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La carte et la fiction : allers-retours

Cartografías borgeanas

Cartographies de Jorge Luis Borges
Graciela Villanueva
p. 82-96

Résumés

Des cartes, des atlas, des plans, des mappemondes, des index cartographiques et des globes terrestres reviennent sans cesse dans les récits, essais et poèmes de Jorge Luis Borges. Copie tautologique ou duplication inquiétante de la réalité, version secrète du moi ou image de la divinité, clé de l’univers ou chiffre de l’éternité, la cartographie de Borges condense une bonne partie des thèmes et motifs qui intéressent l’écrivain. Cet article revient sur certaines de ces figures pour tenter de comprendre la manière dont ces « patients labyrinthes de lignes » rendent compte de l’imaginaire borgésien.

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Texte intégral

Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo xviii, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson
«Borges y yo», en El hacedor, 1960 (OC I: 808)

Introducción

1Los lectores de Borges saben que la cartografía vuelve una y otra vez en los cuentos, ensayos, poemas y prosas breves del escritor argentino, declinando una enorme gama de matices que incluye sentidos diversos e incluso (a Borges le gustan las paradojas) sentidos opuestos. El ejemplo emblemático es, sin duda, el desmesurado «Mapa del Imperio que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él» (en «Del rigor de la ciencia»). Pero hay muchos otros, no sólo mapas, sino también atlas, planos, mapamundis, índices cartográficos y globos terráqueos. Copia tautológica o duplicación inquietante de la realidad, versión secreta del propio yo o imagen de la divinidad, clave del universo o cifra de la eternidad, las cartografías borgeanas condensan buena parte de los temas y motivos que le interesan al escritor.

  • 1 Para las referencias exactas de todos estos artículos, véase la bibliografía.
  • 2 Recordando las diferencias que plantea Sarmiento al describir al «rastreador» y al «baqueano» en (...)
  • 3 Almeida compara las reflexiones de Borges sobre Josiah Royce (que propone un mapa dentro del mapa (...)

2En el año 1998 se publicaron varios estudios interesantes sobre esta temática. Tres de ellos aparecieron en el dossier titulado La razón y la brújula del número 5 de la revista Variaciones Borges: «Conjeturas y mapas. Kant, Peirce, Borges y las geografías del pensamiento» de Iván Almeida, «Borges and The Mapped View: The Case of the Mysterious Traveler» de Michal Sapir y «L’utopie de la carte» de Louis Marin. Y ese mismo año Claudio Canaparo publicó en el número 48 de la revista Inti un artículo titulado «El mapa borgeano y sus alrededores»1. Aunque todos sus trabajos hagan referencia a algunos motivos de la cartografía borgeana (en particular, ya lo hemos dicho, al «dilatado Mapa» de «Del rigor de la ciencia»), es innegable que lo que estos críticos ponen en primer plano es el valor metafórico de la constelación cartográfica, connotación que está presente incluso en textos en los que no aparece ningún mapa. Iván Almeida, por ejemplo, relaciona la abundancia de metáforas geográficas en la obra de Borges con la pasión del escritor argentino por la conjetura. La noción de «abducción» de Peirce y la noción de «orientación» de Kant pueden ayudar a comprender las estrategias que adopta la razón cuando se siente turbada y contribuir en cierta medida a definir el modo en que Borges, sus narradores y sus personajes piensan. Almeida constata que la conjetura borgeana, contradiciendo la definición que da Peirce de la «abducción», no apunta a anular la turbación de la razón sino que hace exactamente lo contrario. Inspirándose en el título de una obra de John Irwin sobre el policial, Almeida afirma que Borges se complace en buscar «el misterio para una solución» y no la solución para un misterio (Almeida, 1998: 22). La conjetura le sirve para que el gozo fundamental de la perplejidad no se desvanezca2. En la segunda parte de su trabajo Almeida vuelve sobre la relación entre el razonamiento conjetural y algunos motivos cartográficos (el mapa de Royce en varios textos, el plano de Buenos Aires en «La muerte y la brújula» y el mapa desmesurado de «Del rigor de la ciencia»3). La conclusión de su artículo insiste en la perplejidad como marca característica de Borges, marca condensada en el melancólico epílogo del El hacedor, donde la imagen de un hombre que «se propone la tarea de dibujar el mundo» desemboca en «un paciente laberinto de líneas» que reproduce su propia cara.

3El sentimiento de perplejidad asociado a la textualidad borgeana vuelve desde el inicio del artículo de Michal Sapir. Lo que sorprende a esta crítica es la paradoja de que Borges se haya transformado en un incansable viajero en el momento en que se quedó ciego. De esos viajes nace su Atlas. Para reflexionar sobre los textos allí reunidos, Sapir utiliza la categoría de «visión mapeada» (mapped view) forjada por críticos de arte como Irit Rogoff y Carlo McCormick en oposición a la perspectiva lineal dominante en la tradición del arte occidental y enriquece su argumentación apoyándose en observaciones de Michel Foucault, Pierre Jourde, Jean Baudrillard, Gilles Deleuze, Félix Guattari y Paul Virilio.

4Louis Marin y Claudio Canaparo proponen, en cambio, lecturas de «Del rigor de la ciencia» texto emblemático para pensar el mapa borgeano. Para Marin, lo que Borges propone en ese breve texto es una reflexión sobre la utopía de la representación y sobre el modo simultáneo y paradójico en que la escritura instaura y cuestiona la realidad que representa. Lo que le interesa a Canaparo no es sólo lo que ese texto dice sino el hecho de que Borges lo haya desplazado de la sección «Etcétera» de Historia Universal de la infamia en 1954 a la sección «Museo» de El hacedor en 1960. El crítico interpreta este desplazamiento como el modo elegido por Borges para proponer una relectura de su propia obra, relectura que parece subrayar el agotamiento de las llamadas «filosofías del tiempo» e insistir en el espacio como ámbito problemático y conflictivo. El artículo de Canaparo concluye con una propuesta muy sugestiva, pero no desarrollada: ciertos textos clásicos de la obra del escritor argentino («La biblioteca de Babel», «El escritor argentino y la tradición» y «El idioma de los argentinos») pueden leerse como expresión de las tres formas emblemáticas de la cartografía borgeana (que son, según Canaparo, los atlas, los mapas prometeicos y los mapas herméticos).

