblicas latinoamericanas. No obstante, en el escritor venezolano este enaltecimiento de la escritura actuará a contrapelo de dicha aproximación para afirmar, desde su atención al entorno regional y su materialidad, una visión geocultural que invita «a reconstruir con nuestras nociones el mundo que nos rodea» (Núñez, 1949: 39) y así repensar el mapa de la nación:

Nuestra poesía comienza con una oda a la agricultura y es ejemplo digno de imitarse. El mismo Bello escribió un tratado de astronomía para los habitantes de las regiones australes. Nosotros, en cambio, carecemos de un buen tratado nuestro que nos enseñe las constelaciones. […] Estudiar la conformación de un terreno seduce tanto como la exploración de un alma. En el estudio de un mineral hay tanta emoción como en el hallazgo de una imagen o de una palabra. Un mapa, pues, será tan alucinante como un bello libro de poemas recién salido de la imprenta. A veces el libro de poemas solo tiene el atractivo de su parte litográfica. En cambio, un mapa tendrá un interés siempre nuevo. (Núñez, 1949: 38)

12Al equiparar la tierra con el alma, el estudio de los minerales con el lenguaje y los sentidos, Núñez no solo recurre a tropos tradicionales de la literatura latinoamericana decimonónica y a características típicas de movimientos posteriores como el regionalismo literario del siglo xx, sino que invita a releer retóricamente la escritura y el mapa como herramientas que pueden subvertirse para repensar el mapa nacional. Es decir, la lengua, más que un instrumento superficial que acompañe al mapa como parece denunciar la crítica del autor en el fragmento citado –«A veces el libro de poemas solo tiene el atractivo de su parte litográfica»–, debe emplearse como recurso cartográfico en sí mismo y reescribir, desde la letra, los contornos que el mapa físico y político venezolano invisibiliza. Dichos contornos, como se alude recurrentemente en el ensayo (Núñez, 1949: 97), han sido reducidos peyorativamente por los intelectuales capitalinos y el aparato del Estado-nación al desprecio y a la omisión, olvidándose, según argumenta el autor, que estos suman y hacen parte fundamental de «la fuerza espiritual y material del país» (ibid.). Esta aproximación hace uso de la retórica propia de la cartografía para hacer del texto un mapa simbólico en sí mismo: «porque lo primero que hemos de conquistar, y quizás también reconquistar, es el propio territorio. Para esto necesariamente hay que reunir muchos medios» (146). De esta manera, Núñez alude al «interés siempre nuevo» del mapa, reiterando la posibilidad de volver a este con otra mirada, atenta a la historia cultural latinoamericana poscolonial –como refiere al indicar la importancia de la Silva a la agricultura de la zona tórrida (1826), de Andrés Bello–, a lo que puede comunicar la materialidad natural regional y a la intersección entre lo poético y lo geográfico. En definitiva, emplear todos los medios posibles, tanto humanos como no-humanos, para redescubrir el espacio propio y nacional: «nosotros los venezolanos debemos descubrir de nuevo los cielos y la tierra» (39).

13La escritura geocultural que identifico en Núñez liga entonces el discurso geográfico con el poético para iluminar una conciencia propia en la región del interior venezolano que se sitúa en oposición al advenimiento de «la mente capitalista» (Núñez, 1949: 149-150), representada por el proyecto desarrollista venezolano y su capital Caracas, eje político-administrativo. Este ejercicio geocultural se reafirma en el trazado literario que describe la mirada del hombre recorriendo un mapa. Anunciando, como si de la leyenda de un mapa se tratase, los distintos marcadores que representan la geografía física del país, Núñez vuelve a señalar cómo una ojeada detallada sobre el recurso cartográfico puede habilitar nuevos itinerarios y modos de imaginar la nación:

Aquí la línea azul de los ríos, allá la ondulación de las montañas, la mancha de las llanuras, la otra mancha del mar que circunda el mapa y en la cual se recorta el perfil de la tierra. Líneas de puntitos rojos que señalan los otros ríos que son los caminos. Manchas obscuras de selvas, regiones mineras, zonas profundas zonas misteriosas. Los luminosos colores de un mapa nos hacen trazar itinerarios, a veces los más espirituales. […] Es posible que nuestra historia futura haya de desenvolverse por los caminos de la historia natural. […] Nosotros los venezolanos debemos descubrir de nuevo los cielos y la tierra. (Núñez, 1949: 38-39)