  • 4 Almeida demuestra que Baudrillard, en su práctica de una sociología «light», deforma, malinterpre (...)

5Diez años después de estos cuatro artículos, aparecen otros dos trabajos que vuelven sobre los mapas de Borges: «Del rigor en la literatura: Borges y los mapas» de Enrique Santos Unamuno (2007) y «Borges à la carte (tres citas de Baudrillard)» de Iván Almeida (2008). Santos Unamuno estudia sobre todo los usos de los mapas borgeanos en el discurso de geógrafos, teóricos de la literatura y especialistas de la escritura digital. Iván Almeida se detiene, en cambio, en los abusos que Jean Baudrillard se permite con los textos de Borges (incluyan o no mapas), un consumo à la carte, como el de quien elige lo que va a comer en un restaurante4.

  • 5 El motivo del mapa vuelve más de veinte veces, el motivo del atlas una docena de veces, el motivo (...)

6Sin olvidar el valor del mapa como cifra de la utopía de toda representación o como metáfora del funcionamiento mental o textual del autor, del narrador o de los personajes en la obra de Borges, nuestro objetivo será más modesto. Se tratará de prestar atención a la recurrencia de los motivos cartográficos en las ficciones, los poemas y los ensayos del autor argentino, teniendo en cuenta que el mapa, el atlas, el plano, el mapamundi y el globo terráqueo aparecen entre cuarenta y cincuenta veces en el conjunto de su obra5. Confiamos en que la observación de estos pacientes laberintos de líneas pueda ayudarnos a comprender los matices de estas figuras en el imaginario borgeano.

Mapas, mapamundis, globos terráqueos

7Los dos valores fundamentales del mapa en el corpus elegido son, como suele suceder en la literatura de Borges, contradictorios. Los hay que cifran la armonía entre el orden superior y el orden inferior, subrayando la existencia de un sentido, de una clave, de una divinidad: así es el «mapa de las incorruptibles constelaciones» vislumbrado por Nils Runeberg en las manchas de la piel, figura que ayuda al teólogo a elaborar una de sus tres versiones de Judas (en el cuento que lleva este título). Del mismo género son el mapa del mundo inferior que funciona como espejo del mundo superior, según un juego sugerido por la forma de letra Aleph (en «El Aleph»), o el mapa del universo que los hombres que nacen platónicos perciben en el lenguaje (en el ensayo «El ruiseñor de Keats», en Otras inquisiciones), o el «infinito Mapa de Aquél que es todas Sus estrellas» trazado por Spinoza en el poema «Spinoza» (en El otro, el mismo, OC I: 930). O el mapa de «puntuales curvaturas» que el poeta busca, siendo niño, en la biblioteca de su padre, mientras contempla «las ferales /formas que son el tigre y la pantera» (en el poema «All our yesterdays» en La rosa profunda). O el «mapa del universo» que es el tablero del go (en el poema «El go» en La cifra). O ese otro mapa que «proyecta su arquetipo en el cielo» (en «La brioche» en Atlas). Si consideramos que las figuras retóricas son condensaciones de sentido, constatamos que la «metáfora de un mapa/ De esa región indefinida, el Tiempo» que se suma al río, al tapiz y al sueño en el poema «Metáforas de Las mil y una noches» (en Historia de la noche) es cifra del orden y de la armonía entre distintos órdenes.

  • 6 El matemático holandés Luitzen Brouwer imagina un mapa de tres países construido de tal modo que (...)

8En el conjunto de la producción borgeana los mapas que ordenan el mundo tienen como inquietante contracara –con una frecuencia aproximadamente equivalente a la de la cartografía que cifra el orden y el sentido– los mapas, mapamundis y globos terráqueos que sugieren que la realidad no está regida por ningún orden sino que en ella impera el mero caos. Se trata de mapas enigmáticos, que pueden a veces crear la ilusión de una posible comprensión, pero que al mismo tiempo, por su trabajo con la duplicación, terminan siendo inevitablemente monstruosos. Es el caso del «incesante mapa de Brouwer»6 (que Borges menciona en una nota incluida en Discusión, OC I: 276-277) o el mapa de Royce, marcado por la mise en abîme: un «mapa de Inglaterra, dibujado en una porción del suelo de Inglaterra» que «debe contener un mapa del mapa, que debe contener un mapa del mapa del mapa, y así hasta lo infinito» (1986, Tusquets: 325 [“Cuando la ficción vive de la ficción”, 1939, revista El Hogar]). (Fig. 1).

Fig. 1. Mapa de Royce.

Fig. 1. Mapa de Royce.
  • 7 El lugar donde, en el mapa de Royce, cada punto del mapa coincide con el del mapa que lo contiene (...)

9Borges menciona el mapa de Royce tres veces a lo largo de su obra: la primera en «Cuando la ficción vive de la ficción» (un artículo publicado en El hogar en 1939); la segunda más de diez años más tarde en «Magias parciales del Quijote» (en Otras inquisiciones), asimilando ese juego de inclusiones a los que, en un sentido diferente pero análogo, proponen Hamlet, el Quijote y Las mil y una noches; la tercera vez, de nuevo un poco más de diez años más tarde, junto al «geométrico y bizarro ajedrez» y a «la tortuga de Zenón» en «Otro poema de los dones» (en El otro, el mismo: OC I: 937)7.

10A los mapas de Brouwer y de Royce (objetos de reflexión matemática), se agrega otro que también inquieta, pero no porque encoja hasta desaparecer en un punto, sino por la razón exactamente opuesta: porque se expande desmesuradamente. Es el mapa que Borges describe en uno de sus textos más famosos:

En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el Mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el Mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.
Suárez Miranda, Viajes de varones prudentes, libro cuarto, cap. XLV, Lérida, 1658.
(«Del rigor de la ciencia», en El hacedor, 1960; OC I: 847)

  • 8 El juego ficcional, como el desmesurado mapa, también se expande, ya que de la confluencia entre (...)

11Este dilatado mapa del imperio dinamita los límites entre la realidad y su representación y constituye una brillante condensación de la cartografía (o de la poética) borgeana. Borges presenta su descripción como una cita de Suárez Miranda (un escritor ficticio), pero en la primera publicación en 1946 (anterior a la de 1954, que es la que toma en cuenta Canaparo en el artículo que ya hemos citado) hay una segunda capa de ficcionalidad que se agrega a la inclusión del autor ficticio Suárez Miranda: «Del rigor de la ciencia» aparece por primera vez en la sección «Museo» del tercer número de la revista Los anales de Buenos Aires, sección firmada por B. Lynch Davis, que en realidad es un pseudónimo de Borges y de su amigo Adolfo Bioy Casares. Es decir que lo que enmarca al autor ficticio Suárez Miranda es otro autor ficticio, B. Lynch Davis8. Si podemos leer ese mapa y ese texto como expresiones de la paradoja de una escritura que instaura y al mismo tiempo cuestiona aquello que presenta (lectura de Louis Marin a la que ya nos hemos referido) no es solo por el juego de duplicación del territorio, sino también por este juego de espejos que define y desdibuja la figura de la instancia autorial. Y al detenernos además en los contextos de publicación de «Del rigor de la ciencia», constatamos también que Borges desplaza este texto de un «Museo» (en Los anales de Buenos Aires en 1946) a otro «Museo» (en El hacedor en 1960), una manera de insistir en su importancia. El mismo énfasis discreto está presente en el apellido Miranda, que, desde su etimología latina, subraya aquello que es digno de ser admirado.

12La monstruosidad inherente a todo mapa subrayada en los de Bouwer, Royce y el ficticio Suárez Miranda permite comprender mejor que el narrador de «El libro de arena» elija los húmedos anaqueles que descienden hacia los dépositos de periódicos y mapas de un sótano de la Biblioteca Nacional para perder su monstruoso libro de hojas infinitas (que se había vuelto para él «un objeto de pesadilla, una cosa obscena que infamaba y corrompía la realidad»).

13Más inquietante aun que todos los mapas inquietantes que acabamos de presentar –aunque mucho menos dilatado, mucho menos complejo y a primera vista mucho menos metafórico– es el mencionado por Otto Dietrich zur Linde en «Deutsches Requiem» en El Aleph. Se trata de un simple mapa de Hungría, pero el oficial nazi encuentra allí la clave para lograr volver locos a todos los prisioneros del campo de concentración que dirige:

...no hay cosa en el mundo que no sea germen de un Infierno posible; un rostro, una palabra, una brújula, un aviso de cigarrillos, podrían enloquecer a una persona, si ésta no lograra olvidarlos. ¿No estaría loco un hombre que continuamente se figurara el mapa de Hungría? («Deutsches Requiem» en El Aleph, 1949; OC I: 579)

14Es cierto que el objeto (el narrador lo dice) podría haber sido cualquier otro, porque cuando un hombre pierde la capacidad de olvidar, toda percepción acaba por convertirse en un infierno (las historias narradas en «El Zahir» y en «Funes el memorioso» lo demuestran claramente). Cualquier objeto literalmente inolvidable, dice Zur Linde, genera locura. No parece casual, sin embargo, que el oficial nazi encuentre la clave de su método infalible de aniquilación en un mapa, es decir en un objeto que es uno y que al mismo tiempo es otro.

15Las mismas connotaciones inquietantes presentes en los cinco mapas que hemos evocado hasta aquí se repiten en las imágenes del mapamundi y del globo terráqueo en otros textos de Borges, sobre todo si en ellos operan procesos de duplicación. Como en el mapa del mapa del mapa de Inglaterra imaginado por Royce, en el mapamundi de la cuarta habitación de «La cámara de las estatuas» (en Historia universal de la infamia) «estaban los reinos, las ciudades, los mares, los castillos y los peligros, cada cual con su nombre verdadero y con su precisa figura».

16Inquietante y monstruoso –por inolvidable– es también el mapamundi que aparece en «El Zahir» (en El Aleph), modelo que un pintor se había propuesto plasmar en las paredes de su celda y cuyo resultado acabó siendo un tigre «hecho de muchos tigres, de vertiginosa manera», un tigre atravesado y «rayado de tigres», que «incluía mares e Himalayas y ejércitos que parecían otros tigres».

17A diferencia del laberinto de líneas que cubre las paredes de la celda del pintor demente evocado en «El Zahir», otros mapamundis son «prolijos». La inquietud puede sin embargo anidar en su «revés», como podemos comprobarlo al evocar la lista de «cosas» melancólicamente inquietantes que Borges enumera en uno de sus poemas:

Las pisadas de arena que la ola
Soñolienta y fatal borra en la playa.
Los colores de Turner cuando apagan
Las luces en la recta galería
Y no resuena un paso en la alta noche.
El revés del prolijo mapamundi.
La tenue telaraña en la pirámide.
La piedra ciega y la curiosa mano.
El sueño que he tenido antes del alba
Y que olvidé cuando clareaba el día.
(«Cosas», en El oro de los tigres, 1972; OC I: 1105-1106)

18En el caso del globo terráqueo, la misma inquietud nace cuando se introduce en él la referencia al infinito, que es lo que ocurre en «El Aleph» (en El Aleph) cuando aparece un «globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplican sin fin».

19Consideremos ahora «El acercamiento a Almotásim», un relato en el que a primera vista no se menciona ningún mapa, pero en el que los desplazamientos del protagonista trazan líneas que pueden leerse como una forma de cartografía. El recorrido del estudiante que busca a Almotásim dibuja, en efecto, un mapa de India dentro del mapa de India, como puede apreciarse en la siguiente ilustración (fig. 2, construida a partir de los lugares mencionados en el cuento). Y de los movimientos del estudiante para llegar a Palalumpur (al norte del país) nace también una especie de segundo pequeño mapa (invertido) de India. De este modo el cuento retoma, como en un juego de espejos, la idea de las inclusiones presente en el mapa de Royce, idea sobre la que Borges insiste una y otra vez en sus textos.

Fig. 2. Recorrido del estudiante en «Acercamiento a Almotásim».

Fig. 2. Recorrido del estudiante en «Acercamiento a Almotásim».