14Como se nota en el ejemplo, la ilegibilidad del mapa nacional obliga a replantear los modos en los que se lee, se escribe y se interactúa con el recurso cartográfico: «Los luminosos colores de un mapa nos hacen trazar itinerarios, a veces los más espirituales». Es decir, lo borroso, lo meramente indicativo y la generalización a la que parece aludir la representación de los espacios regionales –selvas, llanos y montañas– no es satisfactoria en términos de dar cuenta de la totalidad del territorio venezolano. El llamado que hace el texto a redescubrir los cielos y la tierra en una historia futura donde el hombre y lo natural estén más interrelacionados, es sugestivo en tanto que invita, precisamente, a volver a ojear el mapa de Venezuela. Esta invitación, expresada en el ensayo a título reflexivo, repiensa implícitamente los contornos de la relación tierra-cultura, cartografía la zona extractiva al lado de la región de provincia aprovechada por la nación en términos de su productividad. Esto plantea una oposición al sistema capitalista y matiza la planificación estatal que reordenaba los distintos espacios de la nación. En esa línea de discusión histórica, geográfica y poética que propone el ensayo, la conclusión de Núñez compone un mensaje prospectivo que es indicativo de lo señalado hasta ahora:

Ni el peón ni el indio son elementos de un simple lirismo externo. El indio es el tatuaje de la tierra y el peón es el fundamento de una economía estéril. Nosotros también traemos dioses. El Roraima y el Maravaca son los picos más altos de la Sierra Parima. A nosotros se nos antojan cubiertos de signos –lenguaje de los viejos oráculos– que es preciso descifrar. […] Así esa soledad tórnase viva a nuestros ojos. No es ya únicamente oro y especies. Una zona de explotación. Nada vale la riqueza si carece de un significado espiritual. Es una realidad que tiene su palabra y su destino. Es, ante todo, futuro. (Núñez, 1949: 27-28)

15La visión del indígena como ‘tatuaje’ de la tierra apela a una conjunción entre ser humano y tierra que contrasta con la dicotomía naturaleza-cultura, heredada del pensamiento euromoderno. El pronombre en primera persona del plural le otorga un poder de comunidad al discurso: el autor se identifica, en un grupo humano y no-humano, que además de poseer un ‘suelo’, para emplear los términos del pensamiento geocultural de Kusch, también ofrece una cultura y venera otros dioses, en este caso relativos a las cosmogonías amerindias, como Roraima y Maravaca. Asimismo, la representación del espacio natural y regional como un ente ‘vivo’ le otorga una noción vitalista al entorno que se contrapone a la subyugación del espacio vegetal y mineral como zona meramente extractiva. De esa manera, el texto desplaza continuamente la idea de una geografía de la explotación, centrada en las materias primas como futuras mercancías, para indagar en la formación del ‘espíritu’ de la tierra –«Nada vale la riqueza si carece de un significado espiritual»–. A partir de esta idea, el venezolano, o esta comunidad que Núñez figura en el entorno regionalista, imagina un «futuro» construido, al menos desde la propuesta del ensayo, en el retorno retórico que conjuga la geografía del interior Amazónico y regional venezolano y su componente poético y cultural que yace en la esencia «espiritual» de la tierra. El cierre del pasaje citado condensa el objetivo que identifico en el ensayo de Núñez: la búsqueda de «una realidad que tiene su palabra y su destino». Por medio del retorno retórico al entorno regionalista, el texto imagina, de acuerdo con lo discutido hasta ahora en el análisis, otro mapa de la nación articulando un discurso geocultural que problematiza las abstracciones simples de la naturaleza como materia de explotación «oro y especies»– y la cultura como un componente unitario y homogéneo que da forma a una nación y a un país.

Conclusión: ante la urgencia de mapa nuevo

  • 9 «uma região pode ser politicamente menos do que uma nação. Mas, vital e culturalmente é quase sem (...)