20Complementando las cartografías del sentido y del sinsentido, los mapas borgeanos pueden asociarse a otras circunstancias y a otras ideas. Hay mapas soñados, como el de Hladik en «El milagro secreto» (en Ficciones), o los del poeta en «Descartes» (en La cifra), o los «mapas que Ulises no habría comprendido» en «Alguien sueña» (en Los conjurados) –que son en realidad parte de un sueño del tiempo– o, en ese mismo libro, el mapa que se entrevé como forma de volver al mismo río, mapa que precede al hallazgo de las cifras que marcan lo que queda por vivir:

Las palabras [...] indican el número preciso de veces que verás aquel río, el número preciso de veces que lo descubrirás en el mapa, el número preciso de veces que soñarás con él. [...]
Agotarás la cifra que corresponde al sabor del jengibre y seguirás viviendo. Agotarás la cifra que corresponde a la lisura del cristal y seguirás viviendo unos días. Agotarás la cifra de los latidos que te han sido fijados y entonces habrás muerto.
«Sueño soñado en Edimburgo» (en Los conjurados, 1985; OC II: 484)

21Hay, por otro lado, mapas que plasman una realización artística: la obra perdurable se presenta, por ejemplo, como «mapa del mundo» en «El primer Wells» (en Otras inquisiciones) o como una realización intelectual, como por ejemplo la del historiador que, «guiado por las azarosas reliquias de la cerámica y del bronce, trata de fijar en el mapa» las migraciones «que no comprendieron los pueblos que las ejecutaron» en «La trama» (en Los conjurados).

22Otros mapas son simplemente objetos amados, objetos que confortan y a veces consuelan, como los «finos mapas caligráficos» del poema «Aquel» (en La cifra) o el mapa del poema «Shinto» (del mismo libro), consuelo para momentos de profundo dolor, que citamos a continuación:

Cuando nos anonada la desdicha,
durante un segundo nos salvan
las aventuras ínfimas
de la atención o de la memoria:
el sabor de una fruta, el sabor del agua,
esa cara que un sueño nos devuelve,
los primeros jazmines de noviembre,
el anhelo infinito de la brújula,
un libro que creíamos perdido,
el pulso de un hexámetro,
la breve llave que nos abre una casa,
el olor de una biblioteca o del sándalo,
el nombre antiguo de una calle,
los colores de un mapa,
una etimología imprevista,
la lisura de la uña limada,
la fecha que buscábamos,
contar las doce campanadas oscuras,
un brusco dolor físico.
Ocho millones son las divinidades del Shinto
que viajan por la tierra, secretas.
Esos modestos númenes nos tocan,
nos tocan y nos dejan.
(«Shinto», en La cifra, 1981, OC. II: 333)

Planos

23En los textos de Borges no solo hay mapas, también hay planos. ¿Cuál es la diferencia entre unos y otros? Creemos que lo que marca su diferencia no es solamente una cuestión de escala, como lo indica cualquier manual de cartografía (escala mayor en los planos que en los mapas, porque en el plano una unidad métrica en el papel corresponde a un número relativamente pequeño de la misma unidad en la «realidad» representada, en tanto en el mapa cada unidad métrica corresponde a un número mucho mayor de unidades en dicha «realidad»). Para diferenciar planos y mapas debe tenerse en cuenta además el hecho de que todo plano tiene algo de plan (recordemos que en francés hay una sola palabra para expresar ambos sentidos). El término «plano» se aplica, en efecto, a lo que se proyecta, a lo que el hombre crea (el plano de una ciudad, el de un edificio). En cambio el término «mapa» remite sobre todo a las configuraciones naturales de la geografía o bien apunta a situar lo creado por el hombre (rutas, ciudades) en el marco de esa geografía.

24Borges piensa en Buenos Aires como un plano en un sentido muy personal en un poema de El otro, el mismo. Evocando su ciudad, el poeta escribe:

  • 9 En un discurso pronunciado en la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires en 1956, Borges le da (...)

Y la ciudad, ahora, es como un plano9
De mis humillaciones y fracasos;
Desde esa puerta he visto los ocasos
Y ante ese mármol he aguardado en vano.
Aquí el incierto ayer y el hoy distinto
Me han deparado los comunes casos
De toda suerte humana; aquí mis pasos
Tejen su incalculable laberinto.
Aquí la tarde cenicienta espera
El fruto que le debe la mañana;
Aquí mi sombra en la no menos vana
Sombra final se perderá, ligera.
No nos une el amor sino el espanto;
Será por eso que la quiero tanto.
«Buenos Aires» (en El otro, el mismo, 1964; OC. I: 947)

25Si rastreamos la recurrencia de los planos en la obra de Borges, encontramos que el joven Schopenhauer descubre un «plano general del universo» en el poema «El pasado» (en El oro de los tigres), un plano que es lícito inferir que proviene de la divinidad y en el que, una vez más, resuenan las connotaciones del término «plan».

26Pero no todos los planos son divinos, también hay planos concebidos por el hombre, como el que sueña Kubla Khan para su palacio en «El sueño de Coleridge» (en Otras inquisiciones) o el infernal de «severa topografía» que levanta Dante y que parece ser al mismo tiempo un «plano» y un «plan» de su obra (Borges se refiere a él en su prólogo a Nueve ensayos dantescos).

27El acento en la dimensión humana de los planos tiene su ejemplo paradigmático en el «minucioso plano de la ciudad» que, en «La muerte y la brújula» recibe el comisario Treviranus junto con una misteriosa carta, objetos que el comisario inmediatamente envía al detective. Aunque ese minucioso plano se construya con referencias bien precisas y, a diferencia del palacio de Kubla Khan, no sea literalmente soñado, es innegable que responde a una lógica onírica. En el prólogo a la segunda parte de Ficciones Borges explicita su juego con la topografía de Buenos Aires y de sus suburbios:

  • 10 Borges vuelve sobre la correspondencia entre los lugares de su cuento y la ciudad de Buenos Aires (...)

[«La muerte y la brújula»], pese a los nombres alemanes o escandinavos, ocurre en un Buenos Aires de sueños: la torcida Rue de Toulon es el Paseo de julio; Triste-le-Roy, el hotel donde Herbert Ashe recibió, y tal vez no leyó, el tomo undécimo de una enciclopedia ilusoria. (Prólogo a la segunda parte de Ficciones, 1944; OC I: 483)10

28El mismo trabajo de alusión oblicua está presente en la mención del «estuario cuyas aguas tienen el color del desierto» (OC I: 499, descripción que remite inequívocamente al río de la Plata) y en las referencias al hotel Plaza en el barrio de Retiro (identificable cuando el lector lee la descripción de esa torre «que muy notoriamente reúne la aborrecida blancura de un sanatorio, la numerada divisibilidad de una cárcel y la apariencia general de una casa mala» ibid.), la mención del Riachuelo y del suburbio de Avellaneda (en el «ciego riachuelo de aguas barrosas, infamado de curtiembres y de basuras») y la alusión a Alberto Barceló, que fue el famoso intendente de ese suburbio durante casi treinta años (cuando el narrador evoca el «suburbio fabril donde, al amparo de un caudillo barcelonés, medran los pistoleros», el subrayado es nuestro, ibid.: 504).

29Algunos de los críticos que se detienen a analizar la cartografía de este cuento pasan completamente por alto el juego entre su geometría «onírica» y su geometría «real». Marta Manrique-Gómez y Anaïs Ávila omiten, por ejemplo, la dimensión pesadillesca que opera como un espejo cóncavo y lo deforma todo. He aquí los dos esquemas con los que estas críticas representan el discurrir de Lönnrot:

Fig. 3. Esquemas del discurrir de Lönnrot que ignoran la geografía real de Buenos Aires.

Fig. 3. Esquemas del discurrir de Lönnrot que ignoran la geografía real de Buenos Aires.

in Marta Manrique-Gómez, 2006.                  in Anaïs Ávila, 2015.

30El primer esquema retoma la simetría espacial de «La muerte y la brújula», pero no la relaciona con las referencias a la ciudad de Buenos Aires y a sus suburbios indicadas por Borges. El segundo esquema intenta hacerlo; el problema es que la ubicación de los puntos cardinales sobre el mapa de Buenos Aires hace caso omiso de la geografía real, algo que el escritor sí tuvo muy en cuenta al componer su relato y al desplegar el camino que va del plan de Scarlach al plano sobre el cual el detective, valiéndose de un compás y de una brújula, traza un rombo y descubre el lugar donde el asesino prevé su cuarto crimen. En el gráfico siguiente mostramos a qué corresponde, sobre un plano de Buenos Aires correctamente orientado, el dibujo que traza Lönnrot:

Fig. 4. El discurrir de Lönnrot en el plano real de Buenos Aires y sus suburbios.

Fig. 4. El discurrir de Lönnrot en el plano real de Buenos Aires y sus suburbios.

31Cuando se reproducen las líneas de la red que, para atrapar a Lönnrot, Scarlach teje sobre un plano Baedeker de Buenos Aires, se comprueba que el triángulo equilátero al que se refiere la misteriosa carta que Treviranus le reenvía a Lönnrot no tiene nada de equilátero y que sería imposible determinar, con la ayuda de una brújula y un compás, el lugar donde una «exacta muerte» espera al detective.

Atlas

32Si los planos subrayan las aspiraciones y los límites del hombre, los atlas borgeanos, frecuentemente asociados a enciclopedias y a índices cartográficos, suelen simbolizar el saber. Así funcionan los «atlas de Justus Perthes» en la biblioteca que comienza a proyectar Alejandro Glencoe para su desmesurado congreso en la estancia de La Caledonia en «El congreso» (en El libro de arena) o los atlas de los poemas «Elegía» (de El otro el mismo), «Las cosas» (en El elogio de la sombra) y «Al adquirir una enciclopedia» (en La cifra). Los atlas suelen conservarse como objetos amados o constituyen colecciones de recuerdos e incluso ofrendas. Esa es la imagen que el poeta da en «Poema» (en La cifra) donde «los claros colores del atlas» (OC II: 319) aparecen cerca de los relojes, la fragancia del sándalo, los recuerdos, las dudas y el sabor de las uvas y la miel, o la imagen de la primera página del prólogo a Atlas, donde Borges –como Magritte al pintar su pipa– le advierte a su lector que su Atlas no es un Atlas, sino un «libro sabiamente caótico» constituido a partir de recuerdos de lugares recorridos durante sus viajes para plasmar una serie de hallazgos «de sonidos, de idiomas, de crepúsculos, de ciudades, de jardines y de personas, siempre distintas y únicas» (Prólogo a Atlas, (OC II: 403).

33La versión positiva de estos atlas tiene su contracara en aquellos cuya inutilidad se pone de relieve, inutilidad que también vuelve en algunos globos terráqueos. A diferencia de los mapas, los atlas no son monstruosos, pero sí inútiles. De nada sirven, en efecto, los «escrupulosos índices cartográficos de la Erdkunde de Ritter», los «atlas de Justus Perthes» y todos los «atlas, catálogos, anuarios de sociedades geográficas» (OC I: 433) cuando el narrador y su amigo Bioy tratan de encontrar la localización de Uqbar en las primeras páginas de «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius» (en Ficciones). Los atlas, los globos terráqueos y las guías de ferrocarril son igualmente inútiles para quienes, aun poseyéndolos, acaban muriendo sin haber logrado salir jamás de su pueblo natal, un motivo que Borges toma de las Histoires désobligeantes de León Bloy en su ensayo «Kafka y sus precursores» (en Otras inquisiciones). Inútil es también el «globo terráqueo de madera» que el poeta recibe de «Cecilia Ingenieros y que fue de su padre» para conjurar la sombra en el poema «Talismanes» (en La rosa profunda;):

Ciertamente son talismanes, pero de nada sirven contra la sombra
que no puedo nombrar, contra la sombra que no debo nombrar.
«Talismanes» (en La rosa profunda, 1975; OC II: 111)

34Una versión aun más personal, más autobiográfica, de la inutilidad de los atlas aparece en el «Poema de los dones» (en El hacedor), siempre cerca de las enciclopedias:

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.
«Poema de los dones» (en El hacedor, 1960; OC I: 809-810)

35El cuento «El milagro secreto» (en Ficciones) oscila entre las dos imágenes opuestas del atlas presentadas hasta aquí, ya que en el sueño de Hladík el atlas parece al principio inútil, pero acaba conduciendo al protagonista hacia el mapa de la India y, a través de él, nada menos que hacia Dios, que le concederá el milagro secreto con el que el condenado a muerte podrá concluir su obra y justificar su existencia.