16Para concluir, al leer los ensayos de Freyre y Núñez como ejemplos de una escritura geocultural y regionalista, me aproximo a los modos en los que, de acuerdo con Françoise Perus (1997: 34), el regionalismo literario latinoamericano se configura no solo como una estética de corte autóctono y representativo del conservadurismo regional o de las consabidas dicotomías entre civilización y barbarie, endógenas del discurso oficial de la nación modernizada. En cambio, interpreto estos ensayos como la designación de un modo de relatar y volver a pensar desde y sobre los espacios periféricos, proponiendo una respuesta efectiva desde los afueras de la ciudad letrada a la colisión entre formas culturales de la modernidad y sus homólogas vernáculas. En este sentido, identifico en Freyre y Núñez una urgencia de mapa nuevo que se aprecia en la alusión directa al fracaso del mapa nacional y su ineficacia representativa del contorno ecológico y múltiple del territorio en sus dimensiones humanas, no-humanas y naturales. Este apunte reviste una reacción de orden político y cultural importante que no puede pasarse por alto. Como señalaba Núñez en otro fragmento de su ensayo, «lo que hay de bueno en estas regiones se debe precisamente al regionalismo. Es en ellas donde se integra la nacionalidad» (1949: 99). Por el lado de Freyre, esta idea también se reafirma en sus interpretaciones sobre Brasil, «una región puede ser políticamente menos que una nación. Pero, vital y culturalmente es casi siempre más que una nación, es más fundamental que la nación como condición de vida y como medio de expresión o de crecimiento humano» » (1947: 140-141, traducción del autor)9. Al tomar en consideración otras identidades, geografías y ecologías humanas y no-humanas, leo en los ensayos de Freyre y Núñez la cartografía de un mapa nuevo que, sin necesidad de comunicar un ideal necesariamente utópico o revolucionario, contribuye al trazado cartográfico simbólico que, desde la letra, recupera e incorpora el espacio regional en el plano nacional.

17Ante el fracaso del mapa extractivista, aquel que representa el territorio desde una homogeneidad que invisibiliza sus particularidades controlándolas y confinando a sus sujetos por medio de la localización de su presencia incómoda para borrarla –como se nota en los ejemplos de la representación del nordeste brasileño en Freyre–, la escritura geocultural de estas expresiones regionalistas constituye una forma, al menos simbólica, de cuestionar la hegemonía del modelo nacional del Estado petrolero venezolano y del Estado Novo brasileño. Sin hacer apologías nostálgicas de los espacios regionales desestimados tanto cultural como climáticamente por el Estado-nación –por ejemplo, el pasado esclavista y aristocrático de la sociedad nordestina está tan presente en Freyre como el deseo desarrollista lo está en las visiones de país descritas por Núñez–, esta urgencia de mapa nuevo como otra cartografía del espacio tropical dinamita retóricamente la imagen unificadora y singularizadora de país que los proyectos modernizadores articulaban durante la década de 1930-1940.

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Bibliographie

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Notes

1 Analizo la edición de 1949, de la Editorial Élite en Caracas, que incluye las distintas revisiones hechas por el autor entre 1932 y 1939.

2 En el presente ensayo hablo de ecología desde la noción de pensamiento ecológico, acuñada por Timothy Morton: «The ecological thought does, indeed, consist in the ramifications of the “truly wonderful fact” of the mesh. All life forms are the mesh, and so are all the dead ones, as are their habitats, which are also made up of living and nonliving beings. We know even more now about how life forms have shaped Earth (think of oil, of oxygen – the first climate change cataclysm). We drive around using crushed dinosaur parts. Iron is mostly a by-product of bacterial metabolism. So is oxygen. Mountains can be made of shells and fossilized bacteria. Death and the mesh go together in another sense, too, because natural selection implies extinction» (2010: 29).

3 Entiendo por geopoética la relación entre poética y geografía que Kenneth White (1992) identifica como la inteligencia territorial y la capacidad poética e imaginativa para producir y construir un mundo, así como su determinación y la presentación de las relaciones entre individuos y tierra en los textos literarios.