36Otro caso que merece destacarse es el del atlas en que los mapas no surgen de las páginas sino de la mente de quien las recorre:

Los libros de la biblioteca no tienen letras. Cuando los abro surgen.
Al hojear el atlas proyecto la forma de Sumatra.
El que prende un fósforo en el oscuro está inventando el fuego.
(«La dicha» en La cifra, 1981; OC II: 308)

37Esta proyección de la forma de una isla que surge del lector del atlas retoma aquella otra del epílogo de El hacedor de un hombre que «se propone la tarea de dibujar el mundo» y que «poco antes de morir, descubre que este paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara» (OC I: 854).

A modo de conclusión

38Nuestro recorrido por los motivos cartográficos en la obra de Borges nos ha permitido constatar que los que predominan son, en un valor decreciente de frecuencia, a) los mapas, b) los atlas y c) los planos. En los dos primeros Borges juega con la paradoja, ya que las connotaciones de los mapas y de los atlas pueden tener valores completamente opuestos. Los mapas son a veces cifra del orden y otras veces cifra del caos. En el caso de los atlas la doble valencia reside en que se los presenta como emblemas del saber humano pero también se suele poner de relieve su inutilidad. En los planos predomina en cambio la idea de una voluntad creadora (a veces divina, pero en general humana). Las ambiciones del plano, si se las compara con las de los mapas y los atlas, son mucho más acotadas. Un matiz frecuente en los mapas (y también en los mapamundis y en los globos terráqueos) es su asociación con la duplicación y con el sueño. Otro matiz, que algunos mapas comparten con algunos atlas, es su valor afectivo, valor que suele aparecer en los poemas construidos a partir de la enumeración de una lista de objetos amados presentada como balance de la vida del poeta. Esta construcción es frecuente en las obras de los últimos años de Borges.

39Jugando con el título «Del rigor de la ciencia» en la conclusión de su trabajo de 2007 sobre los mapas borgeanos, Enrique Santos Unamuno escribe:

[...] el escritor argentino se sirve precisamente de las metáforas cartográficas para proporcionar una ilusión de totalidad inmediatamente defraudada por la paradoja y la duda. Haciendo hincapié, para problematizarlas, en la espacialidad y visualidad modernas, ataca precisamente uno de los pilares de la Modernidad (la linealidad temporal, el progreso, la construcción de tramas y de grandes relatos, por decirlo con Lyotard) y da pie a las reflexiones de quienes creen situarse más allá de esa Modernidad. Esa es quizá la lección borgesiana, una tercera vía entre Modernidad y Posmodernidad, una vía literaria (y, por ende, imaginaria y metafórica) capaz de disolver cualquier pensamiento con rigor. El rigor de la literatura. (Santos Unamuno, 2007: 56)

40Los matices que nuestro trabajo nos ha permitido identificar en el seno de la cartografía borgeana confirman esta lectura. Al desconfiar de nuestras certezas sobre el espacio, sobre el tiempo, sobre el lenguaje y sobre la representación, los motivos cartográficos presentes en la obra de Borges nos dejan más preguntas que respuestas, pero es innegable que de este modo, más de treinta años después de la desaparición de su creador, nos permiten seguir pensando.

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Bibliographie

Textos de Jorge Luis Borges, citados siempre que es posible

Borges, Jorge, Luis, 1989, Obras completas 1975-1985, Buenos Aires, Emecé (OC II).

–––––––, 1974, Obras completas 1923-1972, Buenos Aires, Emecé (OC I).

Textos en los que aparecen mapas

1985, Los conjurados: «La trama» (OC II, p. 461), «Alguien sueña» (OC II, p. 471-472), «Sueño soñado en Edimburgo» (OC II, p. 484).

1984, Atlas: «La brioche» (OC II, p. 422).

1981, La cifra: «Descartes» (OC II, p. 295), «Aquel» (OC II, p. 299), «El go» (OC II, p. 332), «Shinto» (OC II, p. 333).

1976, Historia de la noche: «Metáforas de Las mil y una noches» (OC II, p. 169-170).

1975, La rosa profunda: «All our yesterdays» (OC II, p. 106).

1975, El libro de arena: «El libro de arena» (OC II, p. 68-71).

1964, El otro, el mismo: «Spinoza» (OC I, p. 930), «Otro poema de los dones» (OC I, p. 940).

1960, El hacedor: «Del rigor de la ciencia» (OC I, p. 847), «Epílogo» (OC I, p. 854).

1956, «El mapa secreto», Crítica: suplemento Literario 1, 20 de octubre de 1956, incluido póstumamente en Textos recobrados 1956-1986, Buenos Aires, Emecé, 2003, p. 26-28.

1952, Otras inquisiciones: «El ruiseñor de Keats» (OC I, p. 717-719), «Magias parciales del Quijote» (OC I, p. 667-669), «El primer Wells» (OC I, p. 697-699).

1949, El Aleph: «Deutsches Requiem» (OC I, p. 576-581).

1944, Ficciones: «Tres versiones de Judas» (OC I, p. 514-518), «El milagro secreto» (OC I, p. 508-513).

1939, «Cuando la ficción vive de la ficción», revista El Hogar, reeditado en Textos cautivos. Ensayos y reseñas en ‘El Hogar’ 1936-39, Barcelona, Tusquets, 1986, p. 325.

1932, Discusión: Nota a Edward Kasner and James Newman: Mathematics and the Imagination (OC I, p. 276-277).

Textos en los que aparecen mapamundis

1972, El oro de los tigres: «Cosas» (OC I, p. 1105-1106).

1949, El Aleph: «El Zahir» (OC I, p. 589-595).

1935, Historia universal de la infamia: «La cámara de las estatuas» (OC I, p. 336-337).

Textos en los que aparecen globos terráqueos

1975, La rosa profunda: «Talismanes» (OC II, p. 111).

1952, Otras inquisiciones: «Kafka y sus precursores» (OC I, p. 710-712).

1949, El Aleph: «El Aleph» (OC I, p. 617-628).

Textos en los que aparecen planos

1982, Nueve ensayos dantescos: «Prólogo» (OC II, p. 343-346).

1972, El oro de los tigres: «El pasado» (OC I, p. 1086-1087).

1964, El otro, el mismo: «Buenos Aires» (OC I, p. 947).

1952, Otras inquisiciones: «El sueño de Coleridge» (OC I, p. 642-645).

1944, Ficciones: «La muerte y la brújula» (OC I, p. 499-507).

Textos en los que aparecen atlas

1984, Atlas: «Prólogo» (OC II, p. 403).

1981, La cifra: «Al adquirir una enciclopedia» (OC II, p. 298), «La dicha» (OC II, p. 308), «Poema» (OC II, p. 319).

1977, Historia de la noche, «Inscripción» (dedicatoria del libro, OC II, p. 165).

1975, El libro de arena: «El congreso» (OC II, p. 20-32).

1969, Elogio de la sombra: «Las cosas» (OC I, p. 992).

1964, El otro, el mismo: «Elegía» (OC I, p. 933).

1960, El hacedor: «Poema de los dones» (OC I, p. 809-810).

1952, Otras inquisiciones: «Kafka y sus precursores» (OC I, p. 710-712).

1944, Ficciones: «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius» (OC I, p. 431-443), «El milagro secreto» (OC I, p. 508-513).

Otros textos de Jorge L. Borges citados en el artículo

1957, Discusión (reedición de la obra de 1932): «El escritor argentino y la tradición» (OC I, p. 267-274).

1944, Ficciones: «La biblioteca de Babel» (OC I, p. 465-471), «Funes el memorioso» (OC I, p. 485-490).

1936, Historia de la eternidad: «El acercamiento a Almotásim» (OC I, p. 414-418).

1928, El idioma de los argentinos: «El idioma de los argentinos» (Borges, J. L. (reedición: Madrid: Alianza Editorial, 1998, p. 143-161).

Obras de otros autores

Almeida, Iván, 1998, «Conjeturas y mapas. Kant, Peirce, Borges y las geografías del pensamiento», in Variaciones Borges, nº 5, p. 7-37.

—, 2008, «Borges à la carte (tres citas de Baudrillard)», in Variaciones Borges, nº 25, 2008, p. 25-51.

Ávila, Anaïs, 2015, «Orientación y desorientación: el mapa como recurso narrativo y estructural en “La muerte y la brújula”, de J. L. Borges y L’emploi du temps, de M. Butor», ponencia presentada en la Universidad de Extremadura en Cáceres en el coloquio Las humanidades ante el giro cartográfico: influencias y confluencias entre geografía y estudios literarios en noviembre de 2015, https://prezi.com/mq-pvd5y3xf2/orientacion-y-desorientacion-el-mapa-como-recurso-narrativo-y-estructural-en-la-muerte-y-la-brujula-de-j-l-borges-y-lemploi-du-temps-de-m-butor/. [Accedido a 21/06/2021].

Canaparo, Claudio, 1998, «El mapa borgeano y sus alrededores», in Inti, nº 48, p. 3-18.

Goldbloom Bloch, William, 2008, The Unimaginable Mathematics of Borges’ Library of Babel, New York, Oxford University Press.

Jean, Charles-Édouard, 2000, «Brouwer Luitzen Egbertus Jan (1881-1966)», in Dictionnaire de mathématiques récréatives, Recreomath, http://www.recreomath.qc.ca/dict_brouwer_carte.htm, [Accedido a 21/06/2021].

Manrique-Gómez, Marta, 2006, «Tratamiento de las variables espacio/tiempo en “La muerte y la brújula”. El engañoso orden del universo», en Letralia (revista en línea), Año XI, nº 154, Cagua (Venezuela), https://letralia.com/154/ensayo01.htm. [Accedido a 21/06/2021].

Marin, Louis, 1998, «L’utopie de la carte», in Variaciones Borges, nº 5, 1998, p. 47-51.

Parodi, Cristina, 2018, «Viajes de varones prudentes», en el sitio del Borges Center de la Universidad de Pittsburgh, https://www.borges.pitt.edu/i/viajes-de-varones-prudentes. [Accedido a 21/06/2021].

Peters, John Durkham, 2008, «Resemblance made absolutely exact: Borges and Royce on maps and media», in Variaciones Borges, nº 25, p. 1-23.

Santos Unamuno, Enrique, 2007, «Del rigor en la literatura: Borges y los mapas» in Aleph, nº 21 (revista del Grupo interuniversitario de estudios latinoamericanos en Bélgica), p. 41-56.

Sapir, Michal, 1998, «Borges and The Mapped View: The Case of the Mysterious Traveler», in Variaciones Borges, nº 5, p. 52-66.

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Notes

1 Para las referencias exactas de todos estos artículos, véase la bibliografía.

2 Recordando las diferencias que plantea Sarmiento al describir al «rastreador» y al «baqueano» en su Facundo, Almeida piensa en la forma en que razonan los narradores y los personajes de Borges (o Borges mismo en sus ensayos) y concluye: «el conjeturador (de) Borges es más bien un baqueano» (Almeida, 1998: 27), un «hombre-mapa» (ibid.: 26) que se orienta por simple observación, sin planos ni mapas.

3 Almeida compara las reflexiones de Borges sobre Josiah Royce (que propone un mapa dentro del mapa dentro del mapa y así hasta el infinito) con las de Pierce. Luego subraya la posibilidad de intromisión del mapa en el mundo real a partir de la actividad de un interpretador, como ocurre en «La muerte y la brújula» cuando Scarlach se entera de las conjeturas de Lönnrot ante el primer cadáver y las utiliza para tenderle una trampa al detective. En el otro extremo, afirma Almeida, Borges plantea la posibilidad ya no de la intrusión de un mapa en la «realidad» a partir de la presencia de alguien que interpreta, sino lo contrario, la extensión del mapa (en «Del rigor de la ciencia») hasta cubrir por completo el espacio, lo que equivale a suprimir toda posibilidad de exterioridad, es decir toda posibilidad de interpretación (Almeida, 1998).