4 «A palavra «Nordeste» é hoje uma palavra desfigurada pela expressão “obras do Nordeste” que quer dizer: “obras contra as secas”. E quase não sugere senão as sêcas. Os sertões de areia sêca rangendo debaixo dos pés. Os sertões de paisagens duras doendo nos olhos. Os mandacarus. Os bois e os cavalos angulosos. As sombras leves como umas almas do outro mundo com medo do sol.» (Freyre, 1937: 5; entrecomillado en el original)

5 «Triângulos que adquiriam expressão política e não apenas econômica na vida brasileira. Êsses triângulos logo se tornaram clássicos: engenho, casa-grande (com senzala) e capela. Êles foram quebrando as linhas virgens da paisagem, tão cheia de curvas as margens dos rios, mesmo quando povoadas de tabas de caboclos. E introduzindo, nessa paisagem desordenada, aqueles traços novos de ordem e de regularidade. A geometria da colonização agrária. [...] O colonizador português [...] foi êle que deu à paisagem desta parte da América seus elementos característicos de ordem: blocos de construção que representam um método ou sistema de conquista, de economia, de colonização, de domínio sôbre a água e sôbre as matas.» (Freyre, 1937: 20-21)

6 «A floresta tropical, devastada pelo colonizador português no interêsse quase exclusivo da monocultura da cana ou da Metrópole faustosa, era um obstáculo enorme a ser vencido pela colonização agrária do Nordeste. O colonizador negro, não: venceu-o, em parte, adaptando-se à floresta, em parte adaptando a floresta às suas necessidades de evadido da monocultura escravocrata e latifundiária.» (Freyre, 1937: 54-55)

7 «sem sacrifício do sentido de sua unidade, a cultura brasileira, do mesmo modo que a natureza; o homem da mesma forma que a paisagem» (Freyre, 1955: 18)

8 Me refiero a ‘máquina alisadora’ utilizando los términos de Gilles Deleuze y Félix Guattari. En líneas muy generales, la idea de ‘máquina’ y lo ‘maquínico’ implica una serie de dispositivos técnicos, sociales, económicos, semióticos, etc., que apelan a una serie de multiplicidades: «En realidad, ni siquiera podemos hablar de máquinas diferentes, sino únicamente de tipos de multiplicidades que se combinan y forman en un determinado momento un solo y mismo agenciamiento maquínico, figura sin rostro de la libido» (Deleuze y Guattari, 2004: 42). En ese sentido, empleo la idea de ‘máquina alisadora’ para referir los múltiples agenciamientos maquínicos –el ferrocarril, la industria extractivista mineral, la literatura, la cartografía, etc.– que hacían parte de la representación y refiguración, el alisamiento de los espacios naturales y territorios ‘salvajes’, en términos físicos y simbólicos con el ideal civilizador, de progreso y capitalista del Estado-nación como objetivo.

9 «uma região pode ser politicamente menos do que uma nação. Mas, vital e culturalmente é quase sempre mais do que uma nação, é mais fundamental que a nação como condição de vida e como meio de expressão ou de criação humana» (1947: 140-141)

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Table des illustrations

Titre Fig. 1. Mapa físico y político de Brasil (1940).
URL http://0-journals-openedition-org.catalogue.libraries.london.ac.uk/america/docannexe/image/7148/img-1.jpg
Fichier image/jpeg, 795k
Titre Fig. 2. Mapa físico y político de los Estados Unidos de Venezuela (1930).
URL http://0-journals-openedition-org.catalogue.libraries.london.ac.uk/america/docannexe/image/7148/img-2.jpg
Fichier image/jpeg, 864k
Titre Fig. 3. Diseño del pintor pernambucano Manoel Bandeira, incluido en Nordeste.
Crédits © Manoel Bandeira (1937)
URL http://0-journals-openedition-org.catalogue.libraries.london.ac.uk/america/docannexe/image/7148/img-3.jpg
Fichier image/jpeg, 656k
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Pour citer cet article

Référence papier

Gianfranco Selgas, « Otra cartografía del espacio tropical
Escritura
geocultural, regionalismo y urgencia de mapa nuevo en Brasil y Venezuela (1930-1940) »
América, 57 | -1, 180-192.

Référence électronique

Gianfranco Selgas, « Otra cartografía del espacio tropical
Escritura
geocultural, regionalismo y urgencia de mapa nuevo en Brasil y Venezuela (1930-1940) »
América [En ligne], 57 | 2024, mis en ligne le 01 mars 2024, consulté le 18 juin 2024. URL : http://0-journals-openedition-org.catalogue.libraries.london.ac.uk/america/7148 ; DOI : https://0-doi-org.catalogue.libraries.london.ac.uk/10.4000/america.7148

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Auteur

Gianfranco Selgas

University College, London

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Droits d’auteur

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