4 Almeida demuestra que Baudrillard, en su práctica de una sociología «light», deforma, malinterpreta o simplemente ignora lo que Borges escribe (Almeida, 2008: 29). Refiriéndose a su propio ensayo, concluye con ironía: «Tampoco es seguro que las páginas que preceden lleguen algún día a convencer a alguien. Tal vez sirvan para reforzar el fanatismo de los devotos [de Baudrillard] o, lo que sería peor, para ser utilizadas en la implementación de programas de fabricación automática de ensayos postmodernos» (ibid.: 50, cursivas nuestras).

5 El motivo del mapa vuelve más de veinte veces, el motivo del atlas una docena de veces, el motivo del plano una media docena de veces y los motivos del mapamundi y el globo terráqueo otra media docena de veces. Las referencias exactas aparecen consignadas en la bibliografía final.

6 El matemático holandés Luitzen Brouwer imagina un mapa de tres países construido de tal modo que cada punto de la frontera de cada país sea un lugar de encuentro entre tres países. Aunque este mapa sea imposible de dibujar, matemáticamente es posible demostrar que puede existir. Cf. «Brouwer, Luitzen Egbertus Jan (1881-1966)» (in Jean, 2000).

7 El lugar donde, en el mapa de Royce, cada punto del mapa coincide con el del mapa que lo contiene remite al teorema del punto fijo de Brouwer. William Goldbloom Bloch, en un libro consagrado a Borges y las matemáticas, subraya la relación entre el mapa de Brouwer y el mapa de Royce y vuelve sobre las complejas nociones de topología matemática implícitas en ellos y sobre la cercanía entre el pensamiento de Borges y el de William James, colega de Royce en Harvard. Bloch escribe: «The “endless map of Brouwer” goes by the mathematical name of Brouwer’s fixed point theorem. The main idea is that if a nice enough space is mapped into or onto itself, then there must be at least one point that the map does not move, a fixed point. An intuitive way of seeing this is fundamentally similar to Josiah Royce’s construction [...]. For Royce, an exact smaller image of England is on a map. But if the map is exact, then there is an unimaginably smaller version of the map on the map. And that version must also have a smaller version contained within. These images, each one contained in the previous, appear to shrink to a point. In fact, they do: the math capturing Royces’s idea was formally stated and proved by Banach and others in the early 1920s, and today the result goes by the name of the contraction mapping principle» (Bloch, 2008: 163). John Durkham Peters propone una reflexión sobre aquello que separa a Borges de Royce: «both figures are theorists of infinity and metaphysicians of the copy who offer fertile suggestions to our understanding of media in general and maps in particular. Though Royce and Borges both can strike some readers as architects of suffocating idealist structures, there is a difference. Royce thinks his figures of infinity really do disclose the truth about the universe. Borges sees in such figures the paradoxes and slippages involved in any project of perfect duplication, and his skepticism about philosophical representation is designed, ultimately, to provide oxygen and exit from totalitarian systems. In this I would view Borges as a follower of Royce’s close friend, Harvard colleague, and philosophical antagonist: William James.» (Peters, 2008: 1).

8 El juego ficcional, como el desmesurado mapa, también se expande, ya que de la confluencia entre el pseudónimo B. Lynch Davis y el apellido del autor (ficticio) Suárez Miranda nace el nombre de B. Suárez Lynch, a quien Bioy y Borges presentan como discípulo de Bustos Domecq (otro seudónimo de los dos escritores). Cf. Parodi, 2018.

9 En un discurso pronunciado en la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires en 1956, Borges le da un valor similar al «mapa» de Buenos Aires, insistiendo en el motivo de la duplicación. Borges escribe: hay un «mapa secreto de memorias, de encuentros, de adioses, acaso de agonías y humillaciones» y otro público, porque hay dos ciudades, la «pública que registran los cartógrafos, y otra, la íntima y secreta ciudad de nuestras biografías», que dibuja un «mapa personal» (texto publicado en Crítica y luego póstumamente en Textos recobrados con el título de «El mapa secreto»).

10 Borges vuelve sobre la correspondencia entre los lugares de su cuento y la ciudad de Buenos Aires en «El escritor argentino y la tradición», cuando escribe: «La muerte y la brújula [...] es una suerte de pesadilla, una pesadilla en que figuran elementos de Buenos Aires deformados por el horror de la pesadilla; pienso allí en el Paseo Colón y lo llamo Rue de Toulon, pienso en las quintas de Adrogué y las llamo Triste-le-Roy; publicada esa historia, mis amigos me dijeron que al fin habían encontrado en lo que yo escribía el sabor de las afueras de Buenos Aires. Precisamente porque no me había propuesto encontrar ese sabor, porque me había abandonado al sueño, pude lograr, al cabo de tantos años, lo que antes busqué en vano.» (Borges, «El escritor argentino y la tradición», incluido en la reediciones de Discusión a partir de 1957; OC I: 267-274).

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Table des illustrations

Titre Fig. 1. Mapa de Royce.
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Titre Fig. 2. Recorrido del estudiante en «Acercamiento a Almotásim».
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Fichier image/jpeg, 58k
Titre Fig. 3. Esquemas del discurrir de Lönnrot que ignoran la geografía real de Buenos Aires.
Légende in Marta Manrique-Gómez, 2006.                  in Anaïs Ávila, 2015.
URL http://0-journals-openedition-org.catalogue.libraries.london.ac.uk/america/docannexe/image/6897/img-3.jpg
Fichier image/jpeg, 57k
Titre Fig. 4. El discurrir de Lönnrot en el plano real de Buenos Aires y sus suburbios.
URL http://0-journals-openedition-org.catalogue.libraries.london.ac.uk/america/docannexe/image/6897/img-4.jpg
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Pour citer cet article

Référence papier

Graciela Villanueva, « Cartografías borgeanas »América, 57 | -1, 82-96.

Référence électronique

Graciela Villanueva, « Cartografías borgeanas »América [En ligne], 57 | 2024, mis en ligne le 01 mars 2024, consulté le 18 juin 2024. URL : http://0-journals-openedition-org.catalogue.libraries.london.ac.uk/america/6897 ; DOI : https://0-doi-org.catalogue.libraries.london.ac.uk/10.4000/america.6897

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Auteur

Graciela Villanueva

Université Paris-Est Créteil, IMAGER (UR 3958)

